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Un gigantesco y colosal núcleo energético, con forma de huevo, vibra rápidamente en el ojo del arco metálico. La capa iónica del velo que forma el horizonte de sucesos de la nave intragaláctica corre grave peligro de desintegración, después del terrible accidente sufrido durante el viaje, atravesando el espacio interdimensional.

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  LA CRUZ DE HIELO

  

     LA SOMBRA DE  Anu (I)

 

 

1. LA SOMBRA DE  Anu 

( PARTE  I )

 

 

El canto mántrico lo envuelve todo y el cadencioso ritmo escalar de las notas realzan la negrura absoluta del vacío inabarcable…

La mente, liberada de todo pensamiento se funde en la nada absoluta y sin matices, que sólo reconoce  al sonido como único guía. El tiempo es una ilusión, y al no existir otro instrumento de medida más que las rítmicas notas del mantra, éste, acompasadamente se pliega sobre sí mismo una y otra vez, siguiendo los recursivos acordes que se repiten incansables, encrespándose infinitos como el oleaje oceánico del Verbo Creador…

<< El Creador Femenino es primeramente un germen, luego una gota de rocío, luego una perla, y por último un Huevo.

El Huevo del Mundo estaba colocado en Khum, el Agua del Espacio y Ra, el Poderoso, permanece en su Huevo, durante las luchas de la Tríada, compuesta por los Hijos de la Rebelión, Shu (la Energía Solar) y el Dragón de las Tinieblas…

Mientras tanto  Anu, la Deidad Oculta, el Uno, se mueve silencioso sobre la faz de las Aguas… >>

 

Las imágenes se despliegan a través de los sonidos y los símbolos, conformándose en figuras, signos y cifras de extraña y singular grafía. Su significado se abre ante el navegante como los pétalos de una flor al rocío de la mañana: 

<< El Huevo A, es el símbolo de la vida en la inmortalidad y en la eternidad, desvelándose como la Matriz Generadora D, en la que la Tau I, asociada a él, es el símbolo del nacimiento en la generación, formando ambos el emblema universal de la Crux Ansata C. >>

 

El mantra cesa de repente en el oscuro mundo sin tiempo, sólo para crear un punto de inflexión singular que marque el principio de un fin. En ese mismo instante, una gota de luz se ilumina en la inabarcable negrura y atrae a la mente sin rumbo, en un movimiento espiral que la acerca lentamente a su luminoso objetivo. 

La gota de rocío astral se eleva sin referencias claras dentro de un espacio sin límites igual que una ingrávida burbuja, sigue elevándose incansable, atrayendo en pos de sí a una mente aventurera…

La ingrávida burbuja reverbera ahora en la negrura con una azulada tonalidad de colores irisados que rielan en su superficie, velando así, la visión de los mundos singulares que se presienten en su interior.

 

-         ¿Quién es el Huevo y quién la Mente que lo observa? . 

-         ¿Quién fue primero: Chaos, Theos, o Kosmos?.

-         ¿Quién está más alto:  Anu, Ra o Shu?.

 

El mundo circular se abre y la mente se cierra. Manas muere en el Akasha para entrar en laya.

La visión de un mundo oscuro se forma en el interior del Huevo, un mundo de luz pálida y sombras perennes, un mundo frío y sin vida como el cadáver reseco de un planeta en otro tiempo fructífero…

 

<< La Madre gira alrededor del Hijo, y en su interior una vida que no es suya, bulle entre las aguas del Khum >>

 

Al principio, sólo se distingue un paisaje desolado y en él, un gigantesco y esbelto arco metálico de sección triangular que hunde sus dos colosales apoyos profundamente en la cadavérica roca blanquecina.

Nada ocurre, nada se oye, nada se ve… pero mucho se presiente. Una voz que surge desde todos los puntos nos anima:

-         ¡Elevaos! Subid más alto, vibrad más rápido…

 

Poco a poco, unas sombras energéticas comienzan a perfilarse donde hasta entonces sólo había aire…. -¿O tal vez, ni siquiera había aire allí…? 

 

Un gigantesco y colosal núcleo energético, con forma de huevo, vibra rápidamente en el ojo del arco metálico. La capa iónica del velo que forma el horizonte de sucesos de la nave intragaláctica corre grave peligro de desintegración después del terrible accidente sufrido durante el viaje, atravesando el espacio interdimensional.

Tanto los seres del interior, como los seres exteriores a la nave parecen nerviosos y preocupados, éstos últimos circundan su perímetro en todas las posiciones de los vértices que podrían ocuparse dentro de la imaginaria figura de un gigantesco icosaedro. 

De repente, una tremenda explosión energética hace retorcerse al gigantesco arco metálico como si de simple goma se tratara. La desmedida explosión fotónica ha sido creada por la proyección de un chorro incontrolado de antipartículas protónicas que surgiendo desde la nave, son atraídas por la magna estructura metálica hasta su neutralización.

 

Las leyes que definen el plano de consciencia estelar del astro receptor, no permiten que los átomos súper ionizados del horizonte de sucesos de la nave recién arribada estén tan apretados entre sí. 

La extremada concentración de núcleos atómicos en el delgado espacio del velo iónico termina propiciando entonces, que los protones másicos que forman los núcleos de dichos átomos en exceso no puedan transformarse regularmente en neutrones, a la vez que liberan, de forma constante y controlada, chorros de neutrinos y la energía Ono-Zone que se utilizó para generar la envoltura energética de la nave en su punto de partida. 

Esa energía fue transferida a la nave en su sistema originario para permitirla el paso a través del espacio interdimensional, por medio del cual viajó ésta hacia su núcleo planetario de destino. Esa misma energía era la que ahora se materializaba a través del arco o portal adimensional en el astro receptor, el cual intentaba drenarla fluidamente hacia el corazón del planeta huésped para equilibrar el potencial de los seres visitantes con el del universo de manifestación local.

 

En la situación actual, el drenaje de energía, en lugar de generar un flujo constante de neutrinos mientras la capa iónica se estabiliza mediante un consumo de electrones del planeta según lo acostumbrado en estos casos. Ésta se realizaba ahora de forma convulsa, debido a la voracidad de los núcleos atómicos extremadamente próximos unos a otros, y colapsaba rápidamente el flujo de equilibrio. 

En el turbulento proceso se estaban creando desaforadamente electrones y positrones que se aniquilaban en una reacción atípica, que era controlada  a duras penas por los seres interiores y exteriores de la nave, hasta conseguir el equilibrio másico de recepción de la energía extrasistémica. 

Y lo que era aún peor, chorros de energía antiprotónica descontrolada amenazaban con crear una reacción en cadena de consecuencias imprevistas para el astro receptor.

 

Una segunda explosión, mucho más violenta que la anterior, desató todas las alarmas en la jerarquía de seres que controlan diligentemente el astro huésped. Una tercera explosión tendría consecuencias funestas para el planeta y toda la dotación de seres en servicio que residían en ese momento en su órbita.

Miles de seres energéticos aparecieron entonces, desde todos los puntos del astro, formando un segundo cordón de seguridad alrededor del que todavía era constituido por los agotados seres del icosaedro. 

Esta vez una multitud de figuras de dodecaedros en desfase y concéntricas unas respecto a las otras, se formaron tejiendo una red tan tupida alrededor del frágil núcleo, que ésta se convirtió en un segundo horizonte de sucesos tan férreo como el primer anillo de control de la nave en peligro pero infinitamente más estable.

 

Cuando la red se hubo formado, el segundo horizonte de sucesos se convirtió en una cámara acorazada que aislaba al planeta receptor de cualquier evento que pudiese desarrollarse en su interior. Desde ese mismo momento el planeta estaba a salvo; no así los seres que se encontraban en el  interior del segundo anillo, tanto los interiores como los exteriores a la nave, estos últimos formaban aún -a duras penas-, la primera barrera del icosaedro.

Proyectándose desde la segunda barrera, seis seres de quinto nivel van reemplazando por tiempos a los de tercer nivel que constituían la primera barrera exterior del icosaedro. Sin embargo, el segundo reemplazo no forma de nuevo la figura anterior del icosaedro, sino la de un octaedro de acoplamiento, que comienza a girar sobre la esfera en la que se ha convertido ahora la nave, en una rotación sincrónica que tiene por objetivo, la neutralización gradual de la desintegración protónica que el velo iónico de la nave, en su máximo de saturación, comenzaba a iniciar de forma incontrolable.

 

Todos los seres que intervienen en el proceso son conscientes de que una tercera expulsión masiva de antiprotones generaría una resonancia escalar exponencial e incontrolable, que podría acarrear la destrucción de la nave con todos sus tripulantes, junto con la del planeta receptor en caso de no haberse constituido el ahora inexpugnable blindaje energético de la segunda barrera.

Los cuatro seres de quinto nivel que formaban el cinturón del octaedro, giraban ahora alrededor del ecuador de la nave en apuros, mientras que los dos seres situados sobre los polos de la nave iniciaban la conducción de un chorro energético, por medio del cual se inyectaban electrones y extraían neutrinos que desde los dos polos de la nave, construirían un túnel de energía para recomponer el equilibrio iónico de la envoltura externa mediante la extracción controlada de la antimateria cósmica del astro de origen, impidiendo así su precipitación en forma de positrones antimateriales.

La reacción controlada que ahora se pretendía obtener, crearía una nucleogénesis vital que generaría una inmensa lluvia de fotones energéticos y partículas W y Z que son la base inferior la energía Ono-Zone.

 

Pero algo raro ocurría en el interior de la nave en apuros, pues sus tripulantes de quinto nivel no habían formado el acostumbrado cubo de recepción energética, que debería girar en sentido levógiro con respecto al movimiento del octaedro exterior, para facilitar el cambio de la configuración esférica de la nave a otra más propicia para el drenaje energético como lo es la toroidal. 

En su lugar, un triste triángulo giraba en sentido rotacional alterno dentro de la ahora achatada nave intragaláctica.

Las cosas no iban nada bien para la operación de rescate, pues si uno de los seres interiores fuese alcanzado, en su errático movimiento, por el haz polar energético de los seres del octaedro exterior, el desequilibrio simétrico acarrearía la temida implosión nuclear incontrolable.

Incluso para los átomos sutiles y altamente energéticos de los seres involucrados en el proceso, esta explosión podría provocar serias perturbaciones en sus Tres Átomos Raíces pudiendo tener imprevisibles consecuencias en su existencia fenoménica.

 

La configuración del octaedro regular (seis vértices y ocho caras), guarda una estrecha relación energética con el cubo (seis caras y ocho vértices); estos dos sólidos geométricos (poliedros convexos), están conjugados y pueden transmutarse e interconvertirse por mecanismos sutiles. Sin embargo, la transmutación de energía no fluía bien entre un octaedro y un triangulo girante que intentaba sustituir a la figura de un tetraedro, aunque sin conseguirlo plenamente.

La situación no podía estar nada bien dentro de la nave accidentaba cuando existían tan precarias condiciones entre su castigada tripulación, dando a entender que sólo tres entidades de quinto nivel se encontraban aún en buenas condiciones en el interior de la nave, aunque lo normal es que al menos entre ocho y doce entidades de ese nivel formasen parte de la dotación de una nave intragaláctica.          

 

La imponente producción de partículas lumínicas y energéticas continuó por un dilatado espacio de tiempo, exudando grandes cantidades de filamentos de magnesio de la superficie de la nave como consecuencia de la precipitación de materia residual. La tremenda presión fotónica liberada en el proceso, continuó hasta que el velo iónico de la nave alcanzó el estado de equilibrio, momento en el cual, unas esferas de aislamiento se acercaron a la superficie de la misma para el transvase seguro de los miembros de la tripulación hacia el área de regeneración vital y recuperación que les estaba esperando en el interior del astro receptor.

Las esferas de aislamiento se fueron adhiriendo una a una a la superficie del velo iónico, paulatinamente, una partida exacta de seres lumínicos era transferida a cada una de las esferas, las cuales, al completar el transvase, partían raudas hacia algún punto interior del planeta.

Poco a poco, al ir perdiendo energía y tripulación, la nave iba disminuyendo ostensiblemente su tamaño hasta quedar reducida a una cuasiesfera de aproximadamente unos dieciocho metros que únicamente contenía a los tres arrojados tripulantes que seguían manteniendo la rotación del triángulo de fuerza en su interior. Finalmente, también éstos abandonaron la nave en una esfera de aislamiento que al alejarse desintegró definitivamente lo poco que quedaba de la anteriormente gigantesca nave intragaláctica. 

Así, fue finalmente trasferida toda la energía de la nave visitante al núcleo del astro receptor, componiendo un equilibrio energético en perfecta armonía con las leyes suprafísicas de la energía Ono-Zone.  

 

En el interior de la esfera de aislamiento, los tres últimos seres en abandonar la nave en problemas veían como, literalmente, una tierra blancuzca corría bajo sus pies en medio de sombras negras como el azabache que eran perfiladas por la luz fría del sol central, la misma que en este astro no iluminaba el ambiente más de lo que lo haría una rutilante y lejana estrella en el espacio profundo.

El comandante de la nave era un ser menudo y de aspecto primitivo que podría haber pasado perfectamente, por un ser recién extraído de la caja de muestras de una nave exploradora a un planeta de temprano estado evolutivo. 

No obstante, sus ojos y su porte lo destacaban inmediatamente como uno de los seres de mayor espiritualidad de entre la dotación de la Federación que actualmente se encontraban cumpliendo servicio en el astro huésped.

Detrás de él, los dos oficiales de más alto rango, que aún permanecían en condiciones de servicio se mantenían erguida y apaciblemente detrás de su comandante. 

Aunque el orgullo es un estado emocional, largo tiempo atrás superado por seres de quinto nivel evolutivo, las duras condiciones que habían vivido durante su viaje estelar, les habían unido en una absoluta confianza y fe ciega en su actual comandante; el cual, ajeno a la admiración sentida por su tripulación se interesaba mentalmente por el estado y el proceso de recuperación del resto de los integrantes de su tripulación, quienes no habían sido tan afortunados como los que le acompañaban.

 

Arânah, que era el capitán médico de la expedición, no pudo dejar de sentir un punto de respiro al descargar en sus colegas planetarios la inmensa responsabilidad que había recaído sobre él desde el incidente estelar que había causado el grave accidente gravitatorio, el cual, apunto había estado de acabar con la totalidad de la tripulación.

Arânah pensaba ahora en su comandante. Aquel ser de insignificante apariencia y porte excelso, que había sido el auténtico artífice de la recuperación de la nave ante un inminente y aparentemente insalvable dramático fin. Arânah pensaba que sería un gran honor para él, servir a las órdenes de aquel ser  durante sus futuras tareas en aquel sistema solar y en concreto, en aquel sistema planetario doble en el que se encontraban. Pero se sorprendió así mismo “deseando algo”, o mejor dicho, algo concreto que no fuese su unión trascendental y profunda con  Anu, el Uno, la Deidad Oculta en el interior de todas las cosas y seres creados. Sin más demora inició una profunda acción de gracias por las lecciones aprendidas y experiencias atesoradas durante ésta prueba.

 

Cuando llegaron al área magnetizada para las tareas de descanso y regeneración energética, Arânah penetró en una esfera de aislamiento individual que se asentó ingrávida sobre la blanquecina roca en un desolado paisaje entre tupidas penumbras. 

Arânah, ajeno al frío y yermo paisaje, se concentró en una meditación regenerativa que rápidamente lo sumió en una agradable sensación de paz y equilibrio esencial. Inmediatamente, la energía Brill emanada comenzó a acelerar la nucleogénesis de parte de sus propios átomos sutiles que habían sufrido los efectos de los campos de fase adversos.

La silueta estilizada de Arânah se perfilaba dentro de su burbuja de luz como la de un excelso ser en perpetua unión con las fuentes superiores de consciencia que, partiendo de su propia Mónada se elevan inabarcables hacia su núcleo central o Regente Avatar, para terminar de fundirse a través de los Logoi planetarios menores con los  Logoi  mayores, regentes de planetas, sistemas planetarios e incluso sectores galácticos.

Sus grandes ojos de brillantes reflejos, destacaban notablemente sobre un rostro sereno que irradiaba una paz proverbial. Hacía milenios que no estaba apegado a cuerpo denso alguno; su cuerpo sutil se adaptaba ahora a los parámetros que en su planeta de origen Manat, sirvieran de arquetipo a su actual Sexta Raza.

 

Sentado en el etéreo espacio, flotaba estáticamente dentro de su burbuja de aislamiento al tiempo que unas proyecciones de energía vital surgían de su Plexo Solar y caían como un surtidor de luz sobre un recién creado estanque de luminiscencia viva, el cual, se había formado  justo a la altura de su Plexo Cósmico. En el pequeño estanque así constituido, el chorro de luz chapoteaba sobre el espacio adyacente como si de agua se tratase,  y las brillantes salpicaduras de luz que caían  a su alrededor tomaban, poco a poco, formas que aunque primeramente difusas, se perfilaban finalmente a semejanza de los animales y plantas de su propio planeta de origen.

Al poco tiempo, un magnífico jardín bullía lleno de actividad en su entorno. Hermosísimos pájaros parecidos a garcetas estiraban su plumaje multicolor mientras que  cantaban a su alrededor otros pájaros diminutos. Sus plumas lacias se asemejaban más a escamas multicolores de peces que a las plumas de pájaros terrestres. Los peces que nadaban tranquilamente en el estanque que había surgido en el regazo de Arânah, se desdibujaban en el agua como si éstos tuviesen la textura de las anémonas marinas terrestres. Extraños árboles y plantas cubrían su entorno con un agradable boscaje que refrescaba y humedecía el árido ambiente del interior del planeta receptor.

Arânah proyectó entonces, desde su centro cerebral derecho, una esfera de rocío astral que comenzó a evolucionar graciosamente ante de él y embelesado en su contemplación, vació su mente…

 

El Durmiente, o Último, le había llamado a él, o lo llamaría más tarde en su futuro relativo, para que, el destino universal e ineludible de todas las criaturas evolucionarias pudiese cumplirse en la estructura Monádica de Arânah, cerrando al fin, la Mano de Luz que uniría a sus Siete Dedos con la Palma Generadora, en la esperada inversión del arco descendente de su actual ciclo de proyección Monádica.

Arânah había transcendido su ego hacía mucho tiempo. El Ego es un núcleo alimentado por los lazos creados por el mismo núcleo fenoménico. Bajo una capa de supuesta independencia y poder de decisión, el Ego se vincula con lo que le es más cómodo y se nutre con una vana seguridad; viéndose a sí mismo  como un centro de atenciones al que los demás deben rendir tributo. En su lugar, Arânah al haber renunciado a cualquier tipo de ambición, podía observar las situaciones de sus cuerpos conscientes sin involucrarse con el mundo fenoménico con el que interactuaban.

Inmerso en estos pensamientos, inició una profunda reverencia dirigida al Regente Avatar o núcleo interno que se constituía a sí mismo en su Fuente de Vida…

<< La reverencia es la victoria de una batalla sin lucha, en la que incluso antes del ataque, el enemigo se rinde; la reverencia está también en la planta que se curva al viento, en la luz de las estrellas que se apagan ante el brillo del Sol, en la tierra que se transforma en lecho para acoger al río, y en el río que se amolda al camino que el suelo le ofrece… >>

 

Este pensamiento flotó en el ambiente por un instante, como el poderoso perfume de una flor, mientras que él valoraba en su núcleo interno la tarea a realizar y la profunda razón de su estancia en este sistema solar, así como, el compromiso de su prestación para con los habitantes del planeta en el cual cumpliría servicio. Estos poderosos pensamientos se propagaron por el aire, como un segundo perfume que se uniese al primero…

<< Para que una semilla brote, además de romper su propia cáscara, tendrá que perforar el suelo. Tendrá que expresar la voluntad, enfocar todas sus energías en la realización de la vida implícita en cada momento que le es dado vivir.

Todavía son poco comprendidas por la humanidad de este planeta, las fases de transición por las cuales ellos pasan. No perciben que los límites de un estrecho cauce deben ser ampliados y ensanchados, para que pueda fluir el nuevo caudal de un río más potente. Por estar inmersos en la materia, la inercia con la que están impregnados los hace resistir la magna oportunidad que se les ofrece, la cual impide, con la rigidez de una roca, el paso del torrente que quiere impulsarlos. Aunque el cumplimiento de la ley pueda ser demorado durante cierto tiempo, ella es, en sí, irrevocable. Así, o la roca se sumerge en el flujo o es arrancada permitiendo finalmente la manifestación de la nueva etapa que ha de ser vivida… >>

 

Arânah, en su planeta de origen, era el custodio de un centro de cura que controlaba un Espejo menor de harmonización. La Hermandad de la Luz actúa en todo el cosmos por medio del sistema de Espejos, el cual distribuye la energía Ono-Zone por todos los universos, canalizando de esta forma el propósito de la creación. Aunque un proceso similar es utilizado también por las fuerzas involutivas o Fraternidad de las Tinieblas, para intentar impedir la realización del propósito evolutivo.

Ser un iniciado en los Tres Espejos Mayores implicaba que él era uno con las fuerzas que distribuyen las energías básicas del cosmos, tales como la Energía Radiante, la Energía Brill y la Energía Prâna, que componen la eterna energía Ono-Zone como expresión del Primer Logos Mayor. Esto le había aportado una amplia experiencia en el servicio y el trabajo de la cura planetaria.

 

La Energía es vida inteligente; cuando un universo se manifiesta, del Logos Creador nacen tres vertientes fundamentales, denominadas Logoi Mayores, los cuales son la fuente de la energía Ono-Zone, de los Rayos y de los Fuegos.

En su planeta, Arânah realizaba tareas de harmonización junto con el reino Dévico, y participaba en las tareas evolutivas de creación mediante el control del tiempo, la materialización y desmaterialización de las formas, el dominio sobre el poder alquímico de la luz, la capacidad de transmutación, la relación con otros universos, y el reconocimiento del propósito de la existencia de toda criatura viviente.

 

El universo manifestado, así como los seres y objetos existentes en él, son imágenes, simples proyecciones sin existencia propia. Por eso la consciencia se engaña cuando se identifica con las imágenes reflejadas en Maya.

El Universo es una inmensa colección de imágenes y proyecciones por medio de las cuales la energía fluye, se manifiesta y se expresa en diferentes matices y tonos. Ningún movimiento en el Cosmos, por más íntimo que sea, deja de ser captado, registrado y controlado por ese sistema de comunicaciones que son los espejos. Todo el Cosmos es un gran Espejo, formado por miríadas y miríadas de espejos menores. Desde un sistema de galaxias o universos hasta una diminuta sustancia material, todos reflejan y transmiten los patrones de la Energía Única.

Arânah trabajaba de esta manera en su planeta junto con otras jerarquías, plasmando en los niveles fenoménicos, los arquetipos o imágenes patrones creadas por la Mente Universal. 

Los planos de consciencia son estados vibratorios sucesivos, que actúan así mismo como espejos, reflejando de unos a otros los arquetipos en las imágenes adaptadas a cada plano de realidad. Desde los planos de consciencia superiores a los inferiores, las imágenes-arquetipo se proyectan como imágenes-plano hechas de luz, las cuales, precisamente por ser translúcidas se superponen unas a otras. Sin embargo, cada una mantiene íntegra su propia nota manifestada, la distinta frecuencia de vibración asignada según cada plano de consciencia.

 

El Ego no es más que la consciencia identificada con la imagen y, por tanto, el Ego o consciencia del Yo es, únicamente, un efecto temporal al que la vida autoconsciente se somete cuando se introduce en los planos materiales.

Existen diferentes procesos de manifestación de un cuerpo físico, ya sea macrocósmico o microcósmico. En uno de estos procesos la energía superior se proyecta de plano en plano hasta alcanzar un nivel más denso, en el que crea un pequeño núcleo de materia condensada que forma la base para la construcción del cuerpo en aquel plano de existencia. En otro proceso, la consciencia  necesita que le sea ofrecido un núcleo material ya existente, para que pueda tener un punto donde anclar su energía, y así atraer las partículas que irán a componer el cuerpo que utilizará en aquel plano. También puede ocurrir, a veces, que movidas por las leyes materiales, algunas partículas se reúnan de modo amorfo, sin que respondan a procesos internos o a estímulos de una energía superior. Esos núcleos son usados normalmente por fuerzas del universo perdidas  y oscuras, cuya intención consiste en utilizarlos únicamente para su provecho propio; dichos núcleos tienen que ser continuamente disueltos por leyes de armonía superior.

 

Los planos de consciencia son Espejos, los cuales, siendo a sí mismo imágenes se interpenetran vibrando cada una en su propia frecuencia. Así para que las imágenes transmitidas o recibidas pasen de uno a otro plano, tiene que existir una interconexión vibratoria que funcione como un transductor de energías. Esta interconexión es el espacio interdimensional. Las leyes que rigen la proyección de la energía en ese espacio interdimensional que se extiende entre los planos dimensionales, no pertenecen a ninguno de los planos que lo delimitan. Es una zona neutra en la que se desarrolla una incesante actividad.

Así el espacio interdimensional es el usado para los viajes de alta energía entre los distintos mundos y dimensiones del Cosmos. La energía autoconsciente es transmitida de un punto a otro, siendo la materia a su vez disuelta y recreada en los universos de partida y destino, siempre que las proyecciones de materia sean realmente necesarias en el cumplimiento de las tareas adjudicadas a cada conjunto de las entidades navegantes.

Este método, había sido el método rutinario de transporte por el espacio interdimensional que la nave de Arânah había seguido, contando por supuesto con el permiso de las entidades superiores regentes de ambos sistemas.

 

La esfera de rocío astral mostraba ahora, cómo, en un sistema estelar doble de la constelación de Sirio, se estaba  proyectando una masa de energía  Ono-Zone  hacia una esfera creada por la acumulación de varias figuras que estaban formadas por siete dodecaedros concéntricos y en desfase. La esfera energética se hallaba en el centro de un planeta helio-básico, de constante gravitacional muy fuerte, que era, a la postre, una estación acumuladora ideal de energía  Ono-Zone.  Ella se encontraba en el ámbito de la enana blanca compañera de Sirio, la cual constituía el principal puerto intragaláctico de ese sector confederado. 

La nave se formó por la concentración de energía Ono-Zone dirigida por las jerarquías estelares del sector, en conjunción con los Chaitans estelares de control nuclear de la estrella y el comandante de la nave, quién era el auténtico Espejo energético que condensaba la energía y la reflejaba en la estructura subatómica de la nave en una nucleogénesis incesante. 

Las doce entidades de quinto nivel de la dotación formaban un icosaedro regulador de la energía fragmentada por las 140 entidades de tercer orden  que formaban a su vez los siete dodecaedros en posición concéntrica exterior al icosaedro, consiguiendo así difractar la energía recibida hacia el punto focal o centro de giro de todas las formaciones. El punto focal lo constituía a su vez, el ser comandante o corazón de la nave estelar. Lentamente la nave aceleró su rotación, y cuando ésta consiguió el equilibrio geoestático preciso, inició un movimiento parabólico que la llevó directamente hacia el centro de la estrella madre. 

 

En ese momento la estrella madre sufría unas fulguraciones de gran intensidad que aumentaban de forma exponencial la energía  almacenada en el campo magnético del cuerpo estelar. Al mismo tiempo, las partículas de carga eléctrica eran aceleradas hasta alcanzar energías muy elevadas que emitían radiación sincrotón al entrar en la atmósfera exterior de la estrella. Ésta interaccionaba con el campo magnético produciendo la hiper-energética radiación de frenado que causaba una onda de choque rica en iónes cargados eléctricamente.  

La nave penetró exactamente por una apertura creada ex profeso por los Chaitans estelares en sincronía de fase con la frecuencia de la nave incidente, teniendo como consecuencia la captura de una ingente cantidad de iónes altamente energéticos que fueron los auténticos creadores del velo iónico estelar u horizonte de sucesos de la nave intragaláctica.

Al seguir su ruta, la nave penetró armónicamente en el reflujo de una de las mayores fulguraciones de la estrella, siendo literalmente succionada hacia el núcleo de la misma en una inversión magnética de tales características que propició el túnel adimensional o agujero de gusano que inició el viaje intragaláctico hacia la constelación de destino.

 

Este mecanismo de inversión magnética, permite el viaje intragaláctico a través del espacio interdimensional de la galaxia utilizando el núcleo gravitatorio de una estrella altamente másica como lo es Sirio2. Por el contrario, los viajes extragalácticos son propiciados únicamente a través del núcleo oscuro del centro galáctico, en condiciones aún más severas.

Las leyes que rigen la estructura atómica dentro de la galaxia son muy distintas entre sí, al igual que el nivel de densificación o frecuencia vibratoria de los núcleos atómicos, por tanto, las rutas a través del espacio interdimensional de una misma galaxia tienen que ser calculadas con mucha precisión, para permitir la adaptación de las partículas energéticas que constituyen el cuerpo estelar de la nave a su nueva frecuencia de integración en su llegada al sistema huésped.

Entendiendo que lo único que se realiza aquí es un ejercicio de reflexión energética de un Espejo o plano de realidad a otro, aunque éste último esté situado, como en este caso, en el más alejado confín de la galaxia. 

Los átomos sutiles que constituyen la mínima base de ancoramiento de la consciencia viva de la nave-tripulación, en el momento de la transmutación por medio del núcleo súper masivo de la estrella, sufren un gigantesco colapso energético que los impulsa a realizar un desdoblamiento o implosión, por medio del cual, proyectan sus electrones y el núcleo del cuerpo atómico hacia su centro; dándose literalmente la vuelta y convirtiéndose en la antimateria de referencia, que es necesaria para penetrar adecuadamente en el espacio antimaterial que se extiende como un velo superpuesto sobre el universo material. 

De esta forma, los seres que forman la nave intragaláctica, viajan así por el espacio interdimensional, habiendo cambiado su estructura material de referencia por la estructura antimaterial similar a la que coexiste en el espacio interdimensional. Éste proceso se invierte, reconstruyéndose de nuevo con la misma estructura atómica en el nuevo punto de afloramiento del espacio dimensional huésped, el cual recibe a la nave procedente del espacio interdimensional donando la materia de aportación básica para la construcción de los cuerpos materiales oportunos. 

 

Así mismo, la estructura dimensional o temporal en el interior del espacio interdimensional franqueado por la nave, forma otro universo en sí mismo, que se constituye en equilibrio con la materia-anti-materia del universo del que provienen los intrépidos navegantes que lo atraviesan, por medio de un espacio de fase o agujero de gusano. 

Lo que se transmite en realidad no son las partículas másicas propiamente dichas, sino los patrones energético-lumínicos que regenerarán la estructura atómica arquetípica con la precipitación de la materia libre al arribar al sistema huésped.

   

  

 

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.