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La razas Arias, no habían dejado nunca de luchar contra los descendientes de las últimas razas de gigantes. Esta guerra, duró hasta el final de la edad que precedió al Kali Yuga, siendo conocida como la Gran Guerra narrada en el Mahâbhârata el conocido libro clásico Hindú. Pero lo que más sorprendería a los humanos occidentales actuales es descubrir a un Adán tan tardío en casi todos las narraciones clásicas arcaicas.
[Sebastián
Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

LA CRUZ DE HIELO

LOS HIJOS DE
Na-Noah
(II)

5.
LOS HIJOS DE
Na-Noah
(
PARTE II )
Shamballah, se creó en el plano físico, como consecuencia del
impulso vivificador establecido cuando la Tierra fue vaciada por los Dhyân Chohans del Segundo Cuerpo Galáctico,
también llamados los Jardineros del Espacio.
Al construir el mundo interior, la
gran bola de fuego que había constituido la primitiva Tierra, fue
solidificándose en dos superficies esféricas concéntricas, que mantenían
entre sí al fuego original en el que se creó la Segunda Raza Raíz. Pero Iberah,
el primigenio centro planetario y los habitantes del magma central, que
constituyeron la Segunda Raza Raíz humana, no desaparecieron. Más al
contrario, estos seres alados que existían en medio del fuego planetario de la
primigenia materia en solidificación encarnados en unos cuerpos etéricos y
astrales, evolucionaron posteriormente hacia un cuerpo mineral, físico y denso,
separándose del transcurrir evolutivo de las humanidades terrestres, y
constituyendo la actual raza habitante del Avîtchi, conocido también como el Reino de Amenti o magma central. La
influencia del Centro Planetario de Iberah ha quedado manifestada en las leyendas humanas
antiguas, así como en los libros de las tradiciones Acadias, Semitas y Caldeas;
cuando narran:
<< El Gran Océano, el Abismo Acuoso, fue el
lugar de nacimiento y mansión de Ea, la Sabiduría, la Deidad infinita e incognoscible.
Pero el Océano insondable de la Sabiduría, se convierte en la Materia grosera,
la sustancia mortal, siendo Ea, transformada en Tiamat, el Dragón muerto por
Merodach en las ondas astrales >>.
En realidad, los habitantes
actuales del Reino de Amenti, como se los conoce hoy,
ya no forman parte de la evolución humana, pues aunque constituyen fósiles
vivientes de la Segunda Raza Raíz Terrestre, su función actual está mucho más
ligada al reino Dévico que al Humano.
Los libros esotéricos Indios, mencionan Siete Clases
de Pitris
o Devas, y entre ellos dos especies
distintas de progenitores: los Barhishad y los Agnishvâtta; que vienen a ser
los “poseídos por el fuego sagrado” y los vacíos de él.
Los
Agnishvâtta son representados como los que habiendo faltado a su deber de
mantener el Fuego Sagrado en sus vidas pasadas en otro Manvantara,
han perdido su derecho a que se les ofrezcan oblaciones con fuego. Por el
contrario, los Barhishad, habiendo conservado los fuegos sagrados de sus
moradas, son de éste modo reverenciados hasta hoy.
Los
Agnishvâtta son los Devas que no pueden crear al hombre espiritual porque solo
poseen el Fuego de los Triángulos y no el Fuego de los Cubos Perfectos, que
representa a los seres angélicos. Por eso los Agnishvâtta son los Devas
“rebeldes” o “activos” que han dejado de ser “puros” para
convertirse en inteligencias independientes y libres.
Ellos conformaron a los seres
de la Primera y Segunda razas como seres aeriformes (etéricos) y sin mente, y
posteriormente se unieron a sus creaciones formando la raza más densa y
material que existe en el planeta, la cual lidia con las fuerzas primordiales
que regulan las funciones más groseras del cuerpo planetario terrestre.
Shamballah extendió su influencia hasta la Quinta Subraza Aria
o raza humana actual, y ella finalizó con la culminación del ciclo de Ram. En la fecha humana marcada como el 8-8-1988,
se comenzó un nuevo ciclo solar y galáctico que ha acarreado unos cambios sutiles aunque gigantescos a escala cósmica,
pero que como de costumbre, han pasado totalmente desapercibidos para la raza
humana de superficie.
Como consecuencia de esos cambios, Shamballah
ha dejado de representar el papel de Centro Planetario Regente, papel que hora
juega el núcleo intraterreno de Miz Tli Tlan, situado en la región intraterrena que corresponde
en su localización opuesta exterior en el planeta con una región de los Andes
Peruanos.
La Isla Sagrada surgió contando con estímulos de
Venus, cuya influencia fue determinante para ciertos progresos en la Tierra. La
función principal de Shamballah como centro regente fue la de estimular el
desarrollo mental en el reino humano. Shamballah
o Agarttha, como la conocen actualmente, preparó a seres
que hoy son capaces de percibir y contactar conscientemente las realidades y las
civilizaciones suprafísicas que en este momento ayudan a la civilización
humana de superficie.
Durante los cataclismos que
marcaron el fin de la era Lemúrica, este centro ya activo, recogió a los seres
más evolucionados de la Raza Lemuriana que constituyeron la simiente de la
Raza
Atlante.
El centro intraterreno había permanecido constituido
únicamente por consciencias jerárquicas afines al Logos Planetario y los
representantes de los tres órdenes de consciencias de las entidades cósmicas
creadoras; como los Suras,
los Dhyân Chohans
y los Pitris
o Devas creadores del cuerpo Etérico-Físico de las razas humanas. Este centro,
también admitió durante el inicio de la raza Atlante a una humanidad
superior formada por los elementos Atlantes más evolucionados y preparados.
Después de una rigurosísima selección, la raza intraterrena quedó
constituida, siendo conocida como la
Jerarquía de los Elegidos, los cuales,
posteriormente se llamarían los Hijos de la Voluntad y del Yoga o
los Hijos de la Niebla de Fuego, aquellos que formaron un primer núcleo
básico donde acoró la actual raza intraterrena.
El espíritu guía de esa humanidad intraterrena, es
el Brâhatmah o Rey del Mundo. Él es en realidad el Manu
Planetario y Regente en funciones a la caída de
Ahriman,
el Príncipe Planetario Terrestre que perdió todas sus funciones directivas de
los distintos reinos habitantes de éste planeta. El Brâhatmah, es pues el único
representante del Logos
Planetario, a la vez que encarnación suya ante el mundo manifestado. El Brâhatmah es también conocido en
las antiguas culturas de superficie como el Melki-Tsedek, el Rey de Paz y de Justicia que reina en la ciudad
de Salem, del cual se habla en la Biblia, el libro sagrado cristiano, en los
siguientes términos:
<<
Y Melki-Tsedek, rey de Salem, hizo traer el pan y el vino; y era sacerdote del
Dios Altísimo (Eliom o Eloi) y
bendijo a Abraham, diciendo: ‘Bendito
sea Abraham del Dios Altísimo, poseedor de los cielos y de la tierra; y bendito
sea el Dios Altísimo que te ha entregado a tus enemigos en tu mano’. Y
Abraham le dio el diezmo de todo lo que había tomado. >>
Así las escrituras cristianas, basadas en las judías,
reconocen a Melki-Tsedek
como superior a Abraham y sumo sacerdote de Eloi (el Regente de Júpiter). Melki-Tsedek es el ser que no tuvo ni
padre ni madre, ni genealogía, aquél que no tuvo ni principio ni fin y que es
semejante al Hijo de Dios. Él es por ende Oeaohoo, el Más Joven, la Nueva
Vida que se convierte en el germen de todas las cosas.
La figura del
Rey del Mundo en sus distintas representaciones aparece en todas las culturas
antiguas, desde las escrituras Mazdeinitas y la
Kabalah, hasta los Vedas y los
Purânas hindúes pasando por las leyendas Norse escandinavas. Así se habla en
todas de: ‘Los siete hombres primitivos de color creados por la Naturaleza
del Hombre Celeste’.
Aún se puede
leer en las tradiciones seculares de la cultura Caldea:
<< Al “casarse” entre
si los Hierofantes de la “Isla” y los descendientes de Noé el Atlante,
resultaron ser una raza mezclada de hombres buenos y
de hombres perversos, de los cuales, surgieron de un lado grandes
Hierofantes o Guías de la Humanidad y del otro lado los oscuros Nigromantes…
>
Éstos
Nigromantes han manejado en la sombra a la raza humana Aria de superficie desde
su primera creación.
Obviamente,
la información asimilada por las escrituras caldeas, refleja una acción
creativa que ellos califican de “unión” entre
los Asuras y los Hierofantes, o grandes iniciados de la “Isla
Sagrada”. Pero no siempre la influencia de Shamballah ha sido ocultada a los
seres de superficie…
Los núcleos
intraterreno activos en cada época, siempre han tenido contrapartes sutiles en
el area o áreas de la superficie exterior del planeta que corresponden al núcleo
intraterreno al cual estaban polarizadas. Así en ciertos lugares de la
superficie exterior del planeta se producen apariciones súbitas de realidades
suprafísicas o de objetos y seres que no se hallaban visibles unos momentos
antes, e incluso, durante ciertas épocas remotas en la antigüedad, corrientes
constantes de campos de fuerza fueron abiertas manteniendo ciudades y seres,
denominados como mágicos en el campo físico etérico de algunas zonas de la
superficie del planeta.
Este es el caso de la
sempiterna ciudad de Thulé que fue uno de los
centros espirituales que con distintos nombres apareció en gran parte de las
tradiciones y culturas antiguas. Thulé ha estado localizada en diferentes lugares, y
confundida a veces con la tradición de la tierra Hiperbórea, la del Polo Norte,
en la época Atlante.
Pero
el recuerdo de esa isla ha quedado reflejado en el Gran Libro o Libro de Dzyan,
en los términos siguientes:
<<
Mucho antes de los días de Ad-am (Unidad y Universalidad), y de su esposa
He-va, en donde ahora solo se encuentran lagos salados y desiertos estériles
desolados, había un vasto mar interior que se extendía sobre el Asia Central,
al Norte de la altiva cordillera de los Himalayas, y de su prolongación
occidental. En este mar había una isla, que por su belleza sin par, no
tenía rival en el mundo y estaba habitada por los Hijos de la Voluntad y del
Yoga... Ésta raza podía vivir con igual facilidad en el agua, en el aire y en
el fuego, porque tenía dominio ilimitado sobre los elementos. Eran los Hijos de
Dios; no los que vieron las hijas de los hombres, sino los verdaderos Elohim.
Ellos fueron los que comunicaron al hombre los secretos más extraños de la
Naturaleza, y les revelaron la “Palabra” inefable, ahora perdida. Esta
“Palabra”, que no es palabra, ha circulado una vez por todo el globo, y
todavía languidece como un lejano y moribundo eco, en los corazones de algunos
hombres privilegiados. Los Hierofantes de todos los Colegios Sacerdotales conocían
la existencia de esta isla; pero la Palabra sólo era conocida del Java Aleim, o
Señor principal de cada Colegio, y era transmitida a su sucesor sólo en el
momento de la muerte. Había muchos de esos Colegios, y los autores clásicos
antiguos hablan de ellos… >>
El
recuerdo de la “Isla de los Cuatro maestros”, también ha sido recogido en
las tradiciones Chinas, e incluso los textos Taoístas dan fe de ello:
<<
El Emperador Yao se fatigó mucho, y se imaginó haber reinado idealmente bien.
Después que hubo visitado a los Cuatro Maestros en la lejana isla de Kou-Chee
(habitada por los hombres verdaderos, tchen-jen, es decir, hombres reintegrados
en el estado primordial), reconoció que lo había estropeado todo. Lo ideal es
la indiferencia (o el desapego en la actividad) que posee el Hombre Superior,
que deja girar la rueda cósmica… >>
Esta
“Isla” es pues el punto de origen de la humanidad terrestre actual, la
“Cuna” y la “Morada” de la misma y a la cual han deseado regresar en su
fuero interno todos los humanos evolucionarios.
Con la dispersión de los
siete Manus,
las razas humanas Camitas y Semitas se dispersaron, manteniéndose las primeras
en las regiones Indo-Europeas y las segundas en las regiones Arábigo-Mesopotámicas,
Egipcio-Africanas, en la China y en las regiones Americanas. Siempre bajo la
atenta mirada de los Manus protectores de cada subraza y del control de la Isla
Sagrada.
Pero
los acontecimientos extraplanetarios que concluyeron
con el destierro de los “rebeldes” y su deportación a éste planeta
laboratorio, complicó el desarrollo normal evolutivo de los pueblos en expansión.
Pronto, los conflictos
entre las jerarquías destronadas y los ataques que los Asuras encarnados
hicieron sobre la “Isla”, para arrancarle los “secretos” que los
devolvería a su estado original de Dioses, hicieron que las proyecciones
materiales de Thulé en el exterior del planeta se replegasen hacia otros niveles
vibratorios más sutiles, perdiendo la relación directa con el mundo
manifestado.
Los
hombres sufrieron también el abandono de sus progenitores y en muchos casos
fueron tratados como meras marionetas o moneda de intercambio entre las disputas
personales de los Asuras. Así, poco a poco, los Semi-Dioses Babilónicos y
Griegos, se convirtieron en los Semi-Diablos Asuras de las tradiciones Hindúes.
Los
Nabateos, que fundaron la ciudad de Babilonia, eran Camitas y constituyeron la
primera experiencia de mezcla entre los dos grandes grupos étnicos, al
mezclarse con sus vecinos Semitas. Pero bajo el reinado de Nimrod, y la Gran
Confusión de la Torre maldita por Dios, las grandes tribus se dispersaron de
nuevo.
Especialmente
los pueblos Camitas cayeron en la barbarie y huyeron de sus “Dioses” para
esconderse en las regiones más septentrionales o aceptaron con resignación a
esos “Dioses” que los consideraban como a inferiores y los manejaban, utilizándolos
sin la menor consideración.
Los Semitas por el
contrario, sufrieron un relativo auge cultural que culminó con las culturas
Acadia, Judía, Egipcia, Caldea y China. Esto fue debido al mayor control de los
Manus Semitas, especialmente de
Seth-Hermes sobre las razas humanas bajo su custodia.
Los
Camitas en su huida hacia el Norte se tropezaron con los últimos supervivientes
de la Raza Atlante que se refugiaban medio salvajes en las montañas del centro
y norte Europeo y asiático.
Una
interesante narración de estas luchas épicas se encuentra
en las tradiciones y libros sagrados Iraníes:
<<
Antes de la creación de Adán. Vivieron en la Tierra dos razas sucesivas: Los
Devs y los Peris (Izeds). Los Devs eran gigantes fuertes y malvados; los Peris
eran más pequeños de estatura pero más sabios y bondadosos.
Gyan,
llamado también Gyan ben-Gyan (o la Sabiduría hija de la Sabiduría), fue Rey
de los Peris. Tenía él un escudo tan famoso como el de Aquiles, sólo que en
lugar de servir contra un enemigo en la guerra, servía de protección contra la
magia siniestra, la brujería de los Devs. Gyan ben-Gyan había reinado 2,000 años,
cuando a Iblis, el Demonio, le fue permitido por Dios derrotar a los Peris y
arrojarlos al otro extremo del mundo. Ni siquiera el escudo mágico que fue
construido con arreglo a los principios astrológicos y destruía los hechizos y
encantamientos, le permitió vencer a Iblis, que era un agente del Destino.
Cuentan
ellos diez Reyes en su última metrópolis llamada Khanoom, y el décimo dicen
que fue Kaimurath (idéntico al Adán Ario).
Los
gigantes habitaban las Montañas de Kaf, que contienen una galería construida
por el gigante Argeak, en donde se guardan estatuas de los hombres antiguos, en
todas sus formas. Las llaman Sulimanes, o los sabios reyes de oriente y cuentan
setenta y dos reyes de ese nombre. Siamek, el hijo querido de Kaimurath, fue su primer rey, el cual fue asesinado por su
gigantesco hermano. Su padre desde entonces, hacía conservar un fuego eterno en
la tumba que contenía sus cenizas >>.
La
razas Arias, no habían dejado nunca de luchar contra los descendientes de las
últimas razas de gigantes. Esta guerra, duró hasta el final de la edad que
precedió al Kali Yuga, siendo conocida como la Gran Guerra narrada en el Mahâbhârata
el conocido libro clásico Hindú. Pero lo que más sorprendería a los humanos
occidentales actuales es descubrir a un Adán tan tardío en casi todos las
narraciones clásicas arcaicas.
Aquí llegamos a otro de los sucesos de más relevancia de
esta Quinta Raza, el cual es tenido
como un mito incomprensible por la actual subraza humana. La gran obra que Ad-am
y su esposa He-va realizaron sobre la actual raza, en uno de los momentos más
críticos de la misma. La importancia de esta obra es difícil de comprender por
los seres materializados y embrutecidos del actual Kali-Yuga.
Aunque
muchas culturas hablan del Ad-am, en realidad han existido varios adanes.
Así,
mientras los Arios actuales o antiguos Camitas son descendientes del Adán
amarillo de la raza gigantesca Ario-Atlante, los Semitas han recibido estas
influencias de una fuente distinta, y son herederos directos del Adán
rojo.
Los
Adanes son en realidad los potenciadores genéticos y los arquetipos finales de
los cuerpos etérico-físicos actuales de la humanidad, tal y como los conocemos
hoy en día.
En el
tiempo en que ellos realizaron su labor, la Quinta Raza Raíz no era aún una
entidad homogénea, ni mucho menos, sino que constituía una amalgama de hombres
evolucionarios, de muy distinto progreso intelectual y cultural: Aparte de las Siete Razas de Color humanas, existían
los Asuras re-encarnados, los hombres primitivos descendientes de las razas
involutivas y animalizadas Atlantes, e incluso los Atlantes Gigantes cuyos últimos
descendientes se refugiaban en las montañas centro Asiáticas y Europeas.
El Adán
Semita es el Adam-Kadmón u Hombre Arquetipo. Era llamado también el Java-Aleim,
jefe de los Hierofantes iniciados en la ciencia del bien y el mal de este mundo,
conocidos como los Aleim, que obtienen sus conocimientos por medio de la
iniciación que despierta sus facultades intuitivas impulsados por la
“serpiente” y por Eva, la “materia”. Adán come ilícitamente del Árbol
del Conocimiento, que representa a la Doctrina Esotérica o Secreta.
La
Kabalah presenta al Adam-Kadmón, el Adán
Semita, a imagen y semejanza de Dios.
Adán es pues el Gran Ser Humano que arrastra a toda la humanidad implícitamente
hacia el Verbo de Dios, el gran Adam-Kadmón Protoplasto. Él no es entendido en
la Kabalah, como el primer individuo humano, sino que ésta admite la aparición
de la raza humana simultáneamente en toda la superficie
de la tierra. En la Kabalah, el gran Adam-Kadmón es andrógino, teniendo
dos caras; la faz masculina por delante y la femenina por detrás. El prototipo
del Adán que está en el Microprosopo, es igualmente andrógino por delante y
por detrás, a derecha e izquierda, arriba y abajo; lo cual demuestra el
equilibrio universal y la balanza de las fuerzas activas y pasivas en el
conjunto de la Naturaleza.
El Adán
Ario es también conocido como Kaimurath
por los persas, Rama por los hindúes, e
incluso Hércules por los griegos. Y también, nombrado finalmente como Ram,
por las tribus caucásicas y europeas septentrionales.
Pero
son de nuevo los hindúes, quienes poseen una tradición escrita mucho más
acertada e intuitiva sobre los temas esotéricos y arcaicos.
La
literatura Hindú, distingue dos grupos fundamentales de documentos escritos. El
primer tipo se conoce como Sruti, que significa Revelación y que comprende los
escritos que se creen inspirados y revelados por las deidades. Y el segundo
grupo, es conocido como Smiriti: ‘aquello que se recuerda y comprende’, y es
a este grupo al que pertenecen los Puranas y el Ramayana.
Rama es representado al igual que el Adam-Kadmón Semita,
como el Hombre Arquetipo, reencarnación de Vishnú, relacionado con Agni e
Indra. Vishnú es El Conservador, vive en el monte Meru y su símbolo es un
caracol y un disco. Él es también
un Kumâra,
idéntico a Agni, el Dios del Fuego o Sol, e igual a Indra, el resplandeciente
Dios del firmamento que mata
a Vritra o Ahí, el
Demonio-Serpiente, conduciendo a
las huestes de Devas contra otros Dioses revelados contra Brama, por lo cual se
le da el sobrenombre de Jishnu, Conductor de la hueste celestial.
Indra
es en realidad una forma más de Ishva-Ra, el Rey y Señor de los Alhim o fuerzas activas del
universo.
Realmente, Rama es el ser excelso que impulsó a la Raza Aria
hacia una elevación espiritual y física. Él es también el iniciador de una
era, cuyo final haría que su nombre fuera rememorado, en la última invocación
del mismísimo Mahatma
Gandhi antes de morir: “ ¡He, Rama!”( ¡Oh, Rama!).
La historia de Rama comienza en la ciudad solar creada por el Manu
de
la Raza Aria, hacía ya varias generaciones. En la época en la que su rey no
podía tener descendencia y realizó un sacrificio sagrado de fertilidad para
obtenerla, según se describe en el Ramayana:
<<
Era una vasta y extensa comarca, alegre, abundante en trigo y rebaños, junto a
la orilla del Sarayu. Había allí una ciudad, célebre en todo el universo,
fundada por Manu, el jefe del género humano.
Se llamaba Ayodya. Ciudad bella y feliz, inexpugnable, provista de puertas bien
distribuidas; con calles grandes y amplias...
Un rey
magnánimo llamado Dasarata, que añadía victoria tras victoria al imperio,
gobernaba en aquel tiempo la ciudad, como Amaravati de los Inmortales. Éste príncipe
magnánimo, bien instruido en la justicia, y para quién la justicia era el fin
supremo, carecía de un hijo que prolongase su descendencia… (Y el rey, en
tales circunstancias, decidió
realizar un sacrificio de fecundidad… )
- Es
preciso celebrar inmediatamente un sacrificio a manera de los que ordena el
Sastra, tan cuidadosamente que ninguno de los genios malos, destructores de
ceremonias, pueda impedirlo. (Y
durante el sacrificio ocurrió algo inusitado…)
He aquí
que de repente apareció a los ojos de todos, saliendo del fuego sagrado, de un
esplendor refulgente, parecido al brasero. La tez morena, envuelto en una piel
negra por vestido, la barba verde, los cabellos atados a la djata, oblicuo el
rabillo o ángulo de sus ojos y enrojecidos éstos como el loto. Diríase que su
voz era como el sonido de un tambor o el ruido de una nube tempestuosa.
Poseyendo todos los atributos de la felicidad y adornado de celestes prendas,
alto como la cima de una montaña, tenía los ojos y el pecho de león. Apretaba
entre sus brazos, lo mismo que se estrecha a una esposa querida, un vaso
cerrado, de oro puro, que semejaba algo maravilloso, lleno de un licor
celestial.
La
resplandeciente emanación del dueño soberano de las criaturas dijo al hijo de
Iksvaku:
- ¡Gran
rey, te doy en este vaso la felicidad, que es el caro objeto de tu piadoso
sacrificio!. Tómalo pues, ¡hombre eminente entre los eminentes!, y haz beber a
tus castas esposas este brebaje que los dioses han compuesto. Que saboreen este
néctar, ¡augusto monarca!, que produce salud riquezas e hijos a las mujeres
que lo beben.
De estas
mujeres nacieron cuatro hijos de belleza celeste y de esplendor infinito: Rama,
Laksmana, Satruña y Barata.
Kaosalya
fue madre de Rama, el primogénito y el más virtuosos y bello de los hermanos,
de fuerzas hercúleas y rival de Vishnú por su valor. >>
Aquí queda reflejada la
genealogía solar de Rama, el Adán Ario, que es concebido por madre humana,
pero sin un padre fisiológico humano; es decir, con la mitad de los genes
humanos y la mitad de los genes cósmicos aportados por la entidad solar de la
narración épica. Algo similar vemos que ocurre en el Ramayana con Sita, la Eva
Aria, que fue concebida por padre humano, el rey Dajanaka, pero sin una madre
natural pues “surgió de la tierra misma”, es decir, de la genealogía del Melki-Tsedek,
oigamos pues la historia:
<<
Los hijos del rey Dasarata (Rama y Laksmana), dos ilustres guerreros en el mundo
desean ardientemente ver el arco divino que guardas con religioso respeto en tu
casa. Muestra esa maravilla a estos jóvenes hijos de rey y en cuanto hayan
satisfecho sus deseos, harán por ti aquello a que alcance su voluntad.
El rey
Dajanaka, juntando las manos, contestó así a este discurso:
- Oíd
primero la verdad acerca de éste arco y la razón por la cual fue depositado en
mi casa. El arco fue confiado a un príncipe llamado Devarata, el sexto de mi
estirpe después de Nimi (Nimrod). Antaño, durante la matanza que ensangrentó
el sacrificio del viejo Daksa, con este arco invencible, mutiló Sanka a todos
los dioses, haciéndoles al mismo tiempo este merecido reproche: ‘¡Dioses,
sabedlo bien, si he derribado con este arco vuestros miembros es porque vosotros
me rehusasteis la parte del sacrificio debida!’.
Temblando
de espanto, los dioses se inclinaron con respeto ante el invencible Rudra, y se
prometieron recuperar su benevolencia. Siva satisfecho al fin de ellos,
sonriendo, devolvió a aquellos dioses, de inmensa fuerza, los miembros
derribados por su arco magnánimo.
- Éste
es, santo anacoreta, el arco celeste del sublime Dios de los Dioses, que se
conserva en el seno de nuestra familia, en medio de los más religiosos honores.
Yo tengo
una hija, bella como las diosas y dotada de todas las virtudes. No ha sido
engendrada en las entrañas de una mujer, sino que nació de un surco que abrí
yo un día en la tierra. Se llama Sita, y la guardo como digna recompensa a la
fuerza >>.
Esta
cita del Ramayana y la anterior, son una clara referencia al origen no implícitamente
humano de los dos seres, que habrían de elevar el componente genético de
aquella segunda Subraza Aria al nivel del cuerpo etérico-físico actual del
hombre de superficie.
Un código
genético es algo más que una simple composición biológica desde el punto de
vista bioquímico, concepto, al que la humanidad terrestre actual está
acostumbrada a asociar el gran misterio genético.
El código
genético es un conjunto de condiciones energéticas y vibratorias que es
determinado por el arquetipo de una determinada raza humana. Es un vórtice
energético que aproxima la expresión del ser a la idea que lo generó, y no se
limita únicamente a la organización de las sustancias de un organismo, ni a
los patrones de funcionamiento que él debe asumir, sino que tiene raíces en la
idea original de la constitución de aquella raza determinada.
El código genético es
modificado o sustituido por las consciencias rectoras de la evolución, los Dhyân Chohans, Regentes evolutivos del
Tiempo y del Espacio, también llamados los Jardineros del Espacio. Estos seres
excelsos, junto con los Logoi Planetarios, desarrollan
los cambios a producir en el código genético de una Raza Raíz, cuando ésta
se aleja del Arquetipo evolutivo asignado, o también en los cambios de ciclos,
cuando las razas deben transformarse más profundamente.
En un
pasado lejano, en los albores de la formación de los cuerpos del hombre
terrestre, los Jardineros del
Espacio crearon el código genético humano a partir de la sustancia de cierto
dinosaurio anfibio, sustancia que pasó por una serie de mutaciones, y en la que
fueron insertadas estructuras genéticas de origen extraplanetario. En el
transcurso de millones de años hubo otras cuatro incorporaciones de genes cósmicos,
la última de las cuales queda reflejada en éstos capítulos del Ramayana. Esas
incorporaciones acabaron produciendo
los tipos genéticos contemporáneos existentes en las cuatro razas de color
supervivientes, tales como la amarilla, roja, blanca y negra.
En la
actualidad, el nuevo código genético -el cual está ya preparado-, será
insertado en la humanidad reinante para adaptarla en su transición hacia el
proceso de elevación planetaria. La quinta incorporación de material genético,
creará la nueva Raza de color Cobre o Raza Canela que surgirá en un futuro muy
cercano sobre este planeta.
Durante
los ciclos anteriores, los individuos encarnaban en estos diferentes grupos
humanos pasando de uno a otro, a fin de adquirir la experiencia que cada uno de
esos grupos ofrece.



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