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Los “Creadores” de la Quinta Raza humana o Manus, eran “Dioses aprisionados en la materia” , eran en realidad los Asuras “Caídos” que continuaban con su plan de potenciación de la raza humana terrestre en medio de una terrible confusión. El Fuego Negro es la Luz Absoluta, la Sabiduría que es extraída de las Tinieblas por el Verbo Creador. Los Asuras, que habían nacido del Cuerpo de la Noche dieron a su vez la Luz a los Hombres, que nacieron del Cuerpo del Atardecer.

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  LA CRUZ DE HIELO

  

     LOS HIJOS DE  Na-Noah (I)

 

 

5. LOS HIJOS DE  Na-Noah 

( PARTE  I )

 

 

Este segundo diluvio es el que ha quedado marcado  en las tradiciones ancestrales terrestres de todos los continentes como el del “Gran Diluvio de Noé” de la tradición semita, y las tradiciones referidas a Xisutros, el “Noé Caldeo”, o las leyendas de los “Noes” Azteca y Chino. 

Noé o Na-Noah, en la lengua del Bereshith, significa “la Regla”, “la Ortodoxia” de Noé, y es equivalente a los nombres: Manú, Menes, Minos y Minoa. 

En todas estas tradiciones han quedado reflejados factores comunes como el de los siete acompañantes misteriosos de cada uno de los “Noes” de las diferentes leyendas, cuando finalmente se narra que descienden a la tierra firme transportados en sus “Arcas de Salvación”.

Estos Siete Seres no son otros que los Siete Manus regentes de las siete distintas razas humanas de color, los arquetipos genuinos de todos los seres humanos de la Quinta Raza o Raza Aria, conocidos también como los siete Titanes divinos o los Kabirim. Ellos fueron realmente los Hijos de Mahat, que aportaron a la Quinta Raza su Mente Concreta, eran los Asuras encarnados en los nuevos cuerpos de la incipiente Raza Aria, los vivificadores de la planta humana, son ellos las aguas que caen en el árido suelo de la vida latente y las chispas que vivifican al animal humano.

Estos Siete Señores de la Quinta Raza fueron llamados los “Dragones de Fuego de la Sabiduría”, de los cuales los antiguos libros ocultos dicen:

<< Siete Señores crearon siete Hombres; tres Señores eran santos y buenos; cuatro eran menos celestes y llenos de pasión… Los Châyâs (fantasmas) de los padres eran como ellos… >>

 

Estos siete “Dioses” o Asuras, crearon cada uno a un grupo de hombres iniciadores de su propia raza de color portando ya el código genético de los animales terrestres evolucionarios. Los hombres así creados nacieron en diferentes centros de los nuevos continentes en formación, aunque procediendo de un mismo origen común.

Las tres primeras razas de color creadas eran más espirituales: la naranja, la azul y la verde se han extinguido hoy en día sobre la faz de la tierra o se han mezclado con las siguientes cuatro segundas razas mucho más materiales y de colores blanco, rojo, amarillo y negro, aunque en muchos casos la mezcla final ha dado como resultado a las razas mixtas amarillo-naranja, la negro-azulada, la blanca-oscura y la rojo-verdosa, así como toda una clase de tonos cromáticos de difícil catalogación, que culminaran con el hombre de color canela en la última subraza de la Quinta Raza Raíz humana. 

 

El hombre, al igual que toda materia existente en este sistema solar, es el producto de los Tres Fuegos actuando sobre los Cuatro Elementos; los tres fuegos básicos que forman al hombre son el Fuego por Fricción, el Fuego Eléctrico o Solar y el Fuego Cósmico. Estos tres fuegos son fuerzas conductoras de la vida que los anima y éstos a su vez, la plasman en los cuatro elementos; Tierra, Agua, Fuego y Aire, que son en sí mismos, los principios que cualifican la sustancia que forma los distintos niveles densos o sutiles de los cuerpos humanos. Los fuegos constituyen la nota sobre la cual el Logos Regente plasma su obra a través de los Manus y de los Pitris (Devas), construyendo los hilos que unen a los distintos cuerpos humanos. 

El Fuego por Fricción prevalece en los cuerpos Etérico-físico, Astral y Mental, mientras que el Fuego Eléctrico prevalece en el cuerpo del Alma y el Cuerpo de Luz; finalmente la Mónada y el Regente Avatar trabajan con el fuego cósmico.

 

Los “Creadores” de la Quinta Raza humana o Manus, eran “Dioses aprisionados en la materia” eran en realidad los Asuras “Caídos”  que continuaban con su plan de potenciación de la raza humana terrestre en medio de una terrible confusión. 

El Fuego Negro es la Luz Absoluta, la Sabiduría que es extraída de las Tinieblas por el Verbo Creador. Los Asuras, que habían nacido del Cuerpo de la Noche dieron a su vez la Luz a los Hombres, que nacieron del  Cuerpo del Atardecer. Aunque no todos los Asuras renunciaron a la obra creadora y de servicio, el aislamiento que la aparición de La Sombra impuso a las entidades regentes creó unas consecuencias nefastas. Una gran inteligencia y demasiado conocimiento son un arma de dos filos en la vida física y material, pues pueden ser utilizados tanto para el bien como para el mal. Estos atributos combinados con la falta de guía interior y el egoísmo, ensalzan al ser que los posee, sobre un pedestal que lo proyecta sobre las masas humanas más desfavorecidas. 

Poco a poco, los propios Asuras nacidos libres, se encadenaron por sus actos a los ciclos de encarnaciones de la raza humana evolucionaria. Los Hijos de la Sabiduría que “retardaron” sus encarnaciones hasta finales de la Cuarta y comienzo de la Quinta Raza, ya manchadas fisiológicamente con el error y la impureza, produjeron una causa cuyo resultado kármico pesa en ellos hasta hoy en día. Causa que marcó su caída, según rezan los textos arcanos: 

<< Los Sura se convirtieron en los “A-Sura”. Así, los Dioses se tornaron en No-Dioses… >>

 

Aunque los A-Sura y otras entidades  celestes como los Dhyân Chohans, y los Pitris, se dividieron en varias proporciones entre los distintos bandos, fueron los A-Sura, los que mayoritariamente apoyaron a Ialdabaoth, el Regente Galáctico a través de sus representantes en este sistema, Ildabaoth y Ahriman

Los siete Titanes divinos, los Kabirim, eran los grandes Manus de las siete razas humanas de color, hijos de Noe el Atlante y su mujer (representados como Cronos y Rea por los griegos.)

Los Kabirim, son conocidos también como los “Dioscuros” por las fuertes polaridades que vivían en el interior de cada uno de ellos. Éstas, finalmente los separaron y fueron las causantes de que formaran dos grupos de intereses contrapuestos; el primero de ellos conocido como los Camitas y compuesto por los tres Kabiri, conocido por la civilización griega como los dioses padres Zeus, Hera y Apolo. El segundo grupo, fue conocido como el grupo Semita, compuesto por Axieros (Demeter), Axiopersa (Persephona), Axiokersos (Plutón o Hades) y Kadmos o Kasmilos (Hermes). Los humanos, que estaban bajo la dirección de los Kabiri asumieron también estos grupos de influencia.

Las propias pirámides egipcias, edificadas antes del segundo diluvio Atlante, las cuales fueron  construidas en dirección de la constelación del Dragón cuando ésta se encontraba en  línea con el polo norte terrestre, fueron usadas esotéricamente como culto a los dos grandes Manus semitas Dioscuros: Seth y Hermes. Los Sabeos, que adoraban a los “Regentes de los Siete Planetas”, tenían a Seth y a su hijo Hermes (Enoch o Enos), como el más elevado de los dioses planetarios. En realidad se trataban de la misma entidad en dos polaridades distintas. 

Los Sabios e instructores que enseñaron a la Quinta Raza, después de haber instruido a las dos razas precedentes; gobernaron sobre la tierra durante las “Dinastías Divinas”, y finalmente se sacrificaron,  para renacer en varios momentos críticos distintos, cuando fue necesario para el bien de la humanidad. Hasta que en sus últimas encarnaciones se convirtieron verdaderamente en “partes de una parte” durante su encarnación terrestre. Éste es el significado de “Dioscuro”, tal y como quedó reflejado simbólicamente en el Zohar o libro Kabalístico: 

<< La Luz se refleja inversamente en la Naturaleza y en la Materia, convirtiéndose en las Tinieblas >>

 

Eso es exactamente, lo que reflejan las mismas dos figuras en piedra blanca y negra que han existido en los templos de Egipto hasta los mismos días del rey Cambises, hijo de Ciro el Grande.      

 

La deidad  Kabiri original del pueblo Semita, era Prometeo (Hermes), que trajo la luz al Mundo y dotó a la Humanidad de inteligencia y razón. El “Fuego robado a los Dioses” conocido en todas las culturas terrestres, y por el que los Titanes fueron condenados a los Trabajos Titánicos. Este “Fuego” es idealizado como los Tres Fuegos Divinos Sagrados por los iniciados en las Artes Antiguas.

Otro de los recuerdos que Prometeo (Hermes) ha dejado en la memoria histórica de los semitas es la figura de  Azazel ( o Azal, el “uno separado de Dios”). En el Zohar se puede leer la historia de “los Ischins, encadenados a la montaña en el desierto”. Alegoría que alude a los espíritus atados a la tierra durante el ciclo de encarnación.  Azazel o Azazyel, es uno de los jefes de los “ángeles transgresores” del libro de Enoch, los cuales descendieron sobre el Ardis, la cima del monte Armón, y se comprometieron entre sí jurándose insensatamente mutua lealtad.  

Pero estos seres también “ayudaron” a la humanidad, pues de ellos se dice en el Zohar que: 

<< Azazyel enseñó a los hombres a hacer espadas, cuchillos y escudos, y también a fabricar espejos, para ver lo que está detrás de uno. Amazarak instruyó a todos los brujos y a los trituradores de raíces; Amers explicó la Magia; Barkayal, la astrología; Akibeel, el significado de los portentos y de los signos; Tamiel, la astronomía, y Asaradel enseñó el movimiento de la Luna. Y estos siete fueron los instructores del hombre… >>

 

En esas leyendas se hallan las claves del entendimiento y la representación simbólica de la gran lucha entre la sabiduría divina, el Nous, y su reflexión terrestre, la Psiche, o mejor definido entre el Espíritu y el Alma.

En el Cielo, la Mónada Divina se ha desterrado voluntariamente de él, y en la Tierra, el Alma desciende a la encarnación para transformar el “animal de barro” en un Dios inmortal. Pero en la Tierra, tan pronto como el Espíritu descendió fue ahogado en la confusión de la materia…

Así pues, los Titanes divinos, los Kabirim, eran Dioses celestes y cósmicos en su calidad de Manus, pero a la vez eran terrestres y mortales.  

Según la mitología terrestre: “Los Titanes eran gigantes hijos del hermano de Saturno, Titán. Ellos deberían heredar de Saturno el trono del Olimpo; sin embargo, Júpiter hijo de Saturno, expulsó a su padre del reino de los dioses y se tornó Señor de los Cielos y de la Tierra, por eso, su reinado transcurrió en medio de luchas con los Titanes”. 

¡ Todo ello de lo más descriptivo…! Pues Ra, la “nave planeta” que riega de luz y armonía a los sistemas de mundos que regularmente visita, en su nueva ronda planetaria por este sistema, se desenvolvió creando un conflicto abierto con los rebeldes que desencadenó el evento conocido en todas las culturas humanas como la “Guerra en los Cielos”. 

 

Mihael estaba investido con toda su magnificencia en su Cuerpo de Acción; reflejándose en la figura que los humanos conocieron como Gabriel o Ishva-Ra

De todos los pueblos de la tierra, los hindúes actuales son los que mejor conservan las figuras metafóricas de los distintos “cuerpos” de la Esencia Divina. Ishva-Ra es Rey y Señor de los Alhim o fuerzas activas del universo, y aparece en la imaginería Hindú sentado sobre el Tigre que encarna a la fuerza del Verbo Creador representando asimismo, las rayas del tigre a las ondas lumínico-energéticas y espacio-temporales que generan los mundos manifestados. Las aguas que rodean a la figura sedente son las Aguas del Espacio, el Khum, la Oscuridad Madre de todos los seres. El tridente representa el Triloka, el gobierno de los Tres Mundos, y la Serpiente de Sabiduría arrollada a su cuello, significa la Mente Cósmica que se enrosca sobre el tronco del  Asvattha, o Árbol de la Vida, fructificándolo mediante el conocimiento. Por último el nudo  que forma su cabello en lo alto de su cabeza, del cual sale un arco iris, es una metáfora que está aludiendo a Nat, el nudo y  a Our, la luz viviente, que simbolizan la Nat-Our, la “Naturaleza” en la primera correspondencia de la Luz Inaccesible.

   

Ishva-Ra se presentó en este sistema de mundos, al igual que hiciera en otros muchos, personificando la paz y la armonía perdidas, para equilibrar la balanza del Karma acumulado por los Príncipes Planetarios rebeldes y su cohorte de Asuras.

Eloi el Regente de Júpiter, junto con las demás entidades planetarias bajo la supervisión del Regente Solar Adonai,  destronó a los Príncipes Planetarios rebeldes y a sus huestes arrojándolos sobre la Tierra. Este planeta, se convirtió de nuevo en el colector de los seres y energías reluctantes de este sistema de mundos.

Mientras tanto, los Titanes (Kabirim) quedaron todos bajo la jurisdicción de Zeus (Júpiter), y a ellos se unieron todo un nuevo panteón de dioses y seres descendidos de los restantes planetas de éste sistema solar, aumentando la confusión y las disputas entre los Asuras enclaustrados en este pequeño astro de recuperación.

Un plan de emergencia fue trazado por los Dhyân Chohans, para equilibrar la carga Kármica de estos nuevos elementos recalcitrantes adheridos al aura de influencia de éste Planeta Laboratorio. 

Por fin los vientos de armonía y progreso saludaron a este planeta y volvieron a aparecer entre los humanos de superficie los antiguos grandes seres dedicados a la instrucción, y a la guía de las Razas Terrestres encarnando entre sus Reyes, Guías y Sabios.

Los Dhyân Chohans (Serpientes de la Sabiduría), encarnaron en esta tierra en diferentes etapas y en las diferentes razas de color, durante largos años trabajaron para guiar a la humanidad, de nuevo: Isis, Osiris, Ahura Mazdhâ, Krishna, Nârâyana, Thoth,  y otros seres semi-divinos y divinos aparecieron como Manus y  Rishis de la humanidad, en su larga marcha evolutiva.

 

La lucha entre los Dhyân Chohans, y los Asuras rebeldes quedó reflejada en el plano terrestre en las narraciones del Bhagavad Gîtâ, aunque éste fue escrito muchos milenios después de los acontecimientos que narra.

Uno de los Dhyân Chohans que encarnaron en la tierra para servir durante este tumultuoso período terrestre fue conocido como Krishna. Esta poderosa entidad solar era en realidad una proyección del Gran Kumâra Virgen conocido también como Sanat Kumâra, el Gran Karttikeya, el Dios de la Guerra, aquél  que fue amamantado por las Krittikâs, las Siete Pléyades.

El mismísimo Karttikeya reencarnado, persiguió y combatió sobre la superficie terrestre a los Asuras rebeldes, los Kabirim, y a sus ejércitos de diablos Râkshasas a los que finalmente venció. Pero lo importante realmente, fue el impulso espiritual que Krishna, imprimió en el aura del planeta, influyendo sobre los seres celestes encarnados y sobre la incipiente humanidad de la Quinta Raza Raíz.

Krishna combatió contra los Asuras en el plano terrestre siguiendo las directrices dadas por Ishva-Ra en los cielos. Los antiguos compañeros de evolución, Suras y Asuras luchaban entre ellos en una confusa guerra que enfrentaba a antiguos compañeros, linajes comunes e incluso a familias enteras en una feroz lucha por el control del plano fenoménico terrestre.

 

Pero en esta gran confusión, Krishna  siempre conocía las claves auténticas que diferencian a los seres evolutivos de los involutivos, como se muestra en este pasaje del Bhagavad Gîtâ:

<< La Inercia, nacida de la ignorancia alucina al morador del cuerpo, y le ata con la negligencia, la apatía y la pereza. La Armonía inclina a la felicidad; la Emoción a las obras. La Inercia entenebrece a la Sabiduría y la inclina a la inacción. Vencidas la Emoción y la Inercia, prevalecerá la Armonía. Cuando  la luz de Sabiduría  irradia de todas las puertas del cuerpo, entonces se reconoce la Armonía; por el contrario, la ambición, la actividad, la energía, el desasosiego y el deseo nacen del predominio de la Emoción. Por tanto, de la Armonía dimana el Conocimiento, de la Emoción el deseo, de la Inercia, el error, la ignorancia y la pereza >>.

 

Krishna, se define a sí mismo, y a las características de su propia naturaleza, con estas maravillosas citas que aparecen en el Bhagavad Gîtâ:

<< Yo Soy el Espíritu del Devenir, su principio, su estado mediano y su fin. De entre los seres soy el más noble de todo lo creado. Entre los seres espirituales soy Vishnú; entre los astros el Sol; entre las luces la Luna; entre los elementos el Fuego; entre las montañas el alto Mérou; entre las aguas el gran océano del mundo; entre los ríos soy Gandha; y Ashvattha entre todos los árboles; soy el Regente, en el verdadero sentido de la palabra, de los hombres y de todos los seres vivientes; entre las serpientes soy la que existe eternamente, el Gran Círculo del Tiempo, que es el fundamento de la existencia humana >>

 

Krishna, imprimió en la incipiente humanidad una nueva visión clarividente en la que el conocimiento de los Mundos Superiores no se adquiere únicamente desde lo exterior al ser, sino principalmente desde la unión con su Yo Superior o Mónada. De esta forma el Yo común se haya unido al Yo Superior, el cual es, en sí mismo, la Divinidad.

Ese  gran misterio se haya igualmente reflejado en otro pasaje de los Vedas:

<< Si aparte de mí mismo, otro existiera, me describiría a mí mismo a través de él. Desde la eternidad he existido, y existiré eternamente. Soy la causa primitiva de todo; la causa de todo lo que existe en el Oeste, en el Este, en el Norte, en el Sur; soy la causa de todo allí arriba en las alturas, allí abajo en las profundidades. Yo soy todo; soy más antiguo que todo lo existente. Yo soy el Regente de los regentes. Yo soy la Verdad misma; soy la causa de la Revelación. Yo soy el Conocimiento; soy la Devoción, y soy el Derecho. Yo Soy Todopoderoso. >>

 

Pero la Revelación del Espíritu del Devenir debería de esperar aún muchos milenios, para que realmente impregnase el aura de éste planeta, mediante la intercesión de una colosal figura espiritual que se proyectó gigantesca sobre la triste humanidad de superficie de éste mundo.

Después del segundo gran diluvio Atlante, Los seres conocidos en las leyendas nórdicas del mundo de superficie actual como Elfos, los cuales, se denominan a sí mismos, los Hijos de la Voluntad y del Yoga o Hijos de la Niebla de Fuego, aquellos que permanecieron afines al  Logos terrestre, se asentaron definitivamente en los centros planetarios intraterrenos para no volver a exteriorizarse abiertamente al mundo de superficie. El mundo intraterreno cuyo  centro planetario regente era el de Shamballah, fue conocido como la Isla Sagrada entre los humanos iniciados que actuaban en el exterior del planeta controlado, desde ese momento, por las fuerzas rebeldes involutivas, herederas de Ahriman y de los demás príncipes destronados. Las entidades estelares encerradas en el plano material terrestre, se asentaron en un principio en una vasta región comprendida entre el actual golfo Pérsico y el norte de la India, y posteriormente se dispersaron en las siete regiones habitadas por las siete razas de color compuestas por la enorme progenie de Titán.

Al igual que ocurriera en las épocas Lemúrica y Atlante con el centro regente de Iberah, el centro planetario regente de Shamballah y todo el interior del planeta quedó aislado del exterior, como único medio de contener la confusión y anarquía reinante entre la humanidad de superficie.

Y así: 

<< La Madre que había gestado en su vientre a sus hijos, tendría que ocultarse posteriormente de ellos después del parto. >>

 

Las humanidades terrestres siempre se han preguntado por su procedencia “física” y muy pocas veces por su procedencia “espiritual”, la cual les daría las claves para entender el Todo. Aunque muchas veces, los “Guías Celestes” encarnados les hayan dejado mensajes en clave que muy pocos han llegado a entender… 

Un Sabio Caldeo escribió una vez:

<< Las tierras en que vivimos están rodeadas por el Océano, pero más allá de este Océano hay otro país que toca a las paredes del firmamento; y en ésta tierra fue donde el hombre fue creado y vivió en el Paraíso (Paradesa).  Durante el Diluvio, Noé fue llevado en su arca a la tierra en que ahora habita su posteridad.

En los primeros comienzos de la vida, la única tierra seca estaba en el extremo de la derecha de la Esfera, en donde está inmóvil el Globo. Toda la Tierra era un vasto desierto de Agua, y el Agua era tibia… Allí nació el Hombre, en las Siete zonas del lugar inmortal e indestructible del Manvantara. Existía allí una primavera eterna en la oscuridad. Pero lo que es oscuridad para el hombre de hoy, era luz para el hombre en su aurora. Allí reposaban los Dioses y allí Fohat  reina desde entonces... Por eso dicen los sabios Padres que el hombre nació en la cabeza de su Madre, y que sus pies, en el extremo de la izquierda, generaron los vientos perniciosos que soplan de la boca del Dragón inferior… Entre la Primera y la Segunda Raza, la Tierra Central Eterna  fue dividida por el Agua de la Vida... Ésta fluye alrededor de su cuerpo, y lo anima. Uno de sus extremos surge de su cabeza; a sus pies se vuelve impura. Se purifica en su corazón, que late bajo el pié de la sagrada Shamballah. La cual no había nacido entonces. Pues en el cinturón de la morada del hombre, es donde se encuentra oculta la vida y la salud de todo el que vive y alienta. Durante la Primera y la Segunda Raza, el cinturón estaba cubierto por las grandes aguas. Pero la gran Madre trabajaba bajo las olas, y una nueva tierra se unió a la primera que nuestros sabios llaman “El Gorro Frigio”. Trabajó aún más para la Tercera Raza, y su cintura y ombligo aparecieron sobre el agua. Era el cinturón el sagrado Himavat (Himalaya, o Hima Alaya), que se extiende alrededor del Mundo. Rompióse hacia el Sol poniente desde su cuello abajo en muchas tierras e islas, pero la Tierra Eterna no se rompió. Tierras secas cubrieron la faz de las tierras silenciosas en los cuatro lados del Mundo. Todas estas perecieron a la vez. Luego apareció la mansión de los malvados (Atlántida). La Tierra Eterna estaba entonces oculta, pues las aguas se solidificaron bajo el aliento de las narices y los malos vientos de la boca del Dragón... >.

 

 Shamballah “La Isla Sagrada”, se extiende aún en la contraparte intraterrena, que se refleja en el mundo exterior en una zona montañosa de las estribaciones del norte del Himalaya cercana al desierto del Gobi. La actividad de Shamballah comenzó a mediados del período Lemuriano, substituyendo posteriormente como centro intraterreno regente al núcleo de Iberah o Ibez.

   

  

 

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.