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La estructura sutil del cuerpo evolutivo humano está actualmente evolucionando de acuerdo con las leyes superiores, desde el circuito energético de la Quinta Raza al de la Sexta Raza, es decir, desde el circuito de núcleos energéticos regidos por la ley del karma y del libre albedrío conocido como los Chakras, al de los centros del consciente derecho regidos por las leyes de la evolución superior. Éste es pues el “Árbol del Conocimiento” de las ancestrales tradiciones humanas. 

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  LA CRUZ DE HIELO

  

     LOS HIJOS DE  Na-Noah (IV)

 

 

5. LOS HIJOS DE  Na-Noah 

( PARTE  IV )

 

 

El Árbol del Conocimiento, o Árbol del Edén, ha sido confundido con el Árbol de la Vida, manifestación energética y fenoménica de los más altos arquetipos celestes, que fue traído a este planeta como fuente de regeneración y de vida. El Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, es el propio árbol microcósmico humano, que ha sido conocido entre los humanos como el Árbol Sephirótico Kabalístico, el Zampun tibetano, el Árbol Santo (hecho por Ahura Mazda), el Ask Norse, el árbol Ash de Hesíodoto, el Tzité del Popol Vuh, el Ashvattha indio y hasta el Gogard helénico. Estos árboles no son sino representaciones del “Árbol” que personifica al hombre mismo y a la “Serpiente” que mora  en su interior.

Este Árbol del Conocimiento, como es conocido por los iniciados de todas las épocas,  no es solamente el Manas, o Mente Consciente, sino el conjunto de los núcleos energéticos que constituyen la estructura sutil de los humanos de superficie.

La estructura sutil del cuerpo evolutivo humano está actualmente evolucionando de acuerdo con las leyes superiores, desde el circuito energético de la Quinta Raza al de la Sexta Raza, es decir, desde el circuito de núcleos energéticos regidos por la ley del karma y del libre albedrío conocido como los Chakras,  al de los centros del consciente derecho regidos por las leyes de la evolución superior. Éste es pues el “Árbol del Conocimiento” de las ancestrales tradiciones humanas. 

El circuito de los Chakras consta de siete centros de fuerza y consciencia activos en el cuerpo etérico del hombre de superficie, mas los dos supraluminares sobre su cabeza. Los siete centros etéricos están compuestos por tres centros superiores unidos a la Mónada, un centro de interrelación en el plexo solar por medio del cual se expresa  el alma, y tres centros inferiores, conectados con los patrones vibratorios más groseros que controlan el cuerpo etérico-físico.

Según la tradición Tibetana, China e Hindú, éstos centros eran denominados Lotos o Ruedas, y se situaban agrupados, seis directamente sobre la espina dorsal y el séptimo directamente en el centro del cerebro. Sus nombres y funciones han quedado reflejados en la tradición milenaria Tibetana como sigue: El Sahasrara Chakra o Loto de los mil Pétalos está situado en la coronilla de la cabeza y es el centro más cercano a lo espiritual. El Ajna Chakra es el segundo centro cerebral que controla la comunicación con el alma. El tercero el Visudha, que controla la función de la palabra. El cuarto, o centro solar es el Anahata Chakra, que controla el tacto. El quinto, es el Manipura Chakra o chakra del Principio del Fuego. El sexto es el chakra del Principio del Agua o Swadhishthana Chakra. Y por último el Mûladhâra Chakra, el chakra del Principio de la Tierra, que es el que rige a la fuerza gobernante o vital de los seres humanos, la “Kundalini”.

En otras culturas, los nombres de estos centros han variado, siendo sus funciones más o menos ocultas o veladas a los profanos. 

Según la Kabalah, el Universo y el Hombre están compuestos por un cuerpo, un alma y un espíritu, y en esos tres niveles se definen los diez Centros, Números o Nombres, llamados Sefirot, y que expresan los atributos de Dios.

Los Sefirot cabalísticos están circunscritos a los tres grupos mayores  que se están refundiendo actualmente en los centros del consciente derecho, y que constituyen los niveles del Espíritu,  el Alma y el Cuerpo de Dios.

Los Sefirot son diez, pero están distribuidos en siete niveles. Cuatro niveles no tienen polaridad  en sus núcleos, siendo éstos andróginos y situándose estos núcleos en la Ogdoaga u Ocho Místico que representa el movimiento eterno y la espiral de los ciclos, así como la respiración regular del cosmos simbolizada en el Caduceo de Mercurio. Los otros tres niveles son polares, sexuales y binarios: 

<< El Binario desordena y altera a la forma perfecta, el “Hombre Perfecto” es un Cuaternario y un Ternario, que constituye el Septenario o Hebdómada; el Número Cinco compuesto por un Binario y un Ternario define al “Hombre Imperfecto”. >>

 

Los Sefirot cabalísticos, circunscritos a los tres grupos mayores, definen a la  Hebdómada Sagrada de los Siete Chakras tibetanos con las siguientes designaciones: Kether o Corona, que corresponde con el ‘Loto de los mil Pétalos’ tibetano o primer Chakra, y constituye el núcleo andrógino energético más elevado. El segundo Chakra esta compuesto por dos Sefirot, Chokmah o Sabiduría que posee un signo positivo y Binah o Inteligencia, de signo negativo; el tercer Chakra esta representado por otro binario, Chesed o Misericordia y Geburah o Rigor, éste último de signo negativo; el cuarto Chakra esta compuesto por un único Sefirot, Tipheret o Belleza; el quinto Chakra lo componen Netzah o Victoria y Hod u Honor; el sexto Chakra es Yesod o Fundamento y el último es Malkuth o Reino, que representa al ‘Mûladhâra Chakra‘ tibetano.

 

Adam Kadmón, al igual que algunos seres humanos, pronto descubrió que el Mûladhâra Chakra es aquél en el que reside la Kundalini, la fuerza gobernante o vital de los seres humanos. Normalmente, a la fuerza Kundalini la contrarrestan y equilibran tres flujos energéticos o Nadis, que corren a lo largo de la columna vertebral, denominados el Sushumnâ, el  Îdâ y el Pingalâ, situándose uno en el conducto central de la columna espinal, el segundo, al lado izquierdo y el tercero en el lado derecho de la médula espinal. 

El primer Nadis, el Sushumnâ, es la base de los otros dos, estos otros, el  Îdâ y el Pingalâ que controlan el funcionamiento pasivo de la fuerza Kundalini en los seres humanos normales.

Pero si esa fuerza es liberada artificialmente por el ser humano mediante la científica y regulada supresión del aliento, permitiendo de ésta forma que la fuerza Kundalini sea elevada mediante el Sushumnâ desde los centros energéticos inferiores hasta el plexo solar y los centros superiores, el ser humano se convierte en un ser superior a los de su especie, hallándose capacitado para usar el 100% de su potencialidad intelectual y cognitiva, en lugar del 8% utilizado como media por la raza humana actual de superficie. 

Además, al liberarse la Kundalini, por medios ilícitos, dicha elevación posibilita el control de los cuerpos superiores desde los inferiores, forzando al Alma a obedecer los impulsos del Cuerpo Material con lo que se cierra el círculo de muerte y renacimiento, permitiendo un nivel de control fenoménico similar al de un ser de quinto nivel, pero con la polaridad invertida, como proclaman los oscuros Nigromantes: 

<< Que sea arriba como es abajo… >>

 

Esta fuerza incontenible, es realmente la Serpiente del Edén que no solamente tentó a Adán-Eva o Jah-Heva, sino que convirtió a Adam-Kadmón en el Java-Aleim, jefe de los Hierofantes iniciados en la ciencia del bien y el mal de este mundo.

Pero, Kundalini no puede ser despertada impunemente por seres no preparados espiritualmente y sin estar lo suficientemente evolucionados, pues la locura y una inmensa carga kármica esperan a los que tratan de saltarse la Ley Cósmica de los ciclos y las iniciaciones.    

En realidad, Kundalini, es la energía Ono-Zone,  la energía vital radiada desde la Fuente Única y transmitida por los grandes espejos del cosmos. Ésta energía fluye a través de los Logos Planetarios  mayores y los Logoi Planetarios  menores hacia todos los seres del cosmos manifestado.

En este sistema, el Logoi Solar distribuye la energía Ono-Zone, hacia los Logoi Planetarios  menores y éstos, desde su sol interior hacia todos los seres vivos de su órbita. Así la energía vital de los seres terrestres de superficie incide en el centro de fuerza inferior o Mûladhâra Chakra realizando el camino ascendente hacia los centros superiores, por la energía originada en el sol central planetario.

Kundalini, la fuerza gobernante o vital de los seres humanos puede ser representada como un rayo energético o “Serpiente” que se introduce en el “Árbol” humano de la columna vertebral desde sus núcleos inferiores, para alcanzar a las “Manzanas de Oro” o centros superiores de consciencia. Esta representación creó los mitos de las corrientes telúricas procedentes del centro de la tierra entre los llamados “iniciados”  de la raza de superficie, y la frenética búsqueda de lugares “especiales” para realizar en ellos los ritos de potenciación artificial de la energía Kundalini.

En realidad esos lugares existen, pero no como un sitio donde usufructuar la energía en beneficio propio, sino como lugares sagrados de transmutación de las energías negativas; en definitiva, como lugares de curación.

 

El Îdâ y el Pingalâ son pues mecanismo de seguridad que restringen la elevación de la energía vital a los centros superiores de conciencia con la única finalidad de adecuar el flujo de energía vital al grado de control de la consciencia Monádica sobre los cuerpos fenoménicos.

La Humanidad intraterrena posee otro tipo de relación en su estructura energética debido a que la energía Ono-Zone incide en su caso, directamente sobre los centros superiores de consciencia en conjunción con la energía Monádica. Ésta es una de las razones por las que las razas intraterrenas son más evolucionadas que las de superficie en casi todos los planetas de la Confederación.

Los seres evolucionados del cosmos están permanentemente volcados hacia su interior en el cual manan las fuentes de energía (la Monádica y la del Logos Planetario) en lo que los iniciados humanos conocen como visión interior o esotérica del mundo, mientras que la inmensa mayoría de la población de superficie permanece en una visión exotérica del mundo que les rodea, la cual, no es más que la permanencia de su atención sobre el mundo exterior, sin percibir la realidad de su vida interior. Los humanos de superficie pierden así sus referencias y su rumbo, mirando hacia las estrellas y los otros planetas, cuando en realidad, el camino hacia ellos se haya en el centro de su ser, en el de su planeta y en el de su sistema solar, los cuales son los auténticos espejos de energía y centros de vida.

 

El simbolismo de las “serpientes” fue el adoptado por los llamados “iniciados ofitas” humanos, que ansiaban la elevación desde la materia al espíritu mediante el desbloqueo de las ataduras del Kundalini, realizando ésta por medio de la única y simple voluntad del ego humano, y a despecho del nivel evolutivo de los cuerpos superiores Monádicos.

Esta clave oculta, y la práctica que trajo consigo, representó la única vía de escape de los Asuras encerrados en la materia que no querían enfrentarse a los rigores de la evolución espiritual a la que se unieron la mayoría de los seres más “desarrollados” de la humanidad base que habían sufrido anteriormente la involución desde la luz del conocimiento hacia las cadenas materiales.

 

Dos grandes corrientes marcarían la cultura de los dos grandes grupos étnicos que reinarían en la superficie de la tierra durante los milenios sucesivos hasta nuestros días: Los Nigromantes o Magos Negros y los Espiritualistas o Contemplativos. Ésta fue también la clave de las dos parejas de Adanes y Evas, elevadores genéticos de la Quinta Raza. 

El nombre genérico Adam-Adami tuvo su origen en el pueblo Ario y fue posteriormente adoptado por los Semitas y los Turanios. El prefijo Ad significa en sánscrito: ‘El Primero’, así Adán es Âdi-Nâth: ‘El Primer Señor’. Las lenguas  Semíticas y Turanias son también descendientes del Sánscrito o lengua Aria. Anteriormente, los semitas (árabes y hebreos) habían compartido un tronco común en la época pre-adámica en Caldea (Mesopotamia) cuando la dispersión de las razas, en la época de Nimrod que dividió a los Nabateos, es cuando se produjo la égida enviando a los futuros Arios hacia la India y a los Semitas hacia África y Arabia aunque parte de éstos últimos se asentaron en Afganistán y las riberas del Oxus. Mientras tanto, los Turanios de “color amarillo” (chinos y mongoles) se dispersaron por Asia Central y Oriental.

En los escritos Arábigo-Iranios se expresan éstos acontecimientos en los siguientes términos:

<< Después del Diluvio, las naciones se establecieron en varios países; entre ellas estaban los Nabateos, que fundaron la ciudad de Babilonia, los cuales eran aquellos descendientes de Cam, que se establecieron en la misma provincia, bajo la jefatura de Nimrod el hijo de Cus, hijo de Cam, y nieto de Noé; el cual recibió el gobierno de Babilonia como delegado de Dzahhak llamado Biourasp… >>

 

Babilonia fue en realidad el crisol de los dos grupos étnicos, que se fusionaron en una rica mezcla de razas pre-adámicas y post-adámicas como los Caldeos, Egipcios, Asirios, Cananeos y los Nabateos. Éstos últimos fueron los descendientes de los antiguos Sabeos adoradores de las estrellas. Todos esos grupos formaron un compendio muy importante de las doctrinas, artes y ciencias humanas del momento.

 

En términos generales, los Arios actuales son descendientes del Adán Amarillo y  los Semitas son los descendientes del Adán Rojo. Pero las razas y culturas que puedan entrar actualmente en uno u otro grupo étnico presentan una mezcla tan fuerte de las influencias contrapuestas de los dos Adanes que es muy difícil identificarlos en términos absolutos. La diferencia de la Cosmogonía Semítica y la Aria, en su origen, es que la primera materializando, humaniza los misterios de la Naturaleza, y la segunda, espiritualiza la materia y supedita siempre su fisiología a lo metafísico.

Los Nabateos por ejemplo, constituyeron una casta elitista de los Sabeos o “adoradores de las estrellas”, pero ellos dedicaron sus esfuerzos místicos en el culto a Nebo, el Dios de la Sabiduría Secreta. Quien no es más que el  representante del planeta Mercurio, conocido como el Dios de la Sabiduría o Hermes, al que los hebreos llamaban Kokab y los griegos Nabo.

 

Las fuerzas involutivas de la Fraternidad Oscura pronto utilizaron y se aliaron con éstas y otras sectas en su búsqueda de la liberación propia de las cadenas materiales mediante la elevación artificial del Kundalini

Los Ofitas adoraban a la “serpiente”, porque ella enseñó a Adán que si comía del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, elevaría inmensamente su Ser, por el conocimiento y la sabiduría que así adquiriría. La “serpiente” o Kundalini es al mismo tiempo el Bien y el Mal, dependiendo del tipo del proceso de elevación que se realice mediante su energía. 

Los Nâgas (serpientes sagradas de los adeptos) eran entonces Nâgas humanas que devoraban los conocimientos y sabiduría, las cuales, cuando se recorría el sendero oscuro, finalmente producían una dislocación astral si la elevación del Kundalini no acompañaba a la evolución Monádica.

Muchos “sabios” y “magos” de la antigüedad fueron llamados Dragones y Serpientes, simplemente porque se producía, de hecho, una dislocación de sus cuerpos astrales, adquiriendo éstos las formas monstruosas de estos animales fabulosos, debido a que el subconsciente del mago humano que había sido sobre-desarrollado e inflado de forma contranatural, se separaba del consciente pervertido que lo había  llevado hasta tal extremo.  

 

Las Serpientes en los días de la sabiduría arcaica, egipcia y caldea eran representadas encaramadas al Árbol de la Vida y eran adornadas con siete cabezas, que representaban cada uno de los Chakras que debían de ser controlados en proceso de la elevación del Kundalini

 << La Serpiente de los Siete Truenos que pronuncia las siete sílabas, pero que sella aquellas cosas que los Siete Truenos pronuncian. >> 

 

Según el Apocalipsis de San Juan, la Serpiente de los Siete Truenos es en realidad el “Dios de Siete Letras” o Jehovah.

Según la  Kabalah, Jehovah asume la forma de la serpiente tentadora en el Jardín del Edén.

Jehovah (YHVH) es el Jah-Hovak, el Jod masculino y el Havat o Eva, el Jehovah de doble sexo de la Kabalah. Pero es también Amón Ra, Amón (oculto), la antigua deidad egipcia, y su mujer Mut (la madre).

Aunque, curiosamente, la Kabalah muestra también a los israelitas ensalzando a Ad-onai (A Do Na Y) con los atributos del “El Señor” y a los Elohim como sus representantes, los mismos términos que también quedan reflejados en la Biblia. Sin embargo, mientras que los Cabalistas sólo conocían al Ain-Suph y a los dioses de los misterios, los Levitas no tenían dios alguno en su Adytum y lo añoraban, al estilo de otros pueblos vecinos.

 

La gran lucha entre la Magia Blanca y la Negra, llegó también al pueblo Hebreo y se reflejó entre los adeptos del Sendero de la Derecha, los Profetas, y los de la Izquierda, los Levitas.

El gran cisma que tuvo lugar entre los hijos del pueblo Hebreo y sus dos irreconciliables escuelas de magia, quedó reflejado en la alegoría de los hijos de Jacob. El moribundo Jacob describe así a sus hijos:

<< Dan, será una serpiente en el camino, una culebra en el sendero, que morderá las patas de los caballos de modo que el jinete caiga hacia atrás. >>

 

Lo que le relaciona con la enseñanza de la magia negra según la significación arcana.

Del mismo modo la historia del pueblo hebreo está repleta de profetas que condenan las “abominaciones” del pueblo de Israel. Esas advertencias estaban dirigidas en su mayoría contra las “Serpientes de Fuego”, como se denominaba a los Levitas de la casta sacerdotal que abandonaron la buena ley. Por este motivo los profetas del pueblo de Israel fueron perseguidos y exterminados por los Levitas y los Reyes de Israel bajo muy diferentes pretextos.

Existe realmente un punto de inflexión significativo en la Cosmogonía de Israel, cuando el Rey David baila desnudo ante el Arca de la Alianza, realizando el baile de las Hijas de Silo, últimas reminiscencias del culto Sabeo. En ese momento, Jehovah se institucionaliza como “El Dios del Pueblo de Israel” y gran parte de las Escrituras Sagradas son reescritas en ese período. Así los textos Elohíticos se rescribieron después de Moisés a los textos Jehovíticos actuales.

Así, los Israelitas Bíblicos de hoy en día, en realidad siguen las correcciones de David y no las directrices originales de Moisés.

 

El “Nombre del Misterio” Jehovah (YHVH, Yod-Hé-Vau-Hé), nunca fue puesto en uso como Dios absoluto en Israel antes del tiempo del Rey David. Éste nombre fue traído del antiguo dios Yâho, la deidad oscura y misteriosa de los Tirios y Filisteos a los que David frecuentó. David realizó también grandes modificaciones en las tradiciones israelitas, haciendo a Zadok alto sacerdote de Israel, del que proceden los Zadoquistas o Saduceos. Asentó su corte primeramente en Hebrón o ciudad de Kabeir, donde se celebraban los “Ritos del Misterio”.

Ni David ni Salomón reconocieron a Moisés ni a su ley, sino que simplemente aspiraron a crearle a su Dios de Misterio, Jehovah, un templo como tenían los otros dioses paganos de su entorno en sus respectivos países.

Los hebreos, excepto algunos grupos minoritarios como los samaritanos, siguieron ciegamente las interpretaciones de David sobre la llamada “Ley de Moisés”, que contiene en el libro canónigo hebreo, elementos ajenos al mismo como son los ‘Salmos de David’, las ‘Profecías’, el ‘Talmud’ y la ‘Mishna’.

 

El  Jehovah de David es en realidad Ildabaoth, conocido también como Horus por los egipcios, y Abraxas Iao o Mithras por los persas. Es aquél, al que sus iniciados se dirigen en los siguientes términos:

<< Tú, que presides sobre los misterios del Padre y del Hijo, que brillas durante la noche, teniendo el segundo rango, el primer Señor de la Muerte… >>

 

Pero “el árbol se conoce por sus frutos”, y la naturaleza de un Dios por sus acciones. Por eso, encontramos al Dios del “Pueblo Elegido” haciendo uso del engaño y la mentira o celoso de sus propios fieles; tal y como lo pintan los cabalistas, Jehovah asume la forma de la serpiente tentadora en el Jardín del Edén, envía a Satán para tentar a Job y endurece el corazón del Faraón contra Moisés.

Los Gnósticos decían del Dios de Israel:

<< Él es, el Ángel de la Materia que infundió vida consciente a Adam, que tenía un espíritu orgulloso, ambicioso y oscuro, que había abusado de su poder usurpando el lugar del Dios más elevado y cuyo planeta era Saturno… Y Dios puso su cinturón sobre sus lomos (los anillos de Saturno), y el nombre del cinturón es la Muerte >>.

 

Los hebreos, en su dogma sincretista, unieron las figuras de Adonai y Jehovah como único ser supremo, y así Adonai, el regente Planetario Solar,  e Ildabaoth, el Ex-regente de Saturno, se sentaron ambos en el mismo trono a la cabeza del Pueblo Elegido. 

Pero el pueblo de Israel no estaría después de todo tan equivocado… Recordemos que los conceptos del bien y del mal quedan fundidos a un cierto nivel, y que toda entidad excelsa está compuesta por múltiples facetas de sí mismo encarnadas por diferentes seres fenoménicos que representar al único ser sublime, el cual se encuentra en el centro Laya desde el que se proyecta el Regente Avatar mayor o  Logos  mayor, rigiendo los universos manifestados.

La Kabalah distingue diez nombres divinos diferentes que representan al único Dios: Ehieh, Iah, Jeovah, El, Eloha, Elohim Gibor, Tetragrammaton o Adonai Saboath, Elohim Saboath, Shadai y por último Adonai.

En el Sepher Bereshith, Jehovah (YHVH, Yod-Hé-Vau-Hé) es el Nombre Sagrado que no puede ser pronunciada por los Israelitas y sólo el Gran Sacerdote lo pronuncia una vez al año en medio de los gritos del pueblo profano. Éste nombre es considerado, como el que confiere al mortal que logre descubrir su verdadera pronunciación, la clave de todas las ciencias divinas y humanas.

 

Así es como el nombre de Jehovah es nuevamente asociado en la Kabalah al Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Pero la Kabalah no es una ciencia únicamente judía, sino que dicha ciencia fue importada por ellos en distintos momentos de su evolución de diferentes pueblos. Esta ciencia vino en parte de los Caldeos, a través de Daniel y Esdrás, y parte de los Egipcios a través de Moisés. Pero en sí, ella constituyó el medio fundamental del cálculo Geomántico.  Así, los cabalistas Brahmanes utilizan los 24 signos Védicos, junto con las 49 letras del Sánscrito Devanagario y las 19 vocales semivocales y diptongos de la Masora de Krishna, el alfabeto Vatán o Adámico.  Por su parte, los Árabes y los Persas hacen cábala con sus Alfabetos Lunares de 28 letras. Así como los Tibetanos, los Chinos y los Tártaros usan su alfabeto mensual de 30 letras.

Pero todos estos sistemas de cálculo no fueron más que meros remedos y fragmentos desordenados del Irdin, el idioma cósmico utilizado en los universos confederados para expresar la esencia creadora y los arquetipos evolutivos que unifican consciencias y mundos. El cual fue introducido en la tierra durante eones, por los guías de las distintas Razas Raíces.

 

Las tradiciones antiguas, recogen, a pesar de sus limitaciones y lagunas, muchos relatos referentes al Dios Oscuro que rige los destinos terrestres:

<< Y en el séptimo día prodújose de la presencia de Dios un Ángel poderoso, lleno de ira y devorador. Y Dios le dio el dominio de la esfera extrema. Entre los Dioses no hay ninguno que se asemeje a aquél, en cuyas manos son depositados los reinos, el poder y la gloria de los mundos. Los tronos e imperios, las dinastías de reyes, la caída de las naciones, el nacimiento de las iglesias, y los triunfos del tiempo…

Él es el guardián de la puerta del Templo del Rey; mantiénese él en el pórtico de Salomón como guardián de las llaves del Santuario… >>

 

 

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.