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La Verdad Absoluta no existe para el hombre; sin embargo, sí existe la Verdad Única pues ella puede ser concebida como una piedra de múltiples facetas o un Tótem de múltiples caras, éste último, siendo observado desde distintos ángulos, muestra distintas caras, pudiendo ser percibido como si se tratasen de objetos distintos, cuando en realidad se trata del mismo objeto. En contraposición, la mentira puede ser imaginada como un rebaño de ovejas en un amplio prado,  varios observadores distintos en lugares diferentes creerán haber visto a la misma oveja, cuando en realidad se trata de animales distintos.  Por tanto, la Verdad y la Mentira absolutas deben ser rechazadas y, en su lugar, debemos entrenar el espíritu para discernir lo único en lo variado y la variación en lo único.

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante] 

La Mirada Interior

Lipikas

¿Realidad o ficción?

¿Dónde esta la Verdad?

La mayor parte de las discusiones en esta humanidad han estado basadas en una sencilla disputa: ‘Quién está en lo cierto y quién miente’.

Se ha matado torturado y exterminado a pueblos enteros sólo para poder estar en “posesión de la verdad” de forma indiscutible. Aunque para ello hubiese que asesinar a todo aquel que pudiese discutir dicha verdad...

Un ejemplo típico de ello ha sido la Inquisición Católica, e incluso mucho antes, la propia Iglesia desarrolló de forma un tanto ‘sui géneris’  sus propios dogmas de Fe, tal como lo cuenta Madame Blavatsky:

<< ¿Es Dios, hombre, o Dios y hombre a la vez... ? La discusión de este punto le ha costado a la humanidad ríos de tinta y mares de sangre; y no obstante todavía subsiste la duda. En esto, como en todo, se han contradicho varias veces los concilios, según demuestra la siguiente recapitulación. Esto es Historia: El obispo Pablo de Samosata, negó la divinidad de Cristo en el primer concilio de Antioquía, cuando aún estaba en mantillas el cristianismo teológico. Le llamaba "Hijo de Dios" solamente en atención a la santidad de su vida y obras, pero diciendo que su sangre era corruptible en el sacramento de la Eucaristía.

En el concilio de Nicea, celebrado el año 325, expuso Arrio sus doctrinas que estuvieron a punto de quebrantar la unidad de la fe. Diez y siete obispos se adhirieron a la doctrina de Arrio, quien fue desterrado por sostenerlas. No obstante, treinta años después (355), en el concilio de Milán, firmaron trescientos obispos un mensaje de adhesión. a las ideas de Arrio, a pesar que, en el segundo concilio de Antioquía (345), habían sostenido los Eusebianos que Jesucristo era Hijo de Dios y consubstancial con el Padre. En el concilio de Esmirna (357), el "Hijo" ya no era consubstancial, triunfando con ello los anomeanos y arrianos, que negaban esa consubstancialidad. Un año después, el segundo concilio de Ancira decretó que el Hijo "no era consubstancial, sino tan sólo semejante en substancia al Padre". El Papa Liberio sancionó esta decisión.

Durante algunos siglos debatieron y controvirtieron los concilios las más opuestas opiniones, hasta dar por fruto de su labor el dogma de la Trinidad que, como Minerva de la frente de Júpiter, surgió del cerebro teológico, armada con todos los truenos, la Iglesia. El nuevo misterio fue anunciado al mundo entre terribles contiendas, salpicadas de sangre. El concilio de Zaragoza (380) proclamó que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son una misma persona y que la naturaleza humana de Cristo es pura ilusión. "Una vez en tan resbaladizo terreno, los Padres de la Iglesia tenían que caer en el absurdo"; porque ¿cómo negar naturaleza humana al nacido de mujer? La única voz juiciosa que se dejó oír en uno de los concilios de Constantinopla fue la de Eutiques, quien tuvo el valor de decir: "Dios me libre de discurrir sobre la naturaleza de mi Dios." Por ello le excomulgó el Papa Flavio.

En el concilio de Efeso (449) pudo desquitarse Eutiques, pues, como Eusebio, el veraz obispo de Cesárea, le incitase a admitir dos naturalezas distintas en Cristo, declaróse el concilio contra Eusebio proponiéndose que Eusebio fuese quemado vivo. Los obispos se levantaron como un solo hombre, y con los puños cerrados y llenos de cólera, pidieron que Eusebio fuese partido en dos, como él quería dividir la naturaleza de Jesús. Eutiques quedó reintegrado en su cargo episcopal, y Eusebio y Flavio depuestos de sus sillas. Los dos partidos se combatieron desde entonces con violencia grande, llegando al extremo de que San Flavio murió de resultas de los malos tratos infligidos a su persona por el obispo Diodoro, quien le acometió y le dio de puntapiés.

Viéronse en estos concilios las mayores incongruencias que dieron por fruto las palmarias paradojas que se llaman dogmas de la Iglesia. >>  

Vemos como los grupos institucionalizados en el poder mantienen los mismos patrones represivos para ostentar la "verdad absoluta". La enfermiza y obsesiva persecución de la “herejía”  dentro de la propia Iglesia Católica y sobre todo la manipulación sistemática y descarada de todos los documentos históricos que no se ajustasen exactamente a sus disparatados “dogmas de fe”, fueron siempre una constante en la “Iglesia del Imperio”, que invariablemente estuvo mucho más preocupada por exterminar y sojuzgar las menores discrepancias  en su seno que en extender el mensaje de Cristo por el mundo.  

Aún así, muchos seres espirituales encarnaron después dentro y fuera de la Iglesia Católica para transmitir el auténtico legado liberador del Reino de los Cielos y del Amor, seres como Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, el padre Pío de Pietrelcina, junto con otros pensadores y místicos como San Agustín, realizaron una tarea titánica en medio de un entorno muy hostil, para mantener viva de palabra  y obra el gran mensaje liberador del Amor

No obstante, fueron más los seres evolutivos que rezan entre los torturados y quemados por la Inquisición, que entre los elevados a los altares de la ‘Iglesia de Jehovah’.

Aunque pueda creerse que tales hechos no pasan de ser “curiosidades históricas”, lo cierto es que esa misma forma de “resolver los problemas” se sigue ejerciendo en el conjunto de los órganos de poder de esta sociedad actual. Por descontado, todo se disimula con una película de hipocresía para que parezca “políticamente correcto”.

La “verdad” hoy tiene un precio e incluso cotiza en Bolsa, y hay que reconocer que es un negocio más que respetable, miles de grupos políticos, asociaciones y sectas religiosas, agencias de prensa, “holdings” financieros y  hasta grupos benéficos viven precisamente de poseer la “verdad”.

A resultas de esto, cualquier hombre inteligente hoy en día debe de saber una cosa: ‘desconfía de todo aquel que dice poseer la verdad’.

Pero esta actitud en la gran mayoría de casos de traduce por la entelequia: ‘todo es mentira’. Y es precisamente esta actitud la que constituye el mayor cáncer moral de esta sociedad.

Sin embargo existe una actitud mucho más positiva y evolucionada que puede ser admitida: ‘mi verdad es tan válida como cualquier otra’. Esta última aseveración implica que hay forzosamente que “construirse una verdad” con los mejores materiales posibles, y es en ese punto cuando el ser humano adquiere plena conciencia de la responsabilidad de su existencia individual. La cual, desde ese preciso instante pasa a guiarle de forma absoluta en su peregrinaje por esta incierta realidad.

 

¡Yo Soy!

Imaginemos que el mundo gira a nuestro alrededor, o mejor dicho que nosotros hemos construido un pequeño universo a nuestra medida. Ese mundo es por tanto imagen y semejanza de nosotros mismos, posee nuestros defectos y nuestras virtudes. Todos los seres que lo habitan forman parte de nosotros y son proyecciones de nuestra propia mente...

¿Cómo sería ese mundo? ¿Cómo  lo imaginamos...? Sería un mundo de paz y felicidad o  por el contrario de caos y conflictos permanentes. ¿A quién recurriríamos para que ese mundo entrase en razón?

Si no les diésemos capacidad inteligente y voluntad propia nuestros personajes sólo se moverían cuando nuestro Yo los moviese personalmente –lo cual sería bastante aburrido-, y si les diésemos voluntad propia... ¿Cómo controlarlos?

Realicemos un viaje por ese mundo nuestro recién creado. ¿Qué leyes definiríamos para él? ¿Tendríamos que ajustarnos nosotros a esas mismas leyes que definimos para su supervivencia? ¿Cómo nos presentaríamos a nuestros personajes: Como un Dios Terrible, o como un Padre amoroso?.

Ese mundo que hemos creado jugando con nuestra mente toma vida precisamente en nuestro cuerpo físico, y con tristeza observamos como hay desórdenes en nuestro riego sanguíneo, las encimas de nuestro hígado se desmandan y nuestros nervios se estremecen convulsos y alocados. Decidimos actuar y convencer a nuestros glóbulos rojos para que regulen su flujo y su aporte de oxígeno a las ansiosas y agotadas células.

¿Cómo hacerlo? ¿Hablaríamos con todos nuestros glóbulos de una vez o elegiríamos a uno como líder y  le haríamos entrar a él en razón, para que guiase a los demás...?

Atravesemos ahora el espejo para realizar esta urgente tarea... Ya no vemos formas microscópicas achatadas corriendo por venas y capilares, sino a pueblos de seres organizados que sufren opresión y persecución por parte de otros de sus hermanos, impidiéndoles realizar la misión encomendada. Elegimos a una entidad aislada y hablamos con ella:

<< Apacentaba Moisés el ganado de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Llevóle (éste) un día mas allá del desierto; y llegado al monte de Dios, Horeb, se le apareció el ángel de Yavé en llama de fuego de en medio de una zarza. Veía Moisés que la zarza ardía y no se consumía, y se dijo: ‘Voy a ver que gran visión es ésta y porqué no se consume la zarza’. Vio Yavé que se acercaba para mirar y le llamó de en medio de la zarza... ‘Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’... ‘He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he oído sus clamores’... ‘Ve pues; yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel de Egipto’.

Moisés le dijo a Dios: ‘Pero si voy a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me envía a vosotros, y me preguntan cuál es su nombre, ¿qué voy a responderles?’. Y Dios dijo a Moisés: ‘YO SOY EL QUE SOY’. Así responderás a los hijos de Israel: YO SOY me manda a vosotros. [La Biblia; Éxodo 3] >>

 

El Ser Interior

Realmente nosotros no somos elementos individualizados independientes, sino proyecciones de seres excelsos mucho más elevados con los que nos comunicamos por medio de conexiones sutiles, el Yo Soy, es el Espíritu Santo que existe en cada ser humano, aquel que se encarga del despertar interno.

El sentimiento de Yo Soy Yo, comienza a definirse a esta nueva realidad en el entorno formal donde el Ego humano se desenvuelve dentro de la ilusión creada por Mâyâ.

Y es precisamente ese ser interior el que nos une con todas las humanidades de la galaxia en un abrazo de amor y comprensión.

El Conde de Saint Germain nos habla de esa Poderosa Presencia que habita dentro de nosotros: 

<< Yo Soy la Poderosa Presencia, que nunca se torna impaciente o se siente desalentada por los largos períodos en los cuales los hijos de la Tierra le dan la espalda a la Luz para disfrutar de las actividades sensoriales, hasta que un día se les hacen tan repelentes y casi con el último aliento gritan: ¡Oh, Dios, Sálvame! >> 

  

Desde la más remota antigüedad la Divinidad se ha referido a sí misma como a la poderosa fuerza que yace dormida en nuestros corazones. Así Krishna, se define él, y la característica de su propia naturaleza, con las maravillosas citas que aparecen en el Bhagavad Gîtâ:

<< Yo Soy el Espíritu del Devenir, su principio, su estado mediano y su fin. De entre los seres soy el más noble de todo lo creado. Entre los seres espirituales soy Vishnú; entre los astros el Sol; entre las luces la Luna; entre los elementos el Fuego; entre las montañas el alto Mérou; entre las aguas el gran océano del mundo; entre los ríos soy Gandha; y Ashvattha entre todos los árboles; soy el Regente, en el verdadero sentido de la palabra, de los hombres y de todos los seres vivientes; entre las serpientes soy la que existe eternamente, el Gran Círculo del Tiempo, que es el fundamento de la existencia humana >>

 

Lo pesado es la raíz de lo ligero. La quietud es más poderosa que la agitación. El Sabio camina todo el día sin separarse de su pesado equipaje.

[Lao Tse, Tao Te King]  

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.