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El Sello de Amath II
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 ...Ha Llegado!!

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El Archi se sitúa en el Arka-Maetra y pronuncia el nombre sagrado, el espíritu del objeto mágico a crear, el cual constituye su Arquetipo y todos los aspectos básicos del Rupa y del Arupa; las notas, los tiempos, los acordes y los hierogramas fonéticos del nombre sagrado del objeto. Todo ello queda plasmado en las láminas sutiles situadas en los cuatro sonómetros o rollos girantes. En estas láminas son grabados todos los aspectos fundamentales de la música de las proporciones, las formas, los colores y los sonidos. 

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  EL LEÓN DE PLATA

  

    EL SELLO DE AMATH (II)

 

 

6. EL SELLO DE AMATH 

( PARTE  II )

 

 

Atmah recordaba ahora la estructura de la sala en la que dedicó la mayor parte de su actividad como Dwija, volcado sobre una de las cuatro mesas cuadrangulares de piedra negra que constituían todo el mobiliario interior, a excepción del  Arka-Maetra central. 

Las cuatro mesas representan a los cuatro elementos y en ellas realizan sus trabajos de creación los representantes de cada uno de los cuatro Sagrados Colegios, a partir del Arquetipo definido por los Chaitans  zodiacales afines al objeto a fabricar, cuyo espíritu es sintetizado por uno de los doce Archis sagrados.

El Archi se sitúa en el Arka-Maetra y pronuncia el nombre sagrado, el espíritu del objeto mágico a crear, el cual constituye su Arquetipo y todos los aspectos básicos del Rupa  y del Arupa, las notas, los tiempos, los acordes y los hierogramas fonéticos del nombre sagrado del objeto. Todo ello queda plasmado en las láminas sutiles situadas en los cuatro sonómetros o rollos girantes. En estas láminas son grabados todos los aspectos fundamentales de la música de las proporciones, las formas, los colores y los sonidos. 

Cada una de estas láminas es posteriormente aplanada con exquisito cuidado y llevada a cada una de las mesas para su estudio.

 

En la primera mesa, la Mesa AgNi del elemento Fuego, se encuentra grabado el Trígono del Fuego Vivificante, dominado por las casas astrológicas 1, 5 y 9. Su color es el naranja rojo, su número es el 5, su trono el Sol, su planeta Marte y su nota Re sostenido.

Esta mesa es custodiada por los representantes del Sagrado Colegio de la Magia, los cuales reciben su lámina para estudiarla y deducir los tipos de fuego a emplear en la fusión de los metales, los colores que éstos a alcanzarán en la fragua y los tiempos de los procesos de la Alquimia.

 

En la segunda mesa, la Mesa GaNa del elemento Tierra, se encuentra grabado el Trígono de la Tierra y del Principio, dominado por las casas astrológicas 2, 6 y 10. Su color es el azul, su número es el 10, su trono en Virgo, su planeta Mercurio y su nota Sol fundamental. 

Esta mesa es custodiada por los representantes del Sagrado Colegio de las Razas, y ellos también reciben su lámina para estudiarla y deducir las aleaciones de los metales y la estructura atómica y molecular de los mismos, así como la definición de los procesos de Alquimia a emplear en sus aleaciones.  

 

En la tercera mesa, la Mesa RaHa del elemento aire, se encuentra grabado el Trígono del Éter, dominado por las casas astrológicas 3, 7 y 11. Su color es el verde esmeralda, su número es el 30, su trono en Libra, su planeta Venus y su nota Fa sostenido.

Esta mesa es custodiada por los representantes del Sagrado Colegio de la Astrología, quienes toman su lámina para estudiarla y deducir las fechas de comienzo y final de cada proceso y los lugares idóneos para éstos.

 

En la cuarta mesa, la Mesa MaHa del elemento agua, se encuentra el Trígono de las Aguas Vivas, dominado por las casas astrológicas 4, 8 y 12. Su color es el verde mar, su número es el 40, su trono el Escorpión, su planeta Marte diurno y su nota Re.

Esta mesa es custodiada por los representantes del Sagrado Colegio de la Ciencia, que utilizan su lámina para estudiarla y derivar las dimensiones y formas de los objetos a crear.

Ésta era la mesa en la que Atmah trabajaba como iniciado del Sagrado Colegio de la Ciencia. Cuando las láminas eran entregadas por los ayudantes del Archi mayor que oficiaba el ritual, una actividad minuciosa y detallada comenzaba en cada una de las mesas. Se trazaban diagramas y volúmenes, escalas y curvas, datos y fechas, en fin todos los aspectos de cada uno de los elementos a interpretar. Era usual que entre unas mesas y otras, los datos e informaciones fueran intercambiados según evolucionaba el estudio hasta la finalización del mismo.

 

 Cuando el instrumento mágico era finalmente terminado y, siempre en la fecha designada, los participantes en su realización se encontraban en la misma sala para el acto místico de su nacimiento. Ese día el Archi comprobaba la obra con un esmerado espíritu crítico y la contrastaba con las láminas, validaba las fechas, los procesos y las formas de la misma.

Era más corriente de lo deseable que durante el proceso de fabricación, algún detalle se malograse dando al traste con la obra, el fallo en un proceso o el incumplimiento de una fecha, podrían ser motivos suficientes para que el instrumento mágico no conociese la vida. Toda mínima desviación o fallo en el proceso debía ser anotado en las láminas que el Archi contemplaba ahora junto con el objeto terminado. 

Él decidiría el nivel y grado mágico que se adjudicaría al objeto de acuerdo a sus imperfecciones, o incluso lo descartaría para toda utilidad y sentenciaría su destrucción.

Cuando el Archi aceptaba el objeto como instrumento mágico, éste era colocado en el Arka-Maetra y se procedía al acto místico de insuflar en él la vida a través de su nombre cósmico. 

El Archi se situaba entonces en el polo focal del Arka-Maetra, su omphalos energético, y pronunciaba, por segunda vez, el nombre sagrado que constituye el Arquetipo que animará a la obra. Los presentes corean ese nombre cuatro veces, secuencialmente y según la clave de la nota diatónica de cada mesa. Al final, cuando el Archi pronuncia por tercera vez el nombre sagrado, el espíritu del objeto mágico penetra en él por la influencia de los Chaitans  zodiacales y a partir de ese momento el objeto cobra vida y poder.

 

La Pschent que Atmah tenía ahora delante de él, desacoplada en tres piezas de brillante metal dentro del contenedor de madera, era de una notable calidad. La corona blanca era de Platino Vivo, con un espesor ínfimo que la hacía parecer casi etérea, refulgiendo a la luz de los globos de gas con unos tonos irisados que tenían vida propia. La corona roja era de Orocalcum Argénteo, con una sonoridad indescriptible, el mínimo aliento desprendía de ella acordes efímeros.

El Ureo era de Oro Prístino con dos diamantes a modo de ojos en la cabeza reptiliana que constituía el punto focal del formidable instrumento.     

Atmah se preparó a conciencia para el uso de semejante espíritu metálico. Durante la siguiente semana realizó varios viajes astrales por las galerías de la gran biblioteca a los lugares en los que se encontraban los hierogramas que definían los Mantras a utilizar para la activación de la corona de poder.

La Pschent es en sí, únicamente un instrumento que amplifica la comunicación entre los mudos físico-astral y el espiritual-divino que cada ser posee como parte y componente del Único. Todo ser tiene varios núcleos de consciencia, dependiendo éstos del nivel evolutivo en los que el individuo se halle. 

En el plano Físico Cósmico, existen siete niveles, definidos, según el Sagrado Colegio de las Razas, como: Etérico-Físico, Astral, Mental, Intuitivo, Espiritual, Monádico y Divino. La consciencia plena en éstos niveles se consigue por medio de las iniciaciones.

Atmah se preparaba ahora para conseguir la culminación de su tercera iniciación, durante la cual, el alma asumía el control de la personalidad, con lo que comenzaba su despertar en el plano Intuitivo. Dicha iniciación posibilita la comunicación con los núcleos superiores a través de los centros energéticos. Los antiguos siete centros energéticos o Chakras están siendo migrados a los tres actuales, más los dos supraluminares, situados éstos últimos sobre la cabeza.

La Tercera Iniciación posibilitaba el desarrollo de los centros energéticos anteriormente despertados, los cuales en orden ascendente son: Plexo Cósmico, Centro Cardíaco, Centro Cerebral y Segundo Centro Supraluminar. El despertar del Primer Centro Supraluminar  comenzará a refulgir en la iniciación que

 

La Pschent que había utilizado en su anterior experiencia como “Mueve Piedras”, era más baja que la actual y solo cubría el Segundo Centro Supraluminar. Mientras que la actual estaba diseñada para cubrir los dos –situados ambos centros supraluminares sobre la cabeza-, incluyendo el Primer Centro, lo que implicaba que la energía a desarrollar tendría una modulación infinitamente superior a la que él habíoa usado en tiempos y que a su vez, sería la Mónada la que tendría el control absoluto de todos sus efectos. 

La tercera pieza, el Ureo o cobra enhiesta que se acopla sobre la roja a la altura de la frente es el foco de energía de las otras dos coronas. Según la tradición Maat se manifiesta a través del Ureo, es decir, la corona blanca o mitra alargada amplifica como caja de resonancia la vibración de los Centros Supraluminares con la vibración procedente de la Mónada, que es captada a través de la corona roja, la cual, hace de dipolo o polo vibrante. Y todo ello es finalmente focalizado a través del Ureo para crear el efecto mágico apropiado.

 

Después de razonar concienzudamente todos los aspectos relativos a los conocimientos adquiridos, decidió que el día siguiente, según sus cálculos astrológicos, sería el apropiado para iniciar el grabado de los Hierogramas que componían la narración de los acontecimientos aprendidos durante su viaje astral.

Era muy importante que todos los detalles estuviesen perfectamente estudiados, pues un fallo en el manejo de la  Pschent podía inutilizarla para su uso, así muchas Pschent han sido bloqueadas para un determinado adepto por el mal uso recibido por éste. Él recordaba vivamente el proverbio popular de los Âdityas, que dice que si una Pschent no te acepta el primer día, no te aceptará nunca…-Y a Atmah le preocupaba ahora particularmente más que nunca esa frase…

 

Por el contrario, él no estaba interesado acerca de lo que se iba a grabar en la pared de piedra que se hallaba enfrente. Cuando la Mónada tomase el control, era de su entera responsabilidad el tema grabado. 

Así era y así había sido desde siempre, los hierogramas eran sagrados precisamente por eso… Porque no eran obra del ego humano, ni siquiera del alma, sino de la misma Mónada conectada directamente con los planos Espiritual y Divino.

Ahí residía precisamente su grandeza y su esplendor. Por la misma razón, dichos Hierogramas no podían ser copiados por adepto alguno para su propio beneficio, sin incurrir en un grave delito y una profanación del Saber Divino.

 

El propio Lenguaje Sagrado, el Vattan, reunía en sí mismo todos los componentes cósmicos de la estructura primordial de la Vida, pues era el Leguaje Creador del CaVi, el Creador por su Verbo. Su estructura está compuesta por siete caracteres diferentes en cuatro posturas o posiciones cada uno, lo que hace un total de veintiocho caracteres distintos. Esta estructura se mantiene repetida en la estructura social y docente de la Paradesa, pues existen siete altas escuelas y cuatro sagrados colegios, al igual que existen siete rayos de energía y cuatro elementos distintos.

Los caracteres se agrupan también de modo que puedan tomarse como notas musicales, lo que permite que los Hierogramas puedan ser interpretados como notaciones musicales y ser entonados en solfeo, al mismo tiempo que ellos pueden ser también declamados fonéticamente.

La complejidad del solfeo de los signos teúrgicos que comprende la gran ciencia del Aum, es indescriptible y el adepto que la domina puede alcanzar el Samâdhi, o éxtasis supremo, que permite la Visión Divina por medio de la Teúrgia, la unión mágica con el propio Dios interno. En ella, el Yo superior revela al arhat las verdades del plano en el que actúa, pasando la Mónada a controlar directamente los cuerpos materiales... 

 

Pero se estaba haciendo tarde y empezaba a notar el cansancio de la jornada. Mañana sería el gran día, comió algo y se dispuso por fin a dormir, confiando en su destino y en la realización final de su añorado propósito.

Al día siguiente, su primera meditación le confirmó la idoneidad del día para realizar el acto programado, se apresuro a alimentarse  sucintamente y se dispuso al afeitado de todo el cuerpo, como mandan los cánones reglamentarios de la magia para usar una Pschent, por lo que se dedicó con presteza a esta nueva operación. Una vez terminada y totalmente rasurado inició las abluciones y los preparativos para la consecución del objetivo final en la tarea asignada.

Atmah permanecía sentado en un banco de piedra adosado a una pared, con la espalda recta, los pies juntos y las manos apoyadas sobre las piernas. En una mesa, a su lado, se hallaba el contenedor abierto mostrando las distintas piezas que componían la Pschent.   

Respiró hondo y se dispuso a invocar la energía de TOT, el primer Lipika y bibliotecario mayor, el Hierofante Sagrado…

<< TOT, tú que riges el mundo a través del verbo, tú que creaste la lengua sagrada, tú que llenaste las bibliotecas y escribiste en los frutos del Árbol. Concede por tu gracia, que la verdad de Maat se manifiesta a través del Ureo >>

 

Resonó la invocación reverberando sobre las frías piedras del corredor. A continuación Atmah comienza a recitar sin descanso el Mantra sagrado que vaciará su mente y equilibrará su espíritu:

 

            ¡ Om Manipadme! ¡ Hum!...

 

Cuando presiente que la tensión de su aura ha llegado a cierto nivel, coge con las dos manos la corona blanca o mitra alargada y la sitúa lentamente sobre su cabeza. Sin dejar de repetir el Mantra la encaja a la altura de la sien y nota como ésta cobra vida, adaptándose perfectamente al contorno de su cabeza y a la posición de sus Centros Supraluminares. Posteriormente y de la misma manera sitúa la corona roja, deslizándola sobre la anterior, y por último ajusta el Ureo.

Éste es el momento más critico y lo sabe bien, tiene que comenzar  el Mantra en el registro más bajo que pueda conseguir e irlo articulando gradualmente según va subiendo el tono de cada nota hasta encontrar la resonancia perfecta. Él conoce bien que todo sonido del mundo visible despierta su correspondiente sonido en los reinos invisibles, y pone en acción a poderosas fuerzas de la naturaleza, las cuales permanecerían inactivas de otro modo. Cada sonido se compone de un color, un número y una sensación, siempre diferente, según el plano de referencia desde el que se emita dicho sonido.

La distinta calidad de modulación de los Sonidos Sagrados que componen la gran ciencia del Aum,  determina el poder y los efectos del Mantra en el desarrollo del efecto mágico.

El Mantra ritual que Atmah ahora comenzaba, debería poder traspasar planos y barreras para que su Sonido Sagrado produjese el eco deseado en los planos monádicos y de ésta manera abrir el canal del Antahkarana, la luz que le une a su Mónada.

Entonces, en un estado de suprema concentración, inhala aire y  comienza el Mantra resonando con el estómago:

 

¡ Om, Sas, Tat, IShOua-Ra, Hamo !-

¡ Om, Sas, Tat, BRA-Ma, Hamo!-

¡ BRA-ShiTh  BRA ALHIM  !-

 

Empieza a jugar con los sonidos, IShORa Hamo, sopla con fuerza hacia fuera todo el aire contenido en sus pulmones, cierra al punto sus labios para aspirar fuertemente por la nariz, y entonces pronunciar inmediatamente la segunda frase:  BRAMa... Y así pronuncia una y otra vez el Mantra modulándolo con mayor precisión en cada repetición.

Pronto, siente el calor afluir y su transpiración comienza; a continuación, el frío entra, subiendo por la planta de los pies con un hormigueo agudo y el sudor fluye copiosamente de su cráneo hacia fuera.

Rápidamente el Poder Único le quema en el cuerpo helado, y ese fuego está ahora concentrado en su glándula pineal...

 

Cuando vuelve de nuevo a su ser descubre varios metros de roca grabada allí donde antes solo había roca lisa. Los Hierogramas cuentan la historia de un Pundit llamado Atmah que un día penetró en el Akasha en el cumplimiento de su Sagrada Misión...  

Él sabe que tendrá que continuar su intensa experiencia en los días y meses sucesivos, pero no le importa, nada le importa ya, excepto cumplir la voluntad del Único en su largo camino ascensional.

 

Muy despacio, desacopla ahora la Pschent y la guarda en su contenedor. Permaneciendo sentado, comienza un sincero acto de gracias hacia el Ser Único con múltiples caras que vela constantemente por su camino, el cual, al igual que el NaHaSH, el tiempo en espiras, le eleva hacia su destino a través de los ciclos de la eternidad.

Totalmente agotado se tumba en el camastro de tela que le recibe con su familiar sonido, protestando, como siempre, por el nuevo peso a soportar. Lentamente se queda profundamente dormido y comienza a soñar un sueño extraño pero extremadamente vívido y real.

 

 

eeeeeee

   

  

 

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.