Ga-Aya_SePher: (Gaia) (Gaya)(Gea)
Ver también: Fohat
Gaia o Gea es el nombre que los griegos utilizaban
para designar a la Tierra. Gaia es la diosa primordial que el poeta Hesíodoto
menciona en la apertura de la Teogonía. En la Teogonía,
Gaia no es solo
la Tierra, sino mucho más que eso, ella es el Huevo Cósmico, el cual,
se ve por fuera todo él entero, pero como aún no se ha abierto,
su interior permanece en el misterio,
la Matriz Universal que en nuestro caso representa a la Tierra:
‘Gaia, la
Gran Madre Virgen que surge del Caos, la ola del mar, para alumbrar a Eros
(/ErwV) el mitológico Cupido, el Amor que representa a la Voluntad Divina
en su afán por manifestarse en el mundo de las formas’.
Los tres elementos esenciales del poema mítico de
Hesíodoto son el Caos, Gaia y Eros. A la creación le precede el estado
caótico, un plasma primordial en el que no es posible distinguir la
materia de la energía o espíritu. Ella es la unidad todavía no
manifestada, secreta e incognoscible, sin tiempo ni espacio.
“Gaia, la del Amplio Seno”, vino a ser la primera
manifestación después del Caos, como la gran madre que contiene toda la
potencialidad del cielo y la tierra representa la vida que se funda en el
amor primordial de Eros. Gaia es, por tanto, la materia viva que organiza
el Caos mediante la unión con el espíritu o energía de Eros. Él es
entonces, la fuerza viva, la ‘electricidad vital’ o Fohat que aglutina
los núcleos vivos de la materia para conformar a nuestra
Gaia, la Tierra:
‘El canto de Vida que aglutina los átomos de la materia astral’.
Su significación real es que el planeta Ga-Aya
SePher está compuesto por tres esferas encajadas
unas en las otras; dos sólidas
en los exteriores y otra fluídrica entre ellas. Las dos sólidas son concéntricas
y están regidas por campos magnéticos diferentes, uno polarizado en el
sol interior y otro polarizado en el sol exterior o sistémico. El
conjunto forma un maravilloso sistema doble en el cual las dos esferas están
unidas en la superficie de fricción entre la cara interna de una y la
externa de la otra por un colchón magmático que se alimenta por el
rozamiento de ambas simas continentales y por la gigantesca compresión de
líneas magnéticas y eléctricas que se generan entre ambas esferas. El
resultado final es el de un gigantesco condensador electro-magnético en
el cual el magma es el electrolito sistémico.
Esta extraña
afirmación, lejos de ser una novedad
“especulativa”, es un conocimiento adquirido mediante las iniciaciones
de los adeptos a las distintas disciplinas esotéricas durante toda la
historia antigua y moderna, revelado incluso públicamente a los neófitos,
ya desde el siglo XIX, tal y como se expone en el Capítulo 3 de la Parte
II de esta obra.
Sin embargo, en la Ciencia de los Filósofos, la Alquimia, este conocimiento aún formaba parte de los misterios de Hermes,
velados para el público generalista, tal y como observamos en la ya
conocida obra Alquímica del siglo XVII, Los doce tratados del
Cosmopolita, en la cual, Sethon y Sendivogius, con el sobrenombre de: ‘El Cosmopolita’, nos muestran bajo un
velo sutil el funcionamiento de las corrientes de vida procedentes del sol
central planetario:
<< El fuego de la Naturaleza no es diferente al
del Sol; no es más que una misma cosa. Porque todo, al igual que el Sol,
tiene centro y el medio entre las esferas de los planetas, y desde este
centro del cielo expande hacia abajo su calor por medio de su movimiento.
También hay en el centro de la tierra un Sol terrestre, que por su
movimiento perpetuo, impele el calor o sus rayos hacia arriba, a la
superficie de la tierra...
En cuanto al
centro de la tierra, es un cierto lugar vacío donde nada puede reposar.
Los cuatro elementos arrojan sus cualidades excéntricamente (si se puede
hablar así) al margen y circunferencia del centro, igual que el hombre
arroja su semilla en la matriz de la mujer, en la cual no permanece nada
de ella, sino que después que esta matriz ha tomado la porción debida,
arroja el resto fuera. Lo mismo le sucede al centro de la tierra, cuya
fuerza magnética o de imán de algún lugar atrae hacia sí lo que le es
propio, para engendrar alguna cosa, y el resto lo empuja fuera para hacer
piedras y otros excrementos…
No te enfades si a veces encuentras contradicciones
en mis tratados; esta es la costumbre general de todos los Filósofos y,
si los entiendes, tienes necesidad de ello; la rosa no se encuentra sin
espinas.
Pesa y considera diligentemente lo que he dicho
antes, a saber, en qué materia destilan los elementos el húmedo radical
al centro de la tierra, y cómo el Sol terrestre y céntrico lo rechaza y
sublima por su movimiento continuo hasta la superficie de la tierra. También
he dicho que el Sol celeste tiene correspondencia con el Sol
céntrico,
porque el Sol celeste y la Luna, tienen una fuerza particular y una virtud
maravillosa de destilar sobre la tierra por medio de sus rayos. [El
Cosmopolita; Nueva Luz Alquímica o Los doce tratados del Cosmopolita]
>>
Si como dice nuestro anfitrión:
El Cosmopolita,
nos enfadamos con él por sus veladas observaciones; acudamos entonces a
otro Alquimista de más moderna factura, para entender un poco más acerca
del sublime arte de Hermes. Pero antes, nos toca contar otro interesante
relato, que como tantos otros que aquí referimos han sido olvidados en la
cuneta de la “historia oficial”…
Allá por
1870-1880, en Filadelfia, un brillante inventor, John Worrell
Keely,
asombraba al mundo con una increíble máquina de su invención
denominada de ‘fuerza dinaesférica’ que llegó a ser presentada en la
Exposición Centenaria de Filadelfia como el universal sustituto de la máquina
de vapor. En aquella gloriosa época de finales del XIX, en la que Jules
Verne publicaba su libro: Veinte
mil Leguas de Viaje Submarino (1870), donde un fabuloso capitán Nemo
comandaba un barco sumergible llamado Nautilus, el cual era propulsado
por una misteriosa energía parecidísima a la fuerza dinaesférica que
Keely acababa de presentar, se vivía una euforia modernista que desató
una ola de entusiasmo científico inusitado entre la clase intelectual del
momento. Llegándose incluso a crear en Filadelfia una compañía anónima
con apasionados accionistas para comercializar el automotor de Keely
llamada: Keely Motor.
¿Qué era
exactamente ese misterioso motor? Bueno, el propio Keely define la fuerza
que alimenta su motor como Fuerza Inter-Etérica, una “extraña”
fuerza que era capaz de desarrollar 25 caballos de vapor en sus
primeros y rudimentarios prototipos. Pero dejemos que sea el propio Keely
quién nos lo explique:
<< El que examine mi maquina, Si quiere hacerse
cargo del procedimiento que se emplea y formar un concepto aproximado de
su ‘modus operandi’, tiene que desechar la idea de las máquinas que
funcionan por el principio de la presión y agotamiento, por la expansión
del vapor u otro gas análogo que choca contra una resistencia, tal como
el pistón de una máquina de vapor. Mi máquina no tiene pistón; ni excéntricas,
ni existe la más mínima presión ejercida en el mecanismo, cualquiera
que pueda ser su tamaño o capacidad. Mi sistema, en todas sus partes y
detalles, así en el desarrollo de la potencia como en sus diversas
aplicaciones, está fundado en la vibración simpática. De ninguna otra
manera sería posible despertar o desarrollar la fuerza, e igualmente
imposible sería que mi máquina funcionase con arreglo a algún otro
principio... Este, sin
embargo, es el verdadero
sistema, y de aquí que todas mis operaciones se
encaminen en esta dirección; es decir, que mi fuerza se engendrará, mi máquina
marchará y mi cañón funcionará, por medio de un alambre conductor, Sólo
después de años de labor incesante, y de experimentos casi innumerables,
que me obligaron a construir muchos y muy raros aparatos mecánicos; sólo
después de investigar y estudiar minuciosamente las propiedades
fenomenales de la substancia "etérea," producida per se, he
llegado a poder prescindir de mecanismos complicados, y a obtener, como
pretendo, dominio sobre la fuerza sutil y extraña que estoy manejando. [Bloomfield-Moore;
Keely’s Secrets] >>
Es posible que alguien se esté preguntando: ¿Qué
hacen todas estas disquisiciones sobre máquinas en el estudio etimológico
de la palabra ‘Gaia’, es decir, la Tierra…?
¡Ya vamos a ello, ya…! Como nuestro amigo El Cosmopolita
diría: ‘La rosa no se encuentra sin espinas’…
La entusiasta seguidora de Mr.
Keely, Mrs. Bloomfield-Moore, nos narra también unas interesantes
reflexiones de Mr. Keely sobre los ‘centros neutrales’, los cuales son
de importancia fundamental para entender el concepto de la Tierra
Hueca:
<<
Mr.
Keely explica la manera de funcionar de su máquina diciendo: "No se
ha encontrado nunca el medio de producir un centro neutral, al proyectar
las máquinas hasta hoy construidas. Si se hubiese conseguido, habrían
tenido término las dificultades de los Investigadores del movimiento
continuo, y este problema habría llegado a ser un hecho establecido. Sólo
se necesitaría el impulso inicial de unas cuantas libras, sobre tal
mecanismo, para hacerlo funcionar durante siglos. En el proyecto de mi máquina
vibratoria, no he tratado de conseguir el movimiento
continuo; pero se
forma un circuito que tiene realmente un centro neutral, el cual está en
condiciones de ser vivificado por mi éter
vibratorio, y mientras se halla
bajo la acción de dicha substancia, es en realidad una máquina que es
virtualmente independiente de la masa (o globo), lo que tiene lugar a
causa de la velocidad asombrosa del circuito vibratorio. Sin embargo, con
toda su perfección, necesita que se le suministre éter vibratorio para
constituir un motor independiente. Todas las construcciones requieren
cimientos de una resistencia proporcionada al peso de la masa que deben
soportar; pero los cimientos del Universo se asientan en un punto vacío
mucho más diminuto que una molécula; en una palabra, y para expresar con
exactitud esta verdad, en un punto inter-etérico, para cuya comprensión
se necesita una mente infinita. El investigar las profundidades de un
centro etérico, es exactamente lo mismo que buscar los confines del vasto
espacio del éter de los cielos, con la diferencia de que uno es el campo
positivo, mientras que el otro es el negativo." [Bloomfield-Moore;
Keely’s Secrets] >>
Comenzamos a llegar ahora al punto determinante del
concepto del Sol Planetario Central o núcleo Laya del mismo. ¿Cómo es
posible que un punto minúsculo aislado en el centro del planeta sea el
‘punto de aplicación’ de toda la masa del mismo…? Pues bien,
tendremos que escuchar nuevamente a Mr. Keely:
<< Por lo que respecta al volumen de los
planetas, preguntaríamos desde un punto de vista científico: ¿Cómo
puede existir la inmensa diferencia de volumen de los planetas, sin
descomponer la acción armónica que los caracteriza? Sólo puedo
contestar a esta pregunta con propiedad, entrando en un análisis
progresivo, a partir de los centros etéricos rotatorios que fueron
fijados por el Creador con su poder de atracción o acumulación. Si se me
pregunta qué poder da a cada átomo etérico su inconcebible velocidad de
rotación, contestaré que ninguna mente finita podrá jamás concebirlo.
La filosofía de la acumulación es la única prueba de que semejante
poder ha sido dado. El área, si así puede decirse, de tal
átomo,
presenta a la fuerza atractiva o
magnética, electiva o propulsora, toda
la fuerza receptiva y toda la fuerza antagónica que caracterizan a un
planeta del mayor tamaño; por consiguiente, continuando la acumulación,
permanece la ecuación perfecta. Una vez fijado este centro diminuto, el
poder que se necesitaría para arrancarlo de su posición, tendría que
ser tan grande como el que se necesitase para hacer cambiar de sitio al
mayor planeta existente. Cuando este centro atómico neutral varía de
lugar, el planeta tiene que seguirle. El centro neutral lleva consigo todo
el peso de una acumulación cualquiera desde el punto de partida, y
permanece el mismo, por siempre en equilibrio en el espacio eterno. [Bloomfield-Moore;
Keely’s Secrets] >>
Esta definición podría no contradecir en nada la de
la ciencia académica que define un núcleo de reacción atómica por
presión gravitatoria en el centro del planeta –dirán algunos-.
Bueno… Bien, sí… y no –contestamos-. Pero mejor le preguntamos
directamente a Keely lo que él ha querido decir:
<< Imaginaremos
que, después de la acumulación de un planeta de un diámetro cualquiera,
de 20.000 millas aproximadamente, pues el tamaño no afecta en nada a la
cuestión, se desaloje todo el material a excepción de una corteza de
5.000 millas de espesor, dejando un vacío entre ella y un centro del tamaño
de una bola de billar ordinaria. Se necesitaría para mover esta pequeña
masa central, un poder tan grande como el que fuese preciso para mover la corteza de 5.000 millas de espesor.
Además, esta pequeña masa central arrastraría siempre consigo el peso
de la corteza, manteniéndola equidistante, y no habría ningún poder
contrario, por grande que fuese, que las pudiese juntar. La imaginación
se turba al contemplar la inmensa carga que soporta este punto central en
donde el peso
cesa... Esto es lo que entendemos por un centro neutral. [Bloomfield-Moore;
Keely’s Secrets] >>
Como es de
prever, Keely no tuvo un final feliz, no se hizo rico, ni recibió de una
enfervorizada y exaltada multitud, la gloria y la fama que otorga esta
correspondida sociedad, en forma de pequeñas estatuas, distribuidas por
los jardines donde suelen hacer sus necesidades las irreverentes
palomas…
Keely, arruinado y aborrecido por la sociedad que creyó en él, desapareció de la
primera plana de los periódicos para perderse en la bruma del anonimato.
¿Qué pasó? ¿Dónde están ahora sus motores y sus ingenios…? ¿Por
qué fracasó en comercializar unos prototipos reales y tangibles? Esta
vez no miraremos de soslayo hacia un poder fáctico en la sombra que todo
lo controla… Sino a la propiedad característica
de la fuerza que Keely empleaba para mover sus ingenios: la propia Fuerza
Inter-Etérica. Esta
fuerza es conducida desde el Cuerpo Etérico de cada individuo que actúa
como antena o receptáculo, siendo él mismo, el catalizador de dicha
fuerza para suministrarla en pequeñas cantidades al mecanismo de
trasformación.
Pero ningún otro individuo era capaz de realizar esa
hazaña sutil con las máquinas de Mr. Keely, y así él era el único
humano capaz de hacer funcionar sus propias máquinas. La situación llegó
hasta tal extremo, que en cierta ocasión los accionistas de la compañía
"Keely Motor" pusieron en los talleres un hombre con el objeto
expreso de descubrir su secreto. Después de seis meses de atenta
observación, dijo un día éste a Keely: ‘Ahora ya sé cómo se
hace’. Keely le dejó actuar la llave reguladora que dirigía la fuerza
de la máquina que estaba manipulando entonces, la cual,
habían estado los dos juntos montando. El hombre dio vuelta a la
llave, y nada resultó. ‘Dejad que vea de nuevo cómo lo hacéis’,
dijo el hombre a Keely. Este accedió,
y la máquina funcionó
inmediatamente. Nuevamente lo intentó el
operario sin éxito alguno… y así, los maravillosos inventos de Keely
fracasaron estrepitosamente en su comercialización.
¿Tal vez era Keely un ser fuera de lugar…? Alguien
que manejaba una fuerza innata a la que el resto de los mortales no tenía
derecho aún por su grado de evolución interna. El Tiempo nos lo dirá….
O talvez no…