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Fuera de todo control, el agujero de gusano por el que viajaban se abrió en cremallera dividiéndose en dos de una forma instantánea. El nuevo borde interior del agujero que se habría ante ellos impactó contra la envoltura de la nave que sufrió una aguda explosión lumínica, siendo ésta despedida, como consecuencia de la colisión, en varios fragmentos hacia las paredes del agujero. 

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  LA CRUZ DE HIELO

  

     LA SOMBRA DE  Anu (II)

 

 

1. LA SOMBRA DE  Anu 

( PARTE  II )

 

 

En la nave, todo parecía marchar perfectamente para el hábil piloto de dilatada experiencia que la tripulaba como su comandante y para su esforzada tripulación, la cual, aunque algo novata en este tipo de viajes, encajaba perfectamente en los patrones asignados.

Con una habilidad natural, el comandante evita en el  espacio interdimensional los efectos perturbadores del pulsar de la nebulosa del Cangrejo que crea bancos de reflexión asincrónica entre las dimensiones asignadas como referencia en su viaje. 

El tiempo, durante el viaje, no tiene una dirección lineal, sino una vibratoria, que implica un avance y retroceso, un trenzando y destrenzando alternativo del viaje por la dimensión espacial exterior de referencia.

El comandante maniobra de esta forma modulando la amplitud y la fase de la frecuencia temporal. La amplitud debe ser ajustada a la conformación del espacio-antimateria, mientras que la fase debe ser sincronizada con las vibraciones globales de los dos puntos del universo material que corresponden al punto de entrada y salida del universo interdimensional o espacio de fase. El tiempo, de esta forma, cumple la función de transmitir la energía luz entre los dos puntos materiales de origen y llegada.

En la estructura antimaterial de la constelación de Orión, grandes fuentes de rayos altamente energéticos se desprendían por doquier como consecuencia de la interacción de un grupo de agujeros negros entre los universos material y antimaterial. La indescriptible imagen recordaba la de una altísima cascada de alta montaña, que precipitase desde el lado dimensional inmensas cantidades de materia, hacia el otro, donde ésta se expandía como la eterna neblina que se genera en la zona de impacto del agua turbulenta. 

 

Pero algo excepcional acaeció en el discurrir atemporal del viaje que creó un punto de inflexión inusitado definiendo una singularidad atípica. Una supernova  en algún lugar de la galaxia había hecho explosión antes de lo esperado. Fuera de todo control, el agujero de gusano por el que viajaban se abrió en cremallera dividiéndose en dos de una forma instantánea. El nuevo borde interior del agujero que se habría ante ellos impactó contra la envoltura de la nave que sufrió una aguda explosión lumínica, siendo ésta despedida, como consecuencia de la colisión, en varios fragmentos hacia las paredes del agujero. 

En el impacto, gran parte de las entidades energéticas que formaban la tripulación de control de la nave se perdieron, quedando la nave fragmentada como las gotas de mercurio que chocan a gran velocidad contra un objeto sólido.

Al dividirse el agujero de gusano, se produjo una multitud de ondas espaciales reflejadas que comenzaron a ralentizar peligrosamente la transferencia de energía hacia el plano material de salida. 

En ese momento, el experimentado comandante, ante la extrema urgencia del trance y después de integrar de nuevo su nave en un solo núcleo, optó por invertir el espacio de fase, con lo que el tiempo comenzó a ser nuevamente lineal. Pero, en el preciso instante en el que el tiempo comenzó a fluir linealmente, los arquetipos lumínicos de los tripulantes empezaron a desvanecerse. El rápido proceso de integración se inicia obligando ahora al comandante a cerrar inmediatamente el horizonte de sucesos de la nueva singularidad en la que se había convertido la nave y a materializar los núcleos atómicos del velo exterior que representarían ahora la frontera real de la singularidad. Confiando al mismo tiempo, en que, el horizonte de sucesos del agujero de gusano les protegiese de la reacción atómica con la antimateria exterior al mismo. 

Aunque el agujero había quedado muy inestable, pareció resistir bien la tremenda presión fotónica que se desprendía del velo atómico exterior de la nave al ionizarse, permitiendo al comandante de esta forma centrarse en las siguientes y urgentísimas tareas a realizar… 

 

El comandante, en ese momento, es plenamente consciente de que ha perdido a una parte importante de su tripulación en el terrible impacto y, casi instantáneamente, una esfera energética de arrastre es creada como proyección especular de la nave, con la función de recuperar los núcleos raíces de los seres de la tripulación que han sido expelidos fuera de la misma. Por unos breves instantes, la esfera energética de arrastre  se desplaza por el interior del agujero de gusano, para intentar atraer los núcleos raíces energéticos de los seres que han quedado atrás. Pronto queda patente que ha habido una gran cantidad de éstos que se han proyectado fuera del actual horizonte de sucesos  del agujero en curso. 

Sin dudarlo por un momento el comandante de la nave, la lanza contra el horizonte de sucesos del agujero, mientras inicia una rotación inversa de la misma con respecto al torbellino en el que se ha convertido el nuevo agujero.

Al colisionar con el horizonte de sucesos, parte del velo iónico de la nave y los seres que controlan esa sección se desintegran al instante. Justo en el momento que por su rotación, entran en contacto con la superficie interior del agujero.

Por voluntad del comandante, que permanece en el centro del esferoide seccionado  en el que se ha convertido la nave ahora, las entidades desintegradas y la porción de velo iónico que controlan, son re-integradas de nuevo en la sección de salida de la intersección rotacional dentro del agujero. 

Al formarse los nuevos átomos dentro del agujero, y como si fuese una proyección a espejo, en el exterior del agujero se forman un cúmulo de antipartículas que reproducen simétricamente a las nuevas partículas formadas en el interior, dando la sensación de que el horizonte de sucesos de la nave realmente atraviesa al del agujero en sí.

La esfera energética de arrastre, por similitud, realiza el mismo efecto atrayendo por simpatía a las anti-partículas lumínicas de los seres desintegrados en la primera colisión y esparcidos por el exterior del agujero.

El proceso continúa por un corto espacio de tiempo, que es sentido como infinito por los seres que se desintegran e integran en un proceso que crea una perturbación tal de sus consciencias, que no les permite ninguna actividad mental voluntaria, simplemente se entregan a la voluntad del comandante en una confianza ciega y con una entrega absoluta, la cual, constituye la única forma de paliar el intensísimo sufrimiento que se origina en la transformación.

 

El turbulento proceso, implica que la simetría de la reflexión de antipartículas no es exacta, al no poder situarse el centro mismo de la esfera -donde la consciencia del comandante se polariza-, en la intersección del horizonte del agujero, pues, al ser el comandante el único ser consciente que controla todo el proceso, éste debe mantenerse en todo momento en un lado del horizonte de sucesos del agujero. Como consecuencia de este desequilibrio entre el flujo energético de partículas y de antipartículas, se crea una onda de desfase espacio-temporal que genera espectralmente una serie permanente de imágenes desfasadas de los seres que sufren la interacción de desintegración e integración.

Estas imágenes feéricas de ellos mismos que se multiplican en constante sucesión en cada interacción, son recreadas con un ritmo exponencial, aumentando la resistencia del agujero a ser penetrado y la lentitud de la rotación de la nave en cada período. Las estructuras atómico-lumínicas de los seres de la nave, pronto son colapsadas por una sucesión de dobles astrales de ellos mismos, los cuales, se interpenetran en una infinita sucesión de imágenes espejo. 

 

Pero lo peor está aún por llegar. En un momento dado,  una onda de choque espacio-temporal se crea en el interior del agujero abriendo un vórtice de perturbación asincrónica dimensional, que se despliega en una espiral, un rizo del campo electromagnético local, liberando con ello, a las siete dimensiones paralelas, difractadas por la incompleta simetría del intercambio de partículas por antipartículas en el proceso de captura de átomos raíces en el exterior del agujero. 

El agujero se desequilibra y comienza a colapsarse sobre sí mismo. Todo está perdido… y, sin embargo, el comandante de la nave sigue en su puesto manteniendo el rumbo hasta que el último átomo raíz de los tripulantes desaparecidos es recuperado. En ese preciso momento el comandante invierte el sentido de rotación de la nave y los vórtices multidimensionales se cierran sobre si mismos aliviando la precaria estabilidad del agujero. Pero ya es demasiado tarde y éste, finalmente comienza su definitivo derrumbamiento de forma progresiva pero inexorable. Al haberse desestabilizado la onda de choque, el flujo energético entre los dos extremos del agujero comienza a desplomarse rápidamente, convirtiéndose de esta forma en un torbellino cónico que se colapsa desde el centro hacia las bocas.

La esfera energética de arrastre es recuperada con su precioso botín y el comandante acelera su nave al límite, polarizándola en fase con el monopolo gravitatorio en el que se ha convertido el agujero en colapso que se cierne velozmente sobre ellos.

La situación en el interior de la nave era realmente caótica. La desarmonía y el desfase energético de las entidades recuperadas que formaban parte de la tripulación, llegaba al límite del paroxismo estando en la mayoría de los casos desestabilizadas profundamente y desfasados sus núcleos de consciencia.

 

Arânah recibió una orden mental de su comandante que lo sacó del trance de inconsciencia en que la dura prueba de atravesar el horizonte de sucesos del agujero de gusano le había sumido. Su comandante le pedía ahora que se presentase al nivel de consciencia, en el cual él se hallaba controlando la nave, para ejercer las funciones correspondientes a su rango de capitán médico de la nave.

Al presentarse en el nivel de consciencia donde se controlan las distintas dimensiones y planos en los que la nave se mueve, Arânah sufrió una tremenda impresión al comprobar el colosal caos vibratorio en el que se encontraban los átomos raíces recuperados de muchos de sus compañeros de tripulación.

 

Cada partícula tiene una consciencia en su centro, polarizada según los distintos niveles de su proceso de despertar. Una partícula del cosmos posee un núcleo central que actúa como fuente de vida y consciencia para todos los cuerpos que forman su ser en las diferentes dimensiones en las que habita. Este núcleo es solo un transformador de la energía que emite la Fuente Primera, a través de una cadena de focos más potentes no individualizados, que a su vez reciben la energía de otros aún más sublimes que se elevan hasta llegar al Origen Único de todo lo creado e increado. 

En este caso, cada uno de los núcleos de los seres que componían la tripulación, con distintos niveles de avance dentro del camino evolutivo de las distintas humanidades de la galaxia, estaban polarizados en su Regente Avatar u Octava Mónada, que es la auténtica esencia superior en evolución de cada ser.

De este  Regente Avatar se desprenden doce prolongaciones, que dan lugar a las siete Mónadas, que son las que desarrollarán sus experiencias en el ámbito material, y los cinco Principios del Regente, que se encuentran arraigados en los umbrales de la inmaterialidad.

Cada Mónada completa su trayectoria evolutiva a lo largo de los distintos niveles de consciencia del universo en el que habita, desarrollando sucesivamente los atributos que la elevan de vuelta a su origen superior como Regente Avatar  y despertando, a la autentica realidad superior de donde emanó.

De esta manera, solamente existe una consciencia única que se revela a sí misma a través de todas las partículas del cosmos. El Todo, se halla completo en cada una de las partículas existentes, aunque cada una de ellas solo exprese una ínfima porción de su magnitud.

 

Para que la consciencia emanada de la Mónada pueda manifestarse en el mundo material, ésta crea en cada uno de los niveles densos un vórtice simiente o átomo raíz, que abrigará el cuerpo de expresión del ser. Este núcleo es el medio de contacto de la consciencia con el medio que la rodea y está compuesto por la materia existente en el nivel en el que él mismo se encuentra, respondiendo, a las leyes específicas del plano de consciencia universal en el que se halla.

Todos los seres que componen las distintas humanidades de la galaxia, tienen un vórtice-simiente por cada nivel de consciencia, habiendo tres núcleos básicos que componen la estructura del ser: el Regente, la Mónada y el Alma. Estos tres núcleos básicos permiten el desenvolvimiento de la consciencia de los seres en los distintos planos u entornos con los que interactúan. 

Todos ellos, son átomos ligados a los distintos planos o bandas de actuación de energías y núcleos de consciencia. Especialmente, el núcleo inferior que está ligado al plano material, por este motivo, ellos pueden ser desfasados, destruyendo la polarización obtenida por la consciencia en su largo proceso evolutivo.

 

Los distintos átomos raíces deben de permanecer dentro de un estrecho margen de vibración, e íntimamente asociados a una serie de frecuencias armónicas entre sí, que están relacionadas en una proporción exacta definida por la Ley de la Simetría Cósmica.    

En la estructura energética de las humanidades del cosmos, hay un vórtice denominado: Yo-Consciente, que constituye el conjunto de energías que influyen directamente en la vida manifestada por cada ser. Ese vórtice, el Yo consciente, se amplía continuamente entre unas bandas específicas de energía, las cuales, cuando es preciso que esas bandas se rompan,  reproducen unos procesos internos que constituyen las Iniciaciones.  La expansión de la consciencia dentro de una misma banda de energía parte de un punto inferior para abarcar campos más amplios en constante expansión. Definiendo progresivamente cada vez, frecuencias más altas y márgenes de vibración cada vez más estrechos.

 

Lo que Arânah comprobó entonces con tristeza, fue el colosal caos vibratorio en el que se encontraban los átomos raíces recuperados de muchos de sus compañeros de tripulación. Como corresponsable de un centro menor de cura en su planeta de origen y como curador cósmico, había participado en algunas rearmonizaciones de los átomos raíces de varios seres, pero aquello superaba todo lo que él podría haber imaginado.

Al haber sido recuperados los átomos desde varias dimensiones y encontrarse éstos en diferentes planos transitorios cuando el accidente ocurrió, los átomos se encontraban terriblemente desfasados tanto en la vibración como en su estructura, fluctuando inestablemente varios de ellos entre universos o planos contrapuestos.

El sufrimiento intenso de las consciencias de los seres dañados era percibido claramente por Arânah, como si se tratase de un sonido terrible que se esparcía a través de varios planos dimensionales.

 

En un punto especial del proceso, justo cuando Arânah se proponía comenzar su actuación con cierto nivel de incertidumbre sobre el primer conjunto de átomos, recibió el nítido mensaje de su comandante que le pedía autorización para introducirse en su consciencia y guiarle en el difícil proceso de rearmonización de los átomos afectados.

Arânah agradeció profundamente el ofrecimiento de su comandante, disponiéndose a abrir su mente cósmica para servir de espejo de proyección de los arquetipos reflejados por su comandante desde remotas y sublimes esferas.

Al instante Arânah comprendió la magnitud y profundidad del alma de aquella magna entidad que ejercía como su comandante, aquel ser no poseía duda alguna, ni conocía ningún temor, pues su unión con la esencia cósmica era tan profunda que reflejaba los arquetipos cósmicos más elevados en todo momento. Él era una consciencia sin límites que esparcía sus sentidos por todo el universo, equilibrando al instante sus acciones a través de todos aquellos planos de consciencia  con los que se mantenía en contacto.

Arânah, sintió como un inmenso caudal sereno de excelsa sabiduría inundaba ahora su consciencia. Donde él hubiera  intentado aumentar la vibración de ciertos átomos, la consciencia compartida le indicaba ahora que redujese asincrónicamente la frecuencia de pulsación hasta encontrar octavas armónicas más equilibradas para un tipo definido de fluctuación de los átomos en los que trabajaba. Mientras, lentamente, un caudal de conocimiento se habría inagotable ante él:

<< La atracción gobierna la fusión de las esencias y conduce a las partículas por la senda ardiente, en la que el movimiento de las partículas debe ser ajustado por la atracción cósmica. Así, la atracción gobierna la integración de los átomos afines, cuando el fuego arde en el interior del molde y la luz clama por la liberación...

El dolor surge de la fricción, y para suprimir la fricción es necesario la asistencia de Fohat, el fluido eléctrico. Ese fluido no proviene de la forma, sin embargo, puede impregnarla. La forma reluce y se inflama cuando es así enriquecida por el fluido eléctrico que responde al magnetismo del cosmos, siendo la expresión sublime la que incendia a la forma…

La pureza es la base vibratoria para que la forma pueda acoger a Fohat, el fluido eléctrico, pero cuando está desvirtuada se convierte en desarmonía pulsante. El curador necesita entonces imprimir en la forma un ritmo adecuado y disolver el mal. El conflicto existe en la oposición de los movimientos. El curador afina la pulsación de la forma y su integración con la vertiente Monádica y hace esto con la aplicación del medio conductor de energía Brill. El curador debe ser pues, como una campana que resuena con las corrientes del cosmos… >>

 

Arânah sentía ahora una vibración omnipresente, que por alguna extraña razón partía de él mismo, envolviendo una inmensa multitud de planos  dimensionales y reajustando así los átomos desequilibrados y en desarmonía de sus compañeros. 

Los vórtices de vida en las diversas esferas se vuelven simultáneamente hacia arriba y hacia abajo, a la vez que se expanden en dirección horizontal. Éste es pues el flujo de los tres ritmos básicos, y era esa la armonía con la que Arânah equilibraba en esos momentos los núcleos vitales de sus compañeros, con ayuda de la inestimable participación de su comandante…

 

La nave salió del agujero exactamente por donde había entrado, desde el núcleo central de la estrella que constituía el centro del sistema planetario de destino. Una gigantesca fulguración en la corona solar, anunció la entrada de la nave en el plano cósmico receptor, y el cerramiento final del inestable agujero de gusano, así como el de la puerta del espacio interdimensional que quedaba una vez más apresada en el corazón de la estrella receptora.

La enorme emisión coronal de masa que en enormes burbujas de partículas cargadas eléctricamente se desprendían del astro y comenzaban a viajar por el espacio, hacía que la energía magnética de la pequeña estrella receptora se concentrara ahora en las manchas de la fotosfera, expulsando grandes cantidades de materia de su capa exterior. La gran energía de la fulguración solar hizo que el comandante de la nave optase por mantener una alargada orbita elíptica que lo sacaba en gran medida del sistema planetario de arribada, hasta que un mínimo equilibrio de frecuencias regulase los nuevos átomos recién adquiridos en el plano material al que se habían circunscrito. 

   

 

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.