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Orígenes de la moderna teoría geológica:

Este artículo puede encontrarse completo en: 

www.sedin.org/propesp/grinnsp

Se publica aquí solamente una breve sinopsis del mismo para su análisis y evaluación:

Los orígenes de la moderna teoría geológica

Por GEORGE GRINNELL

 

Introducción

«Creo que cualquier alegato de un reconocido radical como yo lo soy —escribía Charles Babbage al geólogo Charles Lyell el 3 de mayo de 1872— solamente dañaría a la causa, y por lo tanto lo dejo gustosamente en mejores manos.»

Charles Babbage (1792-1871) era profesor Lucasiano de Matemáticas (1828-1839) en aquellos tiempos, y chapuzador en geología, teología, y fabricación, y había fracasado recientemente en su intento de conseguir un escaño en el Parlamento. En 1837 había publicado su The Ninth Bridgewater Treatise (El Noveno Tratado de Bridgewater), que constituía un ataque contra la teología del sistema anglicano, y en 1851 había lanzado un ataque contra el campo Tory en su obra Reflections on the Decline of Science in England (Reflexiones sobre la decadencia de la Ciencia en Inglaterra), cuyo propósito era argumentar que los ricos aficionados Tories tenían el dominio de la política científica, y que ejercían una discriminación en contra de los científicos de posición social más desaventajada, que eran los más merecedores de apoyo.

Charles Lyell (1797-1875), a quien él estaba escribiendo, había de publicar el segundo volumen de sus Principles of Geology (Principios de Geología, volumen I: 1830, volumen II: 1832, volumen III: 1833), una obra escrita en apoyo del liberalismo político —aunque ostensiblemente era un trabajo científico objetivo libre de cualquier implicación política. En su carta del 3 de mayo a Lyell, Babbage le explicaba por qué no quería escribir una reseña favorable del libro. De una manera muy inteligente, los científicos de ideas radicales, como Babbage, Lyell, Scrope, Darwin y Mantell, no querían que el público llegase a conocer que aquello que estaba siendo promovido como verdad objetiva era poco más que propaganda política débilmente disfrazada.

El propósito de este artículo es explicar lo que Babbage quiere decir con las palabras «radical» y «causa» cuando escribe el párrafo que se acaba de citar:

«Creo que cualquier alegato de un reconocido radical como yo lo soy solamente dañaría a la causa, y por lo tanto lo dejo en mejores manos.»

La primera parte de este artículo investiga las implicaciones políticas de la Geología de la primera parte del siglo xix. La segunda parte explora la naturaleza de la «causa» de Babbage y de Lyell.

 

Las implicaciones políticas de la Geología principios del XIX:

En 1807 escribía Humphrey Davy a su amigo William Pepys: «Estamos formando un pequeño club de charlas-almuerzo geológicas, del cual espero que será usted un miembro.» De los trece miembros originales cuatro eran médicos, uno un ex ministro unitario, dos eran libreros; otro, el conde Jacques-Louis, había huido de la Revolución Francesa. Cuatro eran cuáqueros, y dos, William Allen y Humphrey Davy, eran ricos e independientes aficionados a la Química. Tan solo uno de ellos, George Greenough, tenía alguna educación en geología o minerología —habiendo hecho una visita a la Academia de Friburgo algunos años atrás, juntamente con Goethe— pero no hizo de ello su medio de vida ni por imaginación. Era miembro del Parlamento. Desde luego, lo extraordinario de la Sociedad Geológica de Londres es que ninguno de los miembros originales era geólogo. El «pequeño club de charlas-almuerzo geológicas», como Davy lo describió, era un club para caballeros que tenían ganas de hablar, no de martillear rocas.

Al siguiente año se unieron 26 miembros a la Royal Society, incluyendo a Joseph Banks, el presidente de la Royal Philosophical Society, y un año después el número de miembros pasó a 173. El concepto del «pequeño club de charlas-almuerzo» se volvió insostenible; en lugar de ello se alquilaron locales. Se habló de editar una publicación, y Sir Joseph Banks, temiendo que la Sociedad Geológica creciera pronto más que su antigua y prestigiosa Royal Philosophical Society, dimitió como protesta. Para el año 1817, solo diez años después de su fundación, la Sociedad Geológica tenía más de 400 miembros, y en 1825 estaba formada por una membresía de 637.

La fundación y el temprano crecimiento de la Sociedad Geológica de Londres son dignos de mención por diversas razones. Las sociedades científicas anteriores, como la Real Academia francesa y la Sociedad Filosófica de Londres tenían una base mucho más amplia. Había habido unos pocos intentos abortivos de formar sociedades científicas especializadas en Química y Botánica, pero no habían quedado en nada. La Sociedad Geológica de Londres era realmente la primera sociedad científica especializada, y su temprano crecimiento no tenía precedentes —de hecho, fue un crecimiento muy difícil de explicar, especialmente si se tiene en cuenta que sus primeros miembros fueron casi todos médicos, abogados y miembros del Parlamento; el reverendo William Buckland, que era Deán de Westminster, y Sir Roderick Murchison, que era un rico oficial retirado del Ejército, independiente.

Con esto no se pretende afirmar que no hubiera personas en Inglaterra entregadas activamente a lo que ahora consideraríamos ocupaciones geológicas, porque lo cierto es que Inglaterra estaba en aquel tiempo atravesando una época de construcción intensiva de canales y de explotación minera, y pronto iba a entrar en la era del ferrocarril; pero por más que se busca, no se encuentran estos geólogos prácticos en la lista de membresía. Por ejemplo, William Smith, el ingeniero de drenajes más famoso de la época, que descubrió la técnica de correlación de estratos por medio de los fósiles y que es generalmente mencionado en los libros de texto modernos de geología como el geólogo clave de aquella época, no fue invitado a unirse a la Sociedad Geológica de Londres. Quizás estaba demasiado ocupado haciendo Geología para tener tiempo de hablar de ella, pero si se ha de decir la verdad, la Sociedad Geológica de Londres era un grupo de aficionados parlanchines cuyo único interés en la Geología estribaba en sus implicaciones teológicas y políticas, y no en su aplicación a la minería o a la construcción de canales. Esas implicaciones teológicas y políticas eran cruciales para la estabilidad de Inglaterra y no fueron, por lo tanto, irrelevantes en la temprana historia de la Geología.

El término «Geología» había sido introducido recientemente por el diluvialista suizo De Luc. En los programas de la Universidad Medieval no se halla ningún lugar para el estudio de la tierra, que estaba considerada como corrompida, un producto del diablo y, por lo tanto, indigna de ser estudiada. La Geometría, Numerología, Armonía y Astronomía reflejaban mejor la sabiduría de Dios que el estudio de las cosas de este mundo, según creían los católicos medievales, siguiendo a Platón, pero la Reforma Protestante cambió todo este panorama. Entre los años 1680 y 1780 se publicaron unos quinientos libros y artículos sobre Geología, desde la popular obra del obispo Burnet, Sacred Theory of the Earth (Teoría Sagrada de la Tierra, que mereció siete ediciones entre 1681 y 1753) hasta la erudita monografía de Klein sobre una sola clase de fósiles, Dispositivo Echinodermatum (1732). Los protestantes estaban ansiosos de demostrar que se podía ver la obra de Dios en este mundo con tanta facilidad como en el venidero y, en particular, estaban deseosos de demostrar la verdad literal de la Biblia, que declaraba no solamente que Dios había creado todas las criaturas de la tierra, sino que también provocó el Diluvio para castigar al hombre por sus pecados.

Poco después de la Gloriosa Revolución de 1688, cuando se expulsó a los católicos de Inglaterra, apareció una gran cantidad de obras tratando de conciliar el libro del Génesis con la nueva investigación de la naturaleza. La de más éxito de todas ellas fue el Essay Towards a Natural History of the Earth (Ensayo para una Historia Natural de la Tierra) en la que explicó la secuencia estratigráfica de las rocas suponiendo que durante el diluvio de Noé todas las rocas de la superficie de la Tierra habían sido disueltas por el mar, para ser después precipitadas gradualmente en secuencias estratigráficas que ahora comprenden las formaciones secundarias. Debido a que el esquema woodwardiano preservaba el tema del Génesis de que el Diluvio había sido causado por el decreto divino para retribuir a los hombres por sus pecados, fue recibido favorablemente por la Iglesia Anglicana y vino a ser después, en manos de los Tories, un importante baluarte en su defensa de la monarquía. En 1728 se fundó en Cambridge la cátedra woodwardiana, el primer reconocimiento académico del área de estudio que hoy recibe el nombre de «Geología». Las ideas de Woodward no fueron articuladas solamente en Inglaterra, sino también en el continente —particularmente en las populares clases de Abraham Gotlob Werner en Friburgo, hacia el final de aquel siglo, en las que estudiaron Greenough, von Buch, MacLure, Jamieson, Berger, y muchos otros de los fundadores de la Geología.

Al desarrollarse la geología woodwardiana, empezaron a presentarse un número de anomalías —en particular una falta de correlación entre estratos del Antiguo y Nuevo Mundo, así como sobrecapas de basalto y granito en lo que se suponía eran depósitos secundarios. Como resultado, Leonard von Buch y Georges Cuvier modificaron la primitiva teoría diluvial, transformándola en una teoría con un catastrofismo más general, en la cual no se contemplaba a la tierra como habiendo sufrido una catástrofe, sino numerosas catástrofes, de las cuales el diluvio era el ejemplo más reciente. Negar el catastrofismo era negar la verdad de la Biblia, y de ahí que las implicaciones teológicas de la primitiva geología estuvieran bastante claras...

En estos tiempos en los que la Geología está tan apartada de la religión y de la política, y en los que los asuntos políticos se deciden mediante elecciones y no por reuniones en sociedades geológicas, es difícil para nosotros darnos cuenta de hasta qué punto el giro social en cuanto a la visión del mundo, que tuvo lugar no solo en la Geología, sino también en Astronomía y en Historia Natural, estuvo relacionado con el movimiento Gran Reforma de 1832. Todos tuvieron parte en el cambio aun mayor de cosmovisión de paternalismo a liberalismo, pero aquellos que fueron responsables de promover el cambio eran muy conscientes de lo que estaban haciendo. «Es un gran deleite haber enseñado a nuestra sección de buscadores de canteras que se pueden escribir dos gruesos volúmenes de Geología sin utilizar una sola vez la palabra “estrato”, escribía Scrope a Lyell el 29 de septiembre de 1832, después de que apareciera el segundo volumen de la obra de Lyell. «Si alguien hubiera afirmado esto hace cinco años, ¡cómo se le hubiera escarnecido!» Así como los conservadores habían rehusado escuchar a los del bando huttoniano, ahora los liberales utilizaron las mismas tácticas en cuanto llegaron al poder. La ciudadela del catastrofismo se mantenía sobre una estratigrafía de disconformidades e inconformidades, por no decir nada de los conglomerados masivos, que relataban una historia de extensos desastres geológicos en el pasado. Lyell, como Scrope antes que él, suprimió pura y simplemente la evidencia que no estaba de acuerdo con sus doctrinas, y una vez que el voto le llevó al poder, los catastrofistas encontraron que les era cada vez más difícil publicar sus investigaciones.

La toma de posesión de la Sociedad Geológica por parte de los liberales, y la supresión de la evidencia que favorecía a la posición catastrofista, no tuvo lugar en un instante. Más bien hubo una lenta asimilación de datos catastrofistas hasta que no quedó prácticamente nada de la teoría como un todo. Cuando en 1839 Louis Agassiz intentó defender el catastrofismo con su teoría de las edades glaciales, los actualistas simplemente aceptaron toda su evidencia, pero la reinterpretaron en términos actualistas. Así, los datos no cambiaban, pero la Gestalt en la que se organizaban los datos y recibían coherencia fue transformada del catastrofismo al actualismo, lo mismo que la estructura social de Inglaterra fue cambiada del paternalismo Tory, en el cual la soberanía descendía de Dios al Rey, al nuevo liberalismo en el cual la soberanía ascendía del pueblo, a través del Parlamento, a sus ministros.

Bien irónicamente, la batalla política que corría subterráneamente en el debate catastrofista-actualista de 1832 ya hace tiempo que ha terminado, pero, debido a la inercia que conlleva la erección de un modelo «científico», la Gestalt actualista es aún asiduamente cultivada en las universidades y en las sociedades geológicas profesionales. La «causa» por la que lucharon Babbage, Lyell y Scrope hace ya tiempo que pasó, y deberíamos sentirnos libres de examinar otra vez la evidencia geológica que —si se ha de decir la verdad—presenta amplia evidencia de catastrofismo, como siempre ha sido.

 

Epílogo

En 1905, la física estaba en un dilema; unas evidencias de óptica indicaban que la luz se desplazaba en ondas, mientras que otra evidencia indicaba que se movía en partículas. Los dos conceptos parecían contradictorios, pero Niels Bohr y Werner Heisenberg pudieron demostrar matemáticamente que los dos conceptos eran en realidad complementarios y que nos presentaban una visión más completa de la realidad si los aceptábamos a ambos. Quizá la Geología está hoy en la misma situación. Hemos heredado de nuestros antepasados la idea de que o el catastrofismo es cierto o de que el actualismo es cierto, pero que ambos no pueden serlo. La razón por la que pusieron estas proposiciones: o lo uno / o lo otro, era política. O la soberanía pertenecía a Dios y al Rey, o pertenecía al pueblo: no podía pertenecer a ambos; por lo tanto, la Geología tenía que ir con los Tories al catastrofismo, o con los liberales al actualismo: no podía ir en ambas direcciones. En el presente no debemos preocuparnos por todo esto; por la evidencia de la Geología parece claro que ambas teorías están en lo cierto. El curso normal de los eventos es, desde luego, tal y como Lyell lo describe: levantamientos suaves y erosión lenta, pero también hay amplia evidencia de que Velikovsky está también en lo cierto, y que la tierra ha estado sujeta a severas catástrofes, como lo ha expuesto tan convincentemente en su libro Earth in Upheaval (Tierra en Convulsión)...

En los años siguientes del siglo XIX, la geología se transformó en totalmente profesional y dogmática. Creer en una teoría catastrófica llegó a ser una herejía científica; y, muchos años después, la reacción de la comunidad científica fue de represión instintiva, no porque Velikovsky estuviera equivocado, sino porque temían que pudiera estar en lo cierto.

 

Si quieres conservar un bien añadiéndole más y más, malgastas tu energía. Si quieres usar un instrumento y mantenerlo afilado a la vez, no te durará mucho.

[Lao Tse, Tao Te King 

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.