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Érase una vez un elefante que soñaba ser otro elefante que a su vez soñaba que era un tercero, el cual, seguía soñando dentro de una cadena interminable de elefantes durmientes. En un momento dado, uno de los elefantes de la infinita cadena se preguntó  a sí mismo:

-¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi realidad?

¿Era, tal vez, su realidad su propio sueño?

¿O quizás fuese ella, él mismo, en actitud de dormir?

¿Y porqué no, la realidad del ser que le soñaba a él…?

El elefante no obtuvo respuesta,  pero en ese preciso momento, todos los demás elefantes soñaron que se preguntaban:

-¿Quiénes eran ellos? y ¿Cuál era su realidad?

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  CUENTOS ELEFANTINOS

 


 

Contenido de la Novela:

 

CONTENIDO

 

EPÍGRAFE.... 

PRÓLOGO..... 

PARTE I: EL LEÓN DE PLATA:.. 

1. EL AGUA DE  ROTH.. 

2. LA SABIDURÍA DE  DJUL NOR.. 

3. LA GRAN SALA DEL  AGRA-SANDHÂNΠ

4. EL REINO DE AMENTI 

5. EL CISMA DE IRSHOU.. 

6. EL SELLO DE AMATH.. 

7. EL LEÓN DE PLATA.. 

PARTE II: EL CABALLERO EN EL FANGO:.. 

1. LA BÚSQUEDA FIBONACCI 

2. LA HUIDIZA NEURONA p

3. LA TIERRA HUECA.. 

4. HOMBRES Y MÁQUINAS

5. EL ESPÍRITU DE SAINT LOUIS

6. EL CABALLERO EN EL FANGO.. 

PARTE III:  LA CRUZ DE HIELO.....

1. LA SOMBRA DE  Anu.. 

2. EL CORAZÓN DE  Iaô.. 

3. LA HUELLA DE LOS Dhyân Chohans.. 

4. LA REBELIÓN DE  Ialdabaoth.. 

5. LOS HIJOS DE  Na-Noah.. 

6. LA FUERZA DE  Adonai 

7. LA LUZ DE  Mihael

8. LAS SALAS DE Târâ. 

9. LA CRUZ DE HIELO. 

GLOSARIO:.. 

1. HISTORIA DE LA PALABRA. 

2. GLOSARIO. 

BIBLIOGRAFÍA:.. 

1. GIGANTES Y MOLINOS. 

2. BIBLIOGRAFÍA. 




EPÍGRAFE

 

CUENTOS ELEFANTINOS

 

Érase una vez un elefante que soñaba 

ser otro elefante que a su vez soñaba

que era un tercero, el cual, seguía 

soñando dentro de una cadena interminable

 de elefantes durmientes.

En un momento dado, uno de los elefantes de la 

infinita cadena se preguntó a sí mismo:

-¿Quién soy yo? ¿Cuál es mi realidad?

¿Era, tal vez, su realidad su propio sueño?

¿O quizás fuese ella, él mismo, en actitud de dormir?

¿Y porqué no, la realidad del ser que le soñaba a él…?

El elefante no obtuvo respuesta,

 pero en ese preciso momento,

todos los demás elefantes soñaron que se preguntaban:

-¿Quiénes eran ellos? y ¿Cuál era su realidad?

 

[Sebastián Salado]

 

 

 

  Como en un espejo, así es este cuerpo 

(donde Brahma puede ser visto claramente);

como un sueño, así es visto en el mundo de los Padres;

 como en el agua, así es visto en el mundo de los Gandharvas;

 como en la luz y en la sombra, así es visto en él mundo de Brahma.

  

[Los Upanishads]

 


 

PRÓLOGO

 

Una mañana festiva y soleada de Mayo de 1999 paseaba con mi familia por el bullicioso recinto de la Feria del Libro del parque del Buen Retiro de Madrid. No buscaba ningún libro en concreto, simplemente fisgoneaba en las casetas aquí y allá. Cuando, en mi deambular errático me acerqué a la caseta donde J. J. Benítez firmaba su último libro de Caballo de Troya, titulado Hermón. 

J. J. Benítez es uno de mis escritores favoritos y, según mi criterio, uno de los mayores comunicadores de este siglo, su estilo, valentía y calidad personal son un ejemplo para todo aquel, que no se conforma con discurrir por la vida en la “bodega de carga”, sin mirar jamás por las ventanillas hacia el mundo exterior.

Con gran expectación me acerqué, compré el libro y charlé brevemente con Benítez mientras éste lo firmaba. Qué lejos estaba yo entonces de imaginar la actividad interior y la posterior sucesión de acontecimientos que acarrearía ese fugaz encuentro, los cuales, culminarían años después con el desarrollo de este libro.

Durante el resto de la mañana no pude dejar de pensar en mi propia búsqueda personal, en los “tesoros” encontrados en mi mundo interior que como piedras preciosas conseguidas en singular combate, yacían ahora en el fondo de mi mente, a buen recaudo del fiero ataque del “mundo exterior”.

Como un corsario berberisco, había ido escondiendo y atesorando ese conocimiento en el fondo de las grutas marinas que circundan el mar de mi experiencia personal, creyendo que con ello observaba los ancestrales preceptos del ocultismo esotérico.

Pero aquel día comprobé, cómo la herrumbre había hecho presa en las monturas dejando las piedras preciosas sueltas. Y el mismo mar, siempre inquieto, había terminado por arrastrar esas joyas de conocimiento a la arena de las playas. A la vista de todos descansaban allí, y sin embargo, ellas permanecían ignoradas por los hombres, menospreciadas, como los guijarros que molestan nuestro caminar sobre la blanda arena.

 La mano me ardía, aquél apretón de manos de Benítez había abierto algo más que una brecha en mi armadura,  había abierto mis ojos a una realidad ignorada a fuerza de autocomplacencia y conformismo, vanidad y egoísmo al fin…

Descubrí de repente que el conocimiento adquirido en mi larga búsqueda interna, lejos de hacerme libre me ataba a él, como el dinero ata al avaro, haciéndome culpable de negligencia y falta de humanidad para con mis semejantes.  

Con presteza recogí de la arena de la playa las joyas del conocimiento que permanecían allí, ignoradas por todos; las limpié y las ordené, presentándolas hoy al público como las baratijas que se muestran en cualquier mercadillo playero. Ellas en sí, no son buenas ni malas,  no tienen ninguna utilidad práctica, son simplemente bellas, pero tienen la cualidad de llegar al corazón de aquel que las contempla con espíritu abierto y despreocupado.

Durante más de dos años intenté escribir algo, ordenar en mi cabeza un hilo conductor por el cual fluyese la savia que alimentase el fruto de ese conocimiento. Sin éxito alguno rompí una y otra vez todo lo que intentaba escribir, hasta que una buena tarde de verano, mi otro Yo, harto del barullo y de los desatinos filosóficos del ser que permanece a este lado del espejo, decidió darme una clave, una llave que me permitiría abrir la Caja de Pandora, y trazar el hilo, que me guíe por la intrincada selva de la mente humana.

Y yo, como Alicia, encontré a mi “Conejo Blanco” que saltaba y corría presuroso  hacía una tarea ineludible y urgente… 

Hoy, aún corro detrás de él, con el agridulce consuelo de la aventura diaria y la preocupante indiferencia de no saber ya, en que lado del espejo desearía quedarme.

Mi búsqueda interna, me enseñó que la realidad que percibimos en el mundo formal es  solamente el sueño de aquel ser que habita en la otra cara del espejo. Un ser, que aunque excelso, es a su vez soñado por otros seres de superior horizonte. Cuando, éste se duerme, nosotros nacemos a la vida y al morir, nuestro yo real es el que despierta nuevamente a su original forma de realidad. Así, al oscurecerse el mundo de los sentidos en la vida formal, se abre ante nosotros el futuro nivel de realidad en todo su esplendor.

            Esta obra es simplemente un ‘Cuento Elefantino’ que surge del fugaz brillo de esa realidad superior, y de las sombras que ese fulgor produce en nuestra mente. Y es precisamente ese juego de luces y sombras el que acompaña permanentemente al explorador interior. Él penetra en las oscuras cavernas y en los templos olvidados al otro lado del espejo, armado simplemente, con la pálida y fluctuante luz que el espíritu concede a la razón.

            Esa luz, intermitente y efímera, alumbra escasamente la negrura, como lo haría una precaria linterna de campaña que, parcamente, es capaz de arrancar leves y fugitivas visiones de las inmensas paredes del templo interior. Las figuras y símbolos que adornan los frisos y la parte baja de las fachadas apenas son reconocibles, y sólo pueden ser extraídos de ellos pequeños bocetos, a partir de las cambiantes formas de las sombras, las cuales, son el único medio para que éstos sean interpretados apresuradamente por la confusa razón. Más allá, las figuras y símbolos de bóvedas y contrafuertes quedan fuera de todo alcance. 

El explorador queda al principio desconcertado, al no entender que la luz de allí es aquí oscuridad, y que la luz de la razón humana al penetrar allí, entra en la más terrible de las tinieblas. Por eso, ella debe ser apagada, para que la ardiente luz del corazón guíe la colosal aventura de la exploración interior. 

Al cruzar el parteluz que divide la puerta de la Ciudad de Dios, se accede al atrio porticado, desde el cual, las dimensiones del colosal templo se disparan hasta alcanzar límites inabarcables, que no pueden ser explorados ya, con la minúscula y furtiva luz de campaña.

Cuando retorna a este lado del espejo, el explorador ve que aquí nada existe realmente; los templos están vacíos, las religiones corruptas yacen fracturadas y esparcidas por los suelos polvorientos, y los lobos acechando a la sombra de las sectas y los partidos. El hombre,  perseguido por el hombre, se pliega sobre sí mismo…

            Soy consciente, por tanto, de que la limitada faz de la verdad contenida en esta obra puede estar irremediablemente distorsionada y fragmentada en pequeñas porciones, tal vez, malamente unidas entre sí. 

Así, como un zapatero remendón, un sastrecillo valiente quizá, he ido uniendo retales de cuero, lana y tela en un abigarrado y burdo mosaico que espero represente, aunque toscamente, lo mejor de las joyas recogidas en aquella playa mediterránea…

 

Sebastián Salado     


  

 

 

   

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Copyright © 2004-2012  Sebastian Salado (Las 3 Cabezas del Elefante).
Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.