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Ialdabaoth o Lucifer, como se le conoce en la mitología terrestre, fue perteneciente a la primera creación, junto con la mayoría de sus “Ángeles Caídos”, siendo Ialdabaoth creado el primero como el más sabio y el más hermoso de los Suras, los primeros dioses creadores que forman la primera emanación o creación primaria desde las Tinieblas a la Vida Manifestada. Ialdabaoth, la Estrella Resplandeciente e Hija de la Mañana, es anterior a los Dhyân Chohans, los Regentes evolutivos del Tiempo y del Espacio, y a los Pitris o hijos de Pitâ, el Padre, y creadores colectivos del Mundo y de los Hombres. 

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  LA CRUZ DE HIELO

  

     LA REBELIÓN DE  Ialdabaoth  

 

 

4. LA REBELIÓN DE  Ialdabaoth 

 

 

 

Pero la Sombra iba creciendo cada día sobre éste y otros sistemas planetarios… 

Un buen día, cuando astrológicamente todos los planetas menos Saturno se situaban en conjunción con el Sol y la Luna, el más alto Consejo Solar de este sistema tuvo que decidir sobre un cisma de consecuencias imprevisibles que sobrevino desde el centro de regencia de éste conjunto de sistemas planetarios de la galaxia. A raíz de ese cisma, la mayoría del alto Consejo Solar, todos los Logoi y varios Regentes Planetarios se alinearon con las más altas jerarquías galácticas, mientras que los otros Regentes se alinearon con la Jerarquía inmediatamente superior del sector galáctico al que pertenecía este sistema, aquella que precisamente había producido el cisma. 

Así, Ahriman, el Príncipe Planetario Terrestre, se alineó con Ildabaoth Regente de Saturno, con  Sabaoth de Marte, y el Príncipe Tao  de la Luna, que a su vez se unieron con Ialdabaoth, el Regente Galáctico en rebeldía. 

Por otro lado, el Regente Planetario Solar Adonai,  Eloi  Regente de Júpiter, Orai Regente de Venus y Astaphai, el Regente de Mercurio, se alinearon junto a todos los Logoi Planetarios del sistema Solar y con las sempiternas Jerarquías encabezadas por Mihael el Hijo Creador del universo local.

 

La razón principal del cisma fue que Ialdabaoth, el Regente Galáctico del sector al que pertenecía este Sistema Solar, había desafiado al mismísimo Príncipe Mayor e Hijo Creador del universo en el que se encuentra el conjunto de galaxias al que pertenecemos. 

Ialdabaoth había rehusado realizar una de sus efusiones secuenciales de la Cuarta Ronda por la que cada Jerarquía Estelar debe obligatoriamente entrar en los Rupas, sombras o imágenes de sus inferiores y cumplir las tareas evolutivas que le sean asignadas como el más humilde de los seres coligados a ellas. Así ha prevalecido desde el principio de la formación del universo, y así prevalecerá hasta su disolución en la culminación del Manvantara en curso.

Ialdabaoth había declarado que únicamente él había creado a los Diez Señores del Ser, que producen a su vez a los siete Manus. También se vanagloriaba Ialdabaoth

-         Soy Padre y Dios, y nadie está por encima de mí.

Y ante tamaña aberración, su propia madre Sophia Achamôth, le humilló diciendo:

-         No mientas Ialdabaoth, porque  Mihael el Hijo Creador, el Primer Hombre, es superior a ti, y así es Mihael el Hijo de Mihael.

Pero Ialdabaoth, en tono orgulloso la contestó:

-         Madre, es cierto que Mihael “Era” antes que yo, pero si él refrenando su poder se ha negado a crear progenie. ¿Por qué he de hacerlo yo?.

Y su madre le replicó:

-         Mihael rehúsa poblar los mundos que aún no están preparados para recibir la vida, pero tú, que has recibido una orden superior, te niegas a dar tu simiente en los mundos que ansían recibirte.

 

Efectivamente, Ialdabaoth había sido el creador de los Diez Señores del Ser, de los cuales, entre su descendencia se encontraba el Regente Solar de este sistema, que a su vez creó a los siete Manus, o Consciencias Planetarias.

Ialdabaoth o Lucifer, como se le conoce en la mitología terrestre, fue perteneciente a la primera creación, junto con la mayoría de sus “Ángeles Caídos”, siendo Ialdabaoth creado el primero como el más sabio y el más hermoso de los Suras, los primeros dioses creadores que forman la primera emanación o creación primaria desde las Tinieblas a la Vida Manifestada. Ialdabaoth, la Estrella Resplandeciente e Hija de la Mañana, es anterior a los Dhyân Chohans, los Regentes evolutivos del Tiempo y del Espacio, y a los Pitris o hijos de Pitâ, el Padre, y creadores colectivos del Mundo y de los Hombres.

Desgraciadamente, en el momento de la “Gran Maldición” o “Gran Sombra”, según la conocemos actualmente; la Tierra como cuarto planeta del sistema, tenía una relación fundamental con el séptimo regente de éste sistema planetario que era Saturno, pues es conocido que los miembros Séptimo y Cuarto de una cadena Septenaria de Mundos mantienen una unión y sintonía especial dentro del conjunto de relaciones globales.

Para mayor complicación, la Cuarta Raza Atlante terrestre, había nacido bajo el imperio de la Luna y de Saturno, Soma y Shani. Que desarrollaron en esta Raza los aspectos vinculados con los Rayos Oscuros de la Luna y la Mente Concreta, cuya influencia planetaria ejercía Saturno.

Por tanto,  Ahriman, el Príncipe Planetario Terrestre, se alineó gustosamente con Ildabaoth Regente de Saturno, que a su vez estaba fuertemente unido a través del Rayo Cósmico afín, a Ialdabaoth el Regente Galáctico.

 

Hay que entender en este punto, que en ningún caso fueron los Logoi Planetarios del Sistema Solar  los que se alinearon con “La Sombra”, sino solamente algunos de los Manus, o Demiurgos Planetarios que son generados por el Rayo Séptuple emanado a través del Regente Solar. Así, los Manus son fuerzas directoras de los mundos que en sí mismas no son buenas ni malas, sino el origen del Bien y del Mal, el cual asumen a través de los aspectos diferenciados de la Naturaleza.

Aunque el concepto del Mal y su auténtica relación con el Todo, no puede ser comprendido hasta la Sexta Iniciación en la cual son desveladas las Siete Claves del misterio de la “Caída” de los seres angélicos hacia la Materia, es decir, el mundo de  Mâyâ y del deseo o Móloc

La “Caída” realmente debe de ser comprendida como el inicio de un ciclo que representa, en un extremo de la escala de la evolución, la acción de la inteligencia diferenciándose y buscando la unión con la materia; y en el otro extremo, la rebelión de la Materia contra el Espíritu

Ahora bien, las implicaciones que trajo esa “Caída” para el sistema de mundos en el que se produjo fueron enormes. El “Gran Engañador” empleando el razonamiento y la lógica de la mente concreta, sedujo a los Manus y a las demás Jerarquías  de muchos mundos para que abandonasen los preceptos y las verdades eternas que nunca antes habían violado, difundiendo la confusión y la oscuridad en una extensión tan vasta que es difícilmente imaginable.

Urano, Neptuno, Plutón, y el recientemente adquirido Quirón, que no formaban parte de la jerarquía planetaria en esta Ronda de Mundos, reservaron sus implicaciones sistémicas para futuros desarrollos planetarios.

Esta situación supuso un golpe durísimo al equilibrio en este sistema planetario, aunque en su mayor exponente, lo alcanzó la ya de por sí precaria situación del planeta Tierra. El punto álgido de este período lo marcó el segundo gran diluvio Atlante causado por un nuevo desplazamiento del eje magnético terrestre.

Los Asuras que encarnaron durante esa época entre los Reyes Atlantes para guiarlos durante la transición de la Cuarta a la Quinta Raza Raíz entraron en enfrentamientos entre ellos, debido a la desunión entre la regencia planetaria del Manu rebelde Ahriman, y el propio Logos Planetario Terrestre.  Como consecuencia de esas luchas, los Asuras, Devas y otros seres de un amplio espectro entre los que se encontraban los reyes y el pueblo Atlante, se dividieron en dos bandos irreconciliables sobre la faz del planeta que forzaron a una guerra global en los dos vastos continentes Atlantes existentes en aquel tiempo: El continente de Kusha, situado en la actual zona Atlántica sobre el Trópico Norte y , el continente situado en la zona subtropical del Pacifico.

 

El rey Thevetat fue uno de los últimos Reyes Atlantes bajo cuya influencia maléfica la raza atlante se convirtió en una nación de magos perversos. Aunque no todos los Asuras optaron por Ahriman, sino que muchos de ellos se asociaron al  Logos Planetario Terrestre, junto a los Hijos de la Voluntad y del Yoga, la raza intraterrena que por aquel entonces tomó partido y se involucró con la causa del Logos.

 

Una terrible guerra global asoló al planeta, el rey Thevetat, al mando de los Daityas y los diablos Râkshasas que controlaban el continente de Kusha  luchó cruel y encarnizadamente contra los Âdityas y los Sâdhus o sabios guías de la Raza Atlante, liderados por Roth, el príncipe adyta que guiaba a las fuerzas intraterrenas y a los habitantes del continente de .

Las terribles consecuencia de la devastadora guerra concluyeron con el segundo y definitivo diluvio Atlante. Esta guerra, además, decidió los destinos de los dos pueblos, el intraterreno y el perteneciente al mundo de superficie, en dos culturas separadas y realidades diferentes dentro del mismo planeta. Los vestigios de esta terrible confrontación quedaron grabados en la mente colectiva de la humanidad actual y reflejados en muchas de sus leyendas tradicionales, en las cuales, aún se llora la partida de los Elfos (Âdityas) hacia la Isla Sagrada (Âgarttha).

Este segundo diluvio, acabó con las últimas grandes civilizaciones Atlantes situadas en las penínsulas de Ruta y Daitya, dejando únicamente un remanente de la cultura Atlante en la isla de Poseidonis, la cual sería destruida algunos miles de años después, como consecuencia de las acciones geológicas que habían fragmentado los últimos restos del gigantesco continente Atlante de Kusha y desecho el continente de .

   

 

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.