Principal Arriba Comentarios Contenido Buscar Traducción Imágenes

J
A B C D E F G H I J K L M N O P Q R S T U V X Y Z

   

^^  Obtenga el libro impreso: Las Tres Cabezas del Elefante... ^^

__________________

Atlántida

Lemuria

Âgharttha

Gaia

_________________

Anú

Mihael

Ialdabaoth

Vishnú

Shiva

Ishva-Ra

_________________

Archi

Melki-Tsedek

Brâhatmah

Mahatma

Mahanga

_________________

Nueva Era

Teosofía

Antroposofía

Gnósticos

Pitagóricos

Rosacruces

Francmasones

Martinistas

Nazarenos

Esenios

_________________

Buddha

Krishna

Rama

Zarathushtra

Moisés

_________________

Gandhi

Ahimsa

Aparigraha

Samhaha

_________________

Aeter

Akasha

Âlaya

Laya

_________________

Nihil

Holístico

Nat-Our

Noúmeno

_________________

Magia

Mash-Mak

Mahat

Ofitas

Nâgas

_________________

Hermes

Thoth

Iaô

Adonai

_________________

Mâyâ

Mérou

Omphalos

Om

Fohat

_________________

Sánscrito

Vattan

Irdín

Hierogáfico

_________________

^^  Éstos... y otros muchos Términos Esotéricos más en el Glosario... ^^

_________________

 

_________________

   ¡¡Despierta!!

       

      ¡¡El Día...

 ...Ha Llegado!!

_________________

 

  << Traduzca esta Página <<

 

Índice Alfabético - Glosario

Jaggrenat Jehovah        

Glosario de términos (J):

J 

 Jaggrenat:                   

Ver también:   Brâhatmah       

En el día secular del Jaggrenat  el Brâhatmah se presenta al pueblo en la célebre procesión del mismo nombre. Él realiza un circuito ritual alrededor de la ciudad sagrada, la Paradesa, partiendo y terminando en el Santuario Central en conmemoración de la Unión Cósmica. El Nicod Bilo ShOPh cósmico, A el “punto en el infinito”, representado en los hierogramas sagrados por el sempiterno punto en el interior de un círculo que representa al macrocosmos y al microcosmos en armónica conjunción.

   

 Jehovah:      (Jah-Heva)          

Ver también:    Ialdabaoth;  Adonai;  Lucifer     

Es innegable que el nombre y la figura de Jehovah posee un misterio terrible y esclarecedor que traspasa nuestras mentes como una aguda saeta cuando accedemos a él; de modo que la mejor manera de iniciarnos en este misterio fundamental es la de seguir las indicaciones de los grandes maestros de la Kabalah. Oigamos pues de labios del propio Rabí Simeón Ben Jochai, compilador del Zohar, la descripción de los profundos abismos que flanquean el peligroso camino del peregrino...

Pero antes debemos aproximarnos a una época turbulenta, a las ruinas de una ciudad envuelta en llamas y destruida por los ejércitos de Roma hacia la mitad del siglo I de nuestra era. Justo en el mismo momento en que Flavio Josefo rescata el Libro de Enoch, Simeón Ben Jochai huye de Jerusalén, la ciudad devastada llevándose los manuscritos que compondrán años después el Libro del Zohar, tal como hoy lo conocemos.

Dejemos ahora que el gran cabalista francés, el Abate Luis Constant, más conocido por Eliphas Lévi, nos explique estos acontecimientos:

<< Jerusalén acababa de ser destruida por los romanos. Estaba prohibido a los judíos, bajo pena de muerte, ir a llorar ante las ruinas de su patria. La nación entera fue dispersada y las tradiciones santas se perdieron. La verdadera cábala había cedido el puesto a sutilidades pueriles y supersticiosas. Los que pretendían conservar la herencia de la doctrina oculta, sólo eran adivinos y hechiceros, con justicia proscriptos por las leyes de las naciones. Entonces fue cuando un rabino venerable, llamado Schimeón Ben-Jochai, reunió en su derredor a los últimos iniciados de la ciencia primitiva y resolvió explicarles el libro de la alta teogonía, denominado el libro del MISTERIO. Todos sabían el texto de memoria, pero el rabino Schimeón era el único que conocía el sentido profundo de este libro, que se transmitía de boca en boca y de pensamiento en pensamiento, sin jamás explicarlo ni escribirlo.

Para reunirlos he aquí las palabras que les dirigió:

" ¿Por qué en estos días tormentosos permanecéis como una casa que se apoya en una sola columna o como el hombre que se tiene en un pie? Es tiempo de obrar por el Señor, pues los hombres han perdido el verdadero sentido de la ley".

"Nuestros días se acaban, el Maestro nos llama, la mies está desparramada y los vendimiadores extraviados no saben dónde esta la viña".

"Reuníos en esta campiña que fue un vergel, hoy día abandonada. Venid como para combatir, armados de prudencia, de sabiduría, de inteligencia, de ciencia y de atención; que vuestros pies queden libre como vuestras manos". [Éliphas Lévi; El Libro de los Esplendores]  >>

 

Y de esta manera, el Rabí Simeón Ben Jochai desenreda una a una las cintas que atan el velo del terrible misterio… Tal y como continúa contándolo Eliphas Lévi:

<< Los hombres, cuando oran, se prosternan ante un Dios que se representan irritado; la frente de la cabeza sombría se carga entonces de nubes y parece como si el rayo se dispusiera a estallar; pero la sombra se entreabre ante un rayo surgido de la faz suprema: la serenidad eterna imprime su mirada en la sombra y hasta la frente de la faz negra se ilumina. Cuando los justos oran se dirigen a la bondad divina y el sentimiento de bondad disipa en ellos las sombras del temor. La serenidad de la faz del hombre, es la irradiación del rostro divino. Cuando la cólera se apacigua en el corazón del hombre, sueña con el perdón de Dios; pero sólo es el hombre quien perdona, pues Dios jamás se irrita. [Éliphas Lévi; El Libro de los Esplendores]  >>

 

La explicación de que el Dios del Misterio, la Faz negativa de Dios, o sea, Jehovah, es únicamente el reverso del Dios que habita en el propio hombre es un secreto desvelado que “debe permanecer oculto al vulgo” por las terribles consecuencias que éste traería en caso de publicarse sin control, e incluso, el propio Ben Jochai tiembla y se desespera ante tal perspectiva:

<< Habiendo dicho todas estas cosas, lloró Rabí Schimeón, y alzando la voz exclamó: ¡Si alguno de vosotros, Oh, hermanos míos, tuviera que revelar a los profanos las cosas que acabamos de decir, que Dios se apodere de ellos y los oculte en su gloria! Porque vale más que nosotros mismos salgamos del mundo, que revelar a los hijos de él los más sublimes misterios del cielo. Yo los he revelado a vosotros solos, en presencia del anciano de los ancianos; yo no lo he hecho por mi gloria ni por la de la casa de mi Padre…

Antes de que los rabinos reunidos en el recinto de la piedra de moler el grano hubiesen salido al campo, tres de ellos murieron súbitamente.

Rabí Schimeón profirió entonces una palabra y se prosternó. Después exhaló un gran grito, diciendo; ¿Qué es esto, Dios nos perdone? ¿Un decreto de muerte se ha pronunciado contra nosotros por haber revelado misterios desconocidos de todos los hombres, desde el día en que Moisés, mirando cara a cara la divina visión, estuvo de pie en el Sinaí?

Si debemos ser castigados por ello, ¿cómo es que la muerte no ha empezado por mí?

Y oyó una voz que decía:

‘Bienaventurado tú, Rabí Schimeón, y bienaventurado tu patrimonio, así como el de los compañeros que están contigo. Acaba de seros revelado lo que el Señor no revela a toda la familia del cielo’. [Éliphas Lévi; El Libro de los Esplendores]  >>

 

Vemos aquí como la divulgación del terrible misterio es penalizada por la Divinidad en algunos casos y exaltada en otros… ¿Cuál es el motivo de tan inexplicable actitud...? Debemos escuchar esta vez las explicaciones del propio  Eliphas Lévi:

<< Dios se hizo hombre para impedir al diablo hacerse Dios.

¿Qué es el diablo? Es la bestia, es la sombra, es la mentira. ¿Por qué existe? Porque la sombra es necesaria como ‘substractum’ de la luz; porque el mal es el fundamento del bien. Así se explican las sombras de los antiguos santuarios; así se explican igualmente las obscuridades de la Biblia. Es preciso una sombra para servir de propulsora a la luz. Es preciso a la multitud grosera una divinidad terrible que ahuyente las pasiones humanas con sus cóleras y sus venganzas. El Dios exterminador, el Dios de los azotes, es el Dios de sombra, es el Dios hecho a imagen del hombre; es todo lo contrario del Dios de los sabios. La faz negra, es como una máscara que disfruta el rostro sereno del Padre eterno de todos los seres, para amedrentar a indóciles niños.

Esta doctrina debía ser mantenida secreta, porque no podía ser comprendida sino por las inteligencias más elevadas. Desgraciadamente, trascendió y ocurrió lo que se temía: las inteligencias limitadas no comprenden al Dios ficticio de dos caras tan diferentes, y la cara de un dualismo absurdo se introduce en el espíritu de algunos sectarios. [Éliphas Lévi; El Libro de los Esplendores]  >>

 

A partir de este punto deberíamos poder entender que el Jehovah de la Biblia no es más que la Faz oscura del Dios supremo que habita en el propio hombre. Así, nos introducimos ahora en un extraño mundo de dualidades y seres espirituales ascendidos y descendidos que fraguan la esotérica historia de esta deidad. Y es el propio Eliphas Lévi quien nos abre este camino de racionamiento cuando nos dice:

<< En simbolismo teológico, Júpiter es el triunfante y glorioso salvador, y Saturno es el Dios Padre o Jehovah. [Eliphas Lévi; Dogma y Ritual de la Alta Magia] >>

 

De la misma manera los gnósticos egipcios del siglo segundo, tales como Basílides, Carpocrates Cerinto y Valentino nos hablan  del Creador de este mundo, equiparándolo al Dios del pueblo judío, el cual, fue un ser emanado del Dios Supremo que se separó de éste malogrando su virtud y dignidad. Del mismo modo el dios griego Dionisio o el romano Baco, representan a la misma figura que el Jehovah hebreo quién era llamado también Jehovah-Nissi (el monte Sinaí era denominado Nissa, de donde procede el nombre de la pascua judía o Nisan) y, por tanto, Iao-nisi o también Dionisi.

El Jah-Heva, el Jehovah de doble sexo de la Kabalah es identificado por las ‘Serpientes’ en los días de la sabiduría arcaica, egipcia y caldea, y éstas son representadas encaramadas al Árbol de la Vida, siendo adornadas con siete cabezas, que representaban cada uno de los Chakras que debían de ser controlados en proceso de la elevación del Kundalini…
 << La Serpiente de los Siete Truenos que pronuncia las siete sílabas, pero que sella aquellas cosas que los Siete Truenos pronuncian. [La Biblia; Apocalipsis de San Juan] >>

 
Según el Apocalipsis de San Juan, la Serpiente de los Siete Truenos es en realidad el “Dios de Siete Letras” o Jehovah. Y según la  Kabalah, Jehovah asume la forma de la serpiente tentadora en el Jardín del Edén. Jehovah   (YHVH) (hwhy) es el Jah-Hovak, el Jod masculino y el Havat o Eva, el Jehovah de doble sexo de la Kabalah. Pero él es también Amón Ra, Amón (oculto), la antigua deidad egipcia, y su mujer Mut (la madre). Aunque, curiosamente, la Kabalah muestra también a los israelitas usando a Ad-onai (A Do Na Y) (ynd') con los atributos del “El Señor” y a los Elohim como sus representantes, los mismos términos que también quedan reflejados en la Biblia. Sin embargo, mientras que los Cabalistas sólo conocían al Ain-Suph y a los dioses de los misterios, los Levitas no tenían dios alguno en su Adytum. Existe realmente un punto de inflexión significativo en la Cosmogonía de Israel, cuando el Rey David baila desnudo ante el Arca de la Alianza, realizando el baile de las Hijas de Silo o Shilho, últimas reminiscencias del culto Sabeo. Tal y como lo describe Blavatsky:

<< Después de haber residido tanto tiempo entre los sirios y filisteos, David introdujo en Judea el culto de Jehovah; pero el rey profeta nada sabía de Moisés y no le dio a Jehovah el carácter monoteístico, sino que lo consideró como uno de los distintos ‘kabireanes’ o dioses de las naciones vecinas, al que había dado preferencia para que fuese el dios tutelar de Israel. [H. P. Blavatsky, Isis sin Velo Vol. III ] >>

 

Los hebreos (habiru), descendientes de Moisés tenían un Dios patriarcal al que denominaban: El, Elohim, o El’ Sadday. Incluso en la época del rey David que unifico los  dos reinos de Israel y Judá, en la cosmopolita ciudad de Jerusalén (Salem o Urusalim) existía el culto a El Elyon, tal y como nos lo cuenta K. Rupprecht:

<< Estaba el templo salomónico, posiblemente, en la misma ubicación del lugar alto de El Elyon, el dios jebuseo, y en la del templo herodiano posterior.  [K. Rupprecht; Der Tempel von Jerusalem] >>

David, y posteriormente su hijo Salomón, iniciaron una crisis teológica entre el tradicional Elohim y el innovador Yahvé (YHVH),  que acabaría con la supremacía de este último.

En ese momento, Jehovah se institucionaliza como “El Dios del Pueblo de Israel” y gran parte de las Escrituras Sagradas son reescritas en ese período. Así los textos Elohíticos se rescribieron después de Moisés a los textos Jehovíticos actuales. Los Israelitas Bíblicos de hoy en día, en realidad siguen las correcciones de David y no las directrices originales de Moisés. El “Nombre del Misterio” Jehovah (YHVH, Yod-Hé-Vau-Hé) (hwhy), nunca se ha puesto en uso en Israel, antes del tiempo del Rey David. Así, este nombre fue traído del antiguo dios Yâho, la deidad oscura y misteriosa de los Tirios y Filisteos, a los que David frecuentó.

Teodoreto dice que los samaritanos lo pronunciaban Yahva y los judíos Yaho o Yehouvih (Él Será). David realizó también grandes modificaciones en las tradiciones judías, haciendo a Zadok o Sadoc alto sacerdote de Israel, del que proceden los Zadoquistas o Saduceos y que se encargaría de la custodia del Arca y de la implantación del culto sadocita o saduceo en Israel.

David asentó su corte primeramente en Hebrón o ciudad de Kabeir, donde se celebraban los “Ritos del Misterio”, para trasladarla posteriormente a Jerusalén. Ni David ni Salomón reconocieron a Moisés ni a su ley, sino que aspiraron a crearle a su Dios de Misterio, Jehovah, un templo como tenían los otros dioses paganos de su entorno en sus respectivos países. Los hebreos, excepto algunos grupos minoritarios como los samaritanos, siguieron ciegamente las interpretaciones de David sobre la llamada “Ley de Moisés”, que contiene, en el libro canónigo hebreo, elementos ajenos al mismo como son los ‘Salmos de David’, las ‘Profecías’, el ‘Talmud’ y la ‘Mishna’. El  Jehovah de David es en realidad Ildabaoth, conocido también como Horus por los egipcios, y Abraxas Iao o Mithras por los persas. Es aquél, al que sus iniciados se dirigen como: ‘Tú, que presides sobre los misterios del Padre y del Hijo, que brillas durante la noche, teniendo el segundo rango, el primer Señor de la Muerte’.

Jehovah es por tanto el mismo dios que adoraban los Nabateos o “adoradores de las estrellas”, quienes dedicaron sus esfuerzos místicos en el culto a Nebo, el Dios de la Sabiduría Secreta, el  representante del planeta Mercurio, conocido como el Dios de la Sabiduría o Hermes, al que los hebreos llamaban Kokab y los griegos Nabo. Existen evidencias arqueológicas de ello en la estela de Mesha, un rey de Moab del siglo IX a.C., en la que lee:

<< Kemosh me dijo: “Ve y arranca Nebo de las manos de Israel”. Y yo la tomé y maté a todos; a siete mil  hombres vigorosos y a viejos y a jóvenes mujeres y a ancianas y a esclavas, pues los había consagrado como ‘hérem’ (tributo que se ofrece a la guerra santa de los moabitas) a Astar-Kemosh. Y me traje de ellos los objetos de Yahvé y los puse ante Kemosh. [J. A. Callaway; Encyclopaedia of archaeological Excavations in the Holy Land] >>

 

Pero “el árbol se conoce por sus frutos”, y la naturaleza de un Dios por sus acciones. Por eso, encontramos al Dios del “Pueblo Elegido” haciendo uso del engaño y la mentira o celoso de sus propios fieles; tal y como lo pintan los cabalistas, Jehovah asume la forma de la serpiente tentadora en el Jardín del Edén, envía a Satán para tentar a Job y endurece el corazón del Faraón contra Moisés.
Los Gnósticos decían del Dios de Israel:
<< Él es, el Ángel de la Materia que infundió vida consciente a Adam, que tenía un espíritu orgulloso, ambicioso y oscuro, que había abusado de su poder usurpando el lugar del Dios más elevado y cuyo planeta era Saturno… Y Dios puso su cinturón sobre sus lomos (los anillos de Saturno), y el nombre del cinturón es la Muerte [C. W. King; Gnostics and their Remains] >>


Los hebreos, en su dogma sincretista, unieron las figuras de Adonai y Jehovah como único ser supremo, y así Adonai, el regente Planetario Solar,  e Ildabaoth, el Ex-regente de Saturno, se sentaron ambos en el mismo trono a la cabeza del Pueblo Elegido.
Pero el pueblo de Israel, no estaba después de todo tan equivocado… Recordemos que los conceptos del bien y del mal quedan fundidos a un cierto nivel, y que toda entidad excelsa está compuesta por múltiples facetas de sí misma encarnadas por diferentes seres fenoménicos que representar al único ser sublime, el cual se encuentra en el centro Laya desde el cual el Regente Avatar mayor o  Logoi  mayor, rige los universos manifestados. La Kabalah distingue diez nombres divinos diferentes que representan al único Dios: Ehieh, Iah, Jeovah, El, Eloha, Elohim Gibor, Tetragrammaton o Adonai Saboath, Elohim Saboath, Shadai y por último Adonai.
En el Sepher Bereshith, Jehovah (YHVH, Yod-Hé-Vau-Hé) es el Nombre Sagrado que no puede ser pronunciada por los Israelitas y sólo el Gran Sacerdote lo pronuncia una vez al año en medio de los gritos del pueblo profano. Éste nombre es considerado, como el que confiere al mortal, que logre descubrir su verdadera pronunciación, la clave de todas las ciencias divinas y humanas. Las tradiciones antiguas, recogen, a pesar de sus limitaciones y lagunas, muchos relatos referentes al Dios Oscuro que rige los destinos terrestres:
<< Y en el séptimo día prodújose de la presencia de Dios un Ángel poderoso, lleno de ira y devorador. Y Dios le dio el dominio de la esfera extrema. Entre los Dioses no hay ninguno que se asemeje a aquél, en cuyas manos son depositados los reinos, el poder y la gloria de los mundos. Los tronos e imperios, las dinastías de reyes, la caída de las naciones, el nacimiento de las iglesias, y los triunfos del tiempo…
Él es el guardián de la puerta del Templo del Rey; mantiénese él en el pórtico de Salomón y guarda las llaves del Santuario. [A. Kingsford; Perfect Way] >>

 

Un último aspecto del Dios Devorador nos lo da la idea de que los símbolos de Jehovah, Saturno y Cronos son iguales, es decir, el Tiempo es el auténtico poder  de “aquél, en cuyas manos son depositados los reinos, el poder y la gloria de los mundos”.

Godolphin Mitford nos habla de la atormentada figura del ‘Príncipe de la Luz’ convertido en ‘Príncipe de las Tinieblas’ en su obra La Guerra en el Cielo. Mitford nació en la India como hijo de un misionero inglés y terminaría convirtiéndose al islamismo, repudiando su pasado cristiano, pues no pudo conciliar las grandes contradicciones de fondo que él observaba entre las figuras de Jesucristo y el Jehovah judío adoptado por la Iglesia como figura principal de la Deidad; más tarde él escribiría:

<< Los cristianos, mucho menos inteligentes que el gran Místico y Libertador cuyo nombre tomaron, cuyas doctrinas no entendieron y desfiguraron, y cuya memoria han ennegrecido con sus actos, tomaron al Jehovah judío tal cual era, y por supuesto se esforzaron en vano en conciliar el Evangelio de la Luz y de la Libertad con la Deidad de las Tinieblas y de la Sumisión.   [G. Mitford; La Guerra en el Cielo] >>
    

 

 

   

<<  Obtenga el libro impreso: Las Tres Cabezas del Elefante y El Inmortal ... <<    

Principal ] Arriba ]

Enviar el correo electrónico a sebastiansalado@contactoglobal.net con preguntas o comentarios sobre este sitio Web. También se puede usar el Buzón de la Página en: "Comentarios". 
Copyright © 2004-2012  Sebastian Salado (Las 3 Cabezas del Elefante).
Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.