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Pero la Tierra, lejos de estar enferma, estaba ahora más viva que nunca, el espíritu de Gaia celebraba la muerte anunciada de un parásito que la había consumido durante milenios, de una rémora que la estaba asfixiando lentamente, de la locura enfermiza de un dragón que en varias ocasiones había intentado destruirla.
¡Que terrible contradicción es que un hijo quiera destruir a la madre planetaria que le dio el ser…!
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

LA CRUZ DE HIELO

LAS SALAS DE Târâ
(IV)

8.
LAS SALAS DE Târâ
(
PARTE IV )
No solamente la superficie de
la Tierra estaba dañada irremediablemente, también su órbita exterior se había
convertido en un basurero lleno de chatarra espacial, radiaciones malignas de
radio y televisión con contenidos esquizofrénicos y obscenos; su radiante aura
de antaño, estaba hoy deshilachada magnética y etéricamente, y cubierta por
multitud de manchas que perforaban su capa de ozono.
El resultado final de su
observación era la
aterradora visión de una humanidad que agonizaba en el exterior del planeta
como si de un ser díscolo y obnubilado se tratase, el cual, se acerca rápidamente
a su muerte sin presentirlo siquiera. Un ser que, ni en sueños, quisiese
percatarse de su inminente final.
Pero la Tierra, lejos de estar
enferma, estaba ahora más viva que nunca, el espíritu de Gaia celebraba la
muerte anunciada de un parásito que la había consumido durante milenios, de
una rémora que la estaba asfixiando lentamente, de la locura enfermiza de un
dragón que en varias ocasiones había intentado destruirla.
¡Que terrible contradicción
es que un hijo quiera destruir a la madre planetaria que le dio el ser…!
Que los
seres que humildemente debían estar agradecidos a la vida que les dio la
posibilidad de expresarse en el universo manifestado, en su lugar, orgullosa y
arrogantemente desmantelen y vendan a otros hombres la Naturaleza en pedazos en una alocada carrera hacia ninguna parte.
Era como
si un gigantesco vacío cubriera toda la evolución planetaria, como si esa
humanidad maldita jamás debiera haber existido...
Hasta ahora Atmah había creído que Dios era todo el Universo, pero
en ese momento, él comprendía que Dios también era el vacío absoluto. Parecía
como si Dios contuviese dos lados, un lado Padre y un lado Madre, con un vacío
entre ambos, el mismo vacío que parecía existir agazapado en todos los
fragmentos de su infinita obra…
-
Algo así podría muy bien considerarse, en el
devenir de ésta raza humana y de este planeta, aunque alguien pudiera pensar
que eres un tanto injusto en la valoración que has expresado, como: “Esa
humanidad maldita jamás debiera haber existido…” -Una potente voz en su mente, cortó
en seco el hilo del pensamiento de Atmah.
Éste quedó perplejo, la extraña voz parecía venir de todas partes, desde fuera y
dentro de su mente. Al momento comprobó con cierto azoramiento, que el punto
desde el cual había partido el mensaje mental, no era otro que el mismo centro
de la sala esférica, donde el propio comandante de la nave, Ashtar Sheran promueve y alienta las
actividades de todos los excelsos seres que trabajan en la transición
planetaria.
Atmah
sintió que todos los elevados seres que se encontraban dentro de la esfera de
resonancia cósmica, le estaban observando con una actitud entre interrogante y
crítica, y fue consciente en ese momento del motivo y de la preocupación que sus
guías anteriores le habían hecho saber, acerca del control de las divagaciones
mentales a las que Atmah
era tan aficionado… En un momento
de lucidez, se dirigió mentalmente hacia su Hermano Mayor Arânah, pidiéndole consejo y al
mismo tiempo reprochándole que no le hubiera avisado prontamente acerca de lo
“peligroso” de las divagaciones en
ciertos momentos. Pero al punto recibió un mensaje mental que en tono divertido
le decía escuetamente:
-
A mí no me involucres en esto, has sido tu solito el
que te has metido en este lío, ¡y sin encomendarte a nadie...!
Y al instante la temida voz
volvió a sonar dentro de su cabeza:
-
Atmah,
precisamente tú, que has vivido el nacimiento en la materia de éste planeta, y
comprendes la dificultad de las almas que encarnan en ella para elevar la mente
y el espíritu desde la mera animalidad densa hacia la espiritualidad superior
deberías de ser un poco más comprensivo con tus desgraciados hermanos de
superficie. Tú has vivido en una sociedad que desde tu más tierna infancia te
ha inculcado los valores espirituales por encima de los materiales. Esa sociedad
desarrollada te enseñó la disciplina que te ha permitido la superación el
velo de Mâyâ y el deseo que alimenta Móloc. Sin embargo, tus hermanos
menores, han olvidado lo espiritual y solo creen en lo físico, y por eso tienen
que nacer y morir tantas veces. Ellos deben de aprender que sólo son almas
viviendo en la difícil escuela del mundo físico y también, aprender a manejar
la energía física para finalizar el penoso camino que les ata a la materia.
Se sintió profundamente apenado por sus incontrolados pensamientos y la
merecida réplica que ahora recibía. Curiosamente ése había sido el mismo
razonamiento que él había meditado tantas veces cuando comprendió que su
estado social intraterreno había progresado, precisamente en este planeta,
porque había funcionado en su seno, el destierro de los seres más reluctantes
a la luz hacia la humanidad “bárbara” de superficie. Este tipo de destierro
aparentemente elevaba a unos y hundía a otros hacia un pozo sin fondo, al
polarizar el mal y el bien del planeta en dos bandos, en lugar de igualar y
armonizar las cargas de cada uno.
-
Gran Señor de la Luz,
siento mucho mis incontrolados e injustos pensamientos. – Se decidió a hablar
tímidamente–. Pero me preguntaba: Si nosotros hemos realizado todo lo que
estaba en nuestra mano para evitar el desvío tan profundo de las reglas de la
luz y la armonía, como el que se observa en la humanidad de superficie...
En ese momento Atmah sintió no haberse mordido antes su “larga lengua
mental”; la misma, que le había acarreado y seguía acarreándole tantos
disgustos. ¡Cómo se atrevía él a hacer semejante pregunta a un Gran Señor
de la Luz…!
Pero al instante una respuesta
amorosa y comprensiva le llegó clara y diáfana, para aliviar su “pesada
carga de conciencia”.
-
Dices bien Atmah, esa misma pregunta se la han realizado muchos seres
excelsos hasta ahora y la respuesta, aunque única, permanece diferenciada en
los corazones de todos esos seres. Verás Atmah, cada uno de nosotros guarda unas conexiones íntimas
y personales entre nuestro Núcleo Cósmico o Mónada y los demás Núcleos Cósmicos
del Universo, entre los que se encuentran los que encarnan actualmente en la
humanidad de superficie. También es verdad que no todos los humanos de
superficie han sido responsables de los infames actos cometidos por su raza, a
los cuales, nuestro comandante en jefe, Samâna,
en su encarnación como Cristo, se
refirió como: los Inocentes, los Mansos que heredarían este Planeta después
de su purificación.
Ashtar
Sheran,
permaneció en silencio un instante, dando tiempo para que Atmah expresase otra de sus
incontenibles dudas y preocupaciones. Pero Atmah, que estaba ahora bien aleccionado, mordiéndose con
ahínco su “larga lengua mental”, pensó ahorrarse ahora, un más que seguro nuevo
sobresalto.
-
Atmah
-continuó ahora la voz dulcemente-, debes de comprender que la vida de
superficie en este planeta, aunque difícil, no deja de ser una escuela en la
materia, y que muchas de sus almas la han elegido libremente, aunque para otras
el descenso constante, incluso desde niveles superiores, les ha conducido a un
callejón sin salida; al haber perdido sus atributos “Divinos” y no ser
ahora más que seres degradados que viven de la debilidad de sus antiguos hermanos
menores desprevenidos y engañados por los mismos que anteriormente los guiaban
hacia la luz y ahora los dirigen en la oscuridad hacia el abismo que han
construido por y para ellos.
Los
“oscuros”, estos seres de odio y rencor han construido jaulas de terror en
las que se encierran ellos y sus semejantes, utilizando a los
“desprevenidos” como rehenes y escudos ante la Justicia Divina. Ellos
representan a la serpiente tentadora que hace caer en el error a Adán, a
sabiendas de que así, éste a su vez oculte la propia falta de la
serpiente y le sirva de esclavo a ella en su largo camino descendente.
Ahora sí, Atmah, no pudo seguir callado y se sorprendió a sí mismo
formulando otra pregunta…
-
Gran Señor. ¿Cómo pueden ellos, los “oscuros”,
mantenerse en el plano físico sin pasar por la fuente de renacimiento en la Luz
que supone la reencarnación humana?
Una sonrisa mental saludó las palabras de Atmah, la cual, fue repetida por
muchos de los grandes seres que permanecían atentos a la conversación en la
sala de resonancia cósmica. Era evidente que la curiosidad y el fresco
desparpajo del joven ayudante intraterreno habría de ser muy instructiva también
para ellos, después de todo…
-
La Fraternidad de las Tinieblas no existe solo en tu
planeta, como sabrás de antemano. Por el contrario,
una serie limitada de mundos se adhirieron a la rebelión de Ialdabaoth,
y muchos de sus lugartenientes y ayudantes se involucraron en esa fraternidad,
sellando insensatamente su ascenso evolutivo y su estadio espiritual.
Sin embargo, el Misterio
del Mal Cósmico no comienza ni mucho menos con Ialdabaoth, ni tampoco terminará con él. La
Energía Única, al reflejarse en los estados materiales de un universo, puede
llegar a presentarse como si fuera un mal, debido a la imperfección propia de
los niveles materiales, que pueden llegar a reflejar la Luz de forma
distorsionada, como lo haría un espejo defectuoso con la más hermosa de las imágenes.
Así, en éste planeta, las formas desvirtuadas de la luz se presentaron en la
composición material de sus átomos, desde los primeros momentos de su
materialización física, antes incluso de la rebelión de Ialdabaoth. Y poco a poco han ido
tomando forma y controlando los planos físicos, mental y astral, amordazando al
planeta en una oscura nube de miedo, odio y terror.
Pero
esas fuerzas nunca consiguieron penetrar en el plano espiritual pues, el cuerpo
de luz que sustenta al alma humana, resistió los ataques que querían corromper
ese plano para conseguir la “vida eterna” en la materia. Algo tan buscado y
deseado por los seres desnaturalizados, que ha constituido su único y obsesivo
objetivo para sobrevivir a su terrible destino. Así, muchas almas, en reacción
al asedio al que se veían sometidas, se desentendieron de sus cuerpos
inferiores y se desprendieron de ellos en una renuncia que causó la propia
disolución del alma en el cuerpo Monádico, el cual inició un nuevo ciclo
evolutivo desde los estadios primitivos de evolución Monádica. Aquel heroico
sacrificio de las almas dejó tras de sí a los cuerpos inferiores a su libre albedrío
y así nacieron
los “seres sin alma”, entidades físico-etérico-mentales que formulan su
existencia a partir de su núcleo de consciencia, y que presentan a su propio
Ego como a su oportuno dios creador. Son ellos, los que para poder sobrevivir
sobre los ciclos ordenados por las Leyes Cósmicas, necesitan desesperadamente
subvertir el desarrollo normal de la vida, para robar de ésta, su porción de
existencia.
Atmah, tú ya conoces a esos seres astrales bajo la
denominación de “espíritus hambrientos”, pero existen un tipo de seres
astrales especialmente malignos que han realizado y que aún realizan una labor
obsesiva y posesiva sobre los inmaduros subconscientes humanos, ellos son
llamados “los moradores del umbral”. Los “hombres sin alma” vuelven a
reencarnar en personalidades cada vez más abyectas, abriéndose paso en contra
de la corriente astral a través de la envoltura áurica de los nuevos cuerpos físicos
en los que encarnan, cada vez con mayor dificultad, como un vampiro que de forma
parásita succiona la energía viva que no le pertenece hasta que la agota
completamente. De esta forma, llega un momento en que no pueden seguir
re-encarnando directamente en cuerpos físicos, por mucho que los placeres
animales les reclamen, entonces permanecen en “el umbral” de la vida física,
como entes malignos que practican la obsesión sobre los seres humanos más débiles.
Tradicionalmente estos seres vivían ocupando los cuerpos de otros humanos
desdichados y enajenados, que por fanatismo o ansias de poder eran engañados
por estos entes y les prestaban sus propios cuerpos físicos, de los cuales
tomaban posesión para no devolverlos ya nunca más, o al menos, hasta que se
desintegraban y degradaban totalmente bajo la ley inexorable de la vida
evolutiva.
Como
sabes, en este planeta el cuerpo celular se renueva completamente cada siete años
terrestres, y durante ese período los patrones cósmicos de su anterior
propietario están aún activos. Pero al cumplir ese plazo varios “efectos
desagradables” comienzan a hacerse sentir en los cuerpos materiales poseídos
por entes extraños a sus propietarios originales, promoviendo su degradación física
y su putrefacción en vida. Los seres involutivos que habitaban cuerpos robados,
no tenían más remedio que poseer a otros nuevos seres humanos engañándolos,
o realizar ciertos ritos relacionados con la sangre y otros fluidos corporales
de repugnante catadura, sólo para prolongar misérrimamente su lastimosa forma
de vida.
Aunque,
finalmente, muchos de los seres que no conseguían mantenerse en el plano de
vida físico, pasaban nuevamente a ser formas mentales y etéricas que habitaban
el bajo astral haciendo daño a los encarnados y aterrorizando a los
desencarnados a los que usaban de siervos y esclavos. Estos seres repugnantes, aún
hoy, están al acecho de los vivos que puedan
resultar victimas fáciles para la posesión. Muchos de los casos clínicos de
los hospitales psiquiátricos humanos, solo son en realidad, pobres infelices a
medio poseer.
Pero
la realidad se volvió mucho más dura para ellos a raíz del Gran Sacrificio en
el que la Sangre del Redentor regó la materia del planeta, y su aura impregnó
el cuerpo astral del mismo, a semejanza de una antorcha divina, cuya refulgente
Luz nunca podrá ser extinguida, extendiéndose sobre los campos al despuntar el
nuevo día.
La
posesión de cuerpos fue, a partir de entonces, muy limitada y en el raro caso
en el que se producía, el ser oscuro que lo habitaba no podía controlar
enteramente el cuerpo poseído.
Esto
provoca en los últimos años una búsqueda desesperada de “cuerpos sin
alma” que puedan ser fabricados artificialmente mediante alteraciones genéticas
como la clonación, que permitan un aporte de cuerpos físicos “fáciles” y
de “buena calidad” para su uso “industrial” por parte de los seres
tenebrosos.
Ya
desde la época Atlante las fuerzas involutivas controlaron mayoritariamente los
planos físico, astral y mental de la superficie terrestre, y obligaron a las
fuerzas evolutivas a enclaustrarse en el mundo intraterreno. Desde entonces las
fuerzas involutivas han controlado la superficie del planeta mediante el terror
que obliga a los hombres a pensar obsesivamente en la muerte como el tenebroso
fin, o aún peor, el comienzo de suplicios sin límites atormentados por seres
horrendos que al vivir agazapados en el subconsciente humano, son generados por
las mismas mentes alocadas de éstos, durante los primeros estados de la muerte
física.
Sin
embargo, la Confederación de las Tinieblas también ha viajado libremente a
través de los mundos de éste sistema solar y también de otros sistemas, basándose
en tecnologías generalmente robadas a los centros evolutivos, de los cuales debían
hacerse responsables en su tiempo. Estas tecnologías fueron usadas en beneficio
de unos pocos para la dominación de razas y planetas por una parte limitada y
acotada de la galaxia.
Muchos
de los Superhombres Atlantes y los Nigromantes de la era Aria, no eran
originarios de éste planeta, ni manejaban tecnologías terrestres. Incluso hoy,
respecto a la tecnología formal o aparente de la cultura Occidental está muy
atrasada con la tecnología real, en uso por la élite de las fuerzas
involutivas que pudo en su día realizar viajes por el tiempo y el espacio. Pero
desde la Gran Advocación del 8/8/1988, el bloqueo y la cuarentena de este
planeta y de otros muchos planetas involutivos fueron declarados. Desde
entonces, las peligrosas y brutales naves extraterrestres involutivas que
experimentaban con los humanos como si de ratas de laboratorio terrestre se
trataran, fueron bloqueadas en sus respectivos planetas impidiendo su acceso a
otros mundos. Y si alguna se atrevía a desafiar el bloqueo era inmediatamente
destruida y sus tripulantes involucionados hacia ciclos evolutivos de bajo
nivel. El control del espacio y el tiempo actualmente, es total por parte de las
fuerzas evolutivas de la galaxia, dentro de los márgenes que la Ley Kármica
determina aquí en la Tierra. Durante las décadas de los años 60 y 70, aparte
de los innumerables incidentes OVNI, como los “gobiernos” terrestres lo
designan, las fuerzas involutivas que controlan en la sombra la mayoría de los
“gobiernos democráticos” del mundo de superficie, consiguieron
adquirir la tecnología extraterrestre
necesaria para viajar por el tiempo y el espacio mediante la inversión de las
frecuencias de la vibración de los núcleos atómicos. Estas experiencias se
materializaron en viajes secretos al pasado, en concreto al año cero cristiano,
y a planetas como Marte, buscando la consecución de objetivos oscuros, y de
inconfesable trasfondo.
Pero
desde la Gran Advocación esos experimentos fueron bloqueados y muchas de las sórdidas
y secretas “ventajas” de las fuerzas involutivas canceladas.



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