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Zarathushtra, por el contrario, consideraba el mundo de la realidad exterior al ser humano, como la manifestación y la vestidura exterior de la existencia divino-espiritual, con lo que la ilusión exterior de Maya, es sólo un velo que cubre la vida espiritual y a la que hay que estudiar detenidamente para desentrañar las claves, con las que Ahura Mazda teje con hilos de luz la frontera de los mundos. Las diferencias en las doctrinas filosóficas arias en aquella época, ahondaron diferencias y elevaron muros que separaron de forma definitiva a los dos más hermosos troncos de la cultura Ramídea. 

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

  LA CRUZ DE HIELO

  

     LA FUERZA DE  Adonai

 

 

6. LA FUERZA DE  Adonai 

 

 

 

Esta situación caótica creó entre la mayoría de los humanos de superficie una visión materialista o pesimista del mundo, en la que la vida en la Tierra se muestra como un inmenso matadero en el cual, los carniceros a su vez, se convierten en víctimas y éstas en verdugos. Un mundo en el que las iglesias sincretistas propugnan un dios vengador y rencoroso que sólo espera la caída en el pecado de sus fieles para convertirlos inmediatamente en sus víctimas y las de sus iglesias. Así ellas mismas, fácilmente dejan entrever que solo buscan el poder material y supeditan un futuro premio intangible por la sumisión intelectual y económica de todos sus fieles en el mundo físico.  

Sin embargo, poco a poco, se hacía cada vez más complejo el concepto de las entidades Dioscuras, como ocurriera con los Kabirim o grandes Manus de las siete razas humanas de color que rigen los destinos terrestres en el plano material, los cuales poseían todos un estado doble, uno esencial, en el cual eran constructores y conservadores y otro accidental, motivado porque al encarnar en mundo fenomenal arrastraban las impurezas propias de ese plano.

Este concepto queda muy bien representado en el siguiente  texto mazdeíta, el Zend Avesta:

<< Invoca ¡Oh Zarathushtra! A mi Fravarshi, pues Yo soy Ahura Mazda, el más grande, el mejor, el más hermoso de todos los seres, el más sólido, el más inteligente y cuya alma es la Palabra Santa... >>

 

En esta frase  Ahura Mazda, la entidad solar que representa a Adonai, conmina a Zarathushtra para que se dirija directamente a la contraparte espiritual del Dios Solar que es su Fravarshi, o el núcleo del Logos  solar mayor, al cual Zarathushtra puede acceder libremente a través de las conexiones sutiles que el Regente Avatar de cada ser tiene con el Logos  solar o planetario en cuya órbita de influencia se haya.

Así, Ahura Mazda, no se constituye en el centro de poder sino en el Mensajero de la Palabra, cuya fuente se encuentra también en el corazón del mismo Zarathushtra.

Por eso, Ahura Mazda y Ahriman son los dos polos de una misma fuerza, solo que  Ahura Mazda sacrifica voluntariamente su manifestación gloriosa en aras de su Fravarshi, que es en realidad la Luz Eterna, mientras que el otro se arroga a sí mismo todo el poder. Los primeros Mazdeitas no creían que la Luz y las Tinieblas fuesen eternas y antagónicas, sino que surgían como evolución cíclica del Tiempo sin Limites, la Causa Desconocida a la que los mismos Mazdeitas  llamaban Zeruâna Âkerne.

Según lo definió Roth de los adytas:

<< El Pensamiento, el Divino, que es Luz y Vida (Zeruâna Âkerne), produjo por medio de su Palabra, o primer aspecto, el otro Pensamiento operador, el cual siendo el Dios del Espíritu y del Fuego, construyó Siete Regentes que encerraban en su círculo al Mundo de los Sentidos, llamado “Destino Fatal”. >> 

 

Zarathushtra es la entidad encarnada que hereda y regenera la genealogía etérica de Ram. Las grandes entidades que encarnan en la materia terrestre, a su muerte donan el cuerpo etérico-astral que es utilizado en sucesivas generaciones por otros seres, los cuales, aunque no genéticamente, sí heredan etéricamente los principios vitales de la entidad que representa el guía o arquetipo a emular.

Así, existieron varios  Zarathushtras y varios Hermes, que  trabajaron consecutivamente, los mismos conceptos sublimes y valores a desarrollar en los dos grupos humanos a los cuales guiaban.

En la época del primer Zarathushtra, los antiguos valores Arios estaban en regresión, los Turanios del norte y este de Asia se hallaban en una de sus endémicas persecuciones sobre los Arios, y sus hordas se extendían por todo Asia Central  y Europa Oriental. Los Semitas ofitas, adoradores de la Serpiente, se enseñoreaban de Egipto, Palestina, Arabia y el norte de África.

Sólo Mesopotamia y la India mantenían aún viva la llama de Ram, y estas dos corrientes se bifurcaron entonces dos ramas distintas dentro de la doctrina de los Hijos de Ram, una basada en la filosofía India y la otra en la Mesopotámica.

Los Rishis y Brahmanes Indios consideraban al mundo fenoménico únicamente como una ilusión o mundo de engaño, donde todo lo que se perciben son las imágenes del mundo real reflejadas en Maya, con lo cual, lo que se presenta a los sentidos exteriores carece de interés por ser únicamente sombras de la realidad mayor, y la atención debe concentrarse entonces únicamente en la propia interioridad donde la auténtica realidad habita.

Zarathushtra, por el contrario, consideraba el mundo de la realidad exterior al ser humano, como la manifestación y la vestidura exterior de la existencia divino-espiritual, con lo que la ilusión exterior de Maya, es sólo un velo que cubre la vida espiritual, aquella a la que hay que estudiar detenidamente para desentrañar las claves con las que Ahura Mazda teje con hilos de luz la frontera de los mundos. Las diferencias en las doctrinas filosóficas arias en aquella época, ahondaron diferencias y elevaron muros que separaron de forma definitiva a los dos más hermosos troncos de la cultura Ramídea.

 

Las luchas Ario-Turanias, entre Irán y Turán se desataron violentamente de nuevo y la luz de Ahura Mazda, la entidad Solar, volvió a brillar  en la figura de un nuevo Zarathushtra elevando los valores e ideales Arios en una corriente de fuerza regeneradora.

Pero los Arios herederos de Adonai, no fueron los únicos seres que recibieron un impulso evolutivo en aquella época. Los Semitas, hijos de  Iaô, el Regente Lunar,  recibieron el impulso evolutivo asignado cuando una conjunción energética del Sol, Mercurio, Venus, la Luna y la Tierra se produjo.

Mercurio-Hermes-Thoth encarnó entre los Egipcios para inducirlos hacia el culto monoteísta de Atón, el espíritu del Sol, en contra del culto ofita de Amón- Jehová. Mientras que Abraham recibió a través de Venus, que es el planeta protector mayor de la Tierra, la visita de  Melki-Tsedek, el Rey del Mundo, quién le bendijo como sacerdote del Dios Altísimo (Eliom o Eloi), y le trasladó el influjo del sol central planetario.

Estos tres seres encarnados: Zarathushtra, Hermes-Thoth y Abraham, representando a la Trimurti del Sol, Mercurio y Venus, eran conocidos en la antigüedad como el Hierofante de Tres Cabezas,  o el Tricéfalo de Fuego, representado por el Círculo o cruz Svastika, la cruz Ansata egipcia y la Tau.

 

El círculo y la cruz son inseparables. El círculo o deidad, en movimiento, como aparece en el Chakra o círculo de Vishnú, es el que conforma la Svastika y se combina con la cruz Ansata para definir el símbolo de la vida y del nacimiento en la generación, terminando en la Tau o cruz astronómica que referencia la encarnación en la materia. Así la Tau representa al cubo desarrollado, o universo material, mientras que la Svastika representa a la pirámide desarrollada, o universo en elevación.

Desde el círculo al cuadrado, desde la esfera al cubo, la deidad transciende los ciclos de la encarnación en el universo sin tiempo.

Los cabalistas creen que la Clave Sagrada se encuentra en la relación geométrica del área del círculo inscrito en el cuadrado, o la del cubo en la esfera, siendo relacionado con la proporción del diámetro de la circunferencia o número PhI (Phi ‘f’ + Pi ‘p’) expresado en integrales, y siendo PhI, la razón suprema relacionada con los nombres de los dioses Elohim y Jehovah. Así, los Pitagóricos enseñaban la conexión y relación entre los Dioses y los Números, en una ciencia llamada Aritmomancia.

 

El cubo desarrollado se convierte en una cruz en forma de Tau o cruz egipcia, y unido al círculo da la cruz Ansata de los antiguos faraones, que la habían recibido de sus remotos Reyes Iniciados. Thoth (Hermes), fue el inventor del alfabeto egipcio, y la  letra Tau pasó a ser la última letra de los alfabetos semitas, en los cuales su significado pasó a ser el de “fin”, “perfección” y “culminación”.

La cruz Svastika, o cruz Solar, fue el símbolo Ario por excelencia, pero también el Turanio en su sentido inverso. La cruz Svastika representa la unión del círculo y la cruz, la energía viva de Fohat que se refleja en la polaridad cambiante o en evolución, el símbolo de las galaxias, el símbolo de lo masculino y femenino, de lo positivo y negativo. Ella ha sido usada tanto para indicar la evolución espiritual como la involución material. La Svastika levógira, representa al hombre evolutivo, en la cual su brazo derecho apunta hacia el cielo y su brazo izquierdo hacia la tierra, repitiendo el axioma: ‘Como en el Cielo, así en la Tierra’. La Svastika dextrógira, representa la involución material, al hombre involutivo, en la cual su brazo derecho apunta hacia la tierra y su brazo izquierdo hacia el cielo, invirtiendo completamente el sentido positivo por el retrógrado: ‘Como en la Tierra hágase en el Cielo’. La frase del Nigromante ofita que intenta controlar a los mundos superiores por el mero poder de su voluntad terrena.

 

Durante muchos siglos, Turanios poderosos como el conquistador mongol Gengis Kan, también conocido como Timuyin, arrasó con la cultura Aria y persiguió el sueño de conquistar el mítico reino del Preste Juan, como entonces se llamaba a  Shamballah, buscando el inefable reino perdido… Otro Turanio tristemente famoso que consiguió engañar al pueblo Ario fue Adolf Hitler, este personaje, heredero astral del primero, generó una de las más recientes y peores guerras de la humanidad de superficie, agotando en una lucha fraticida al mismo pueblo Ario al que pretendía liderar. Culminando finalmente su tenebrosa influencia con la fatídica resolución de una parte del pueblo Ario de utilizar la bomba atómica contra sus semejantes, dicha acción puede acarrear una respuesta kármica nefasta en la futura transición planetaria.

 

Otra variación de la Svastika es el loto de cuatro pétalos de Buda, que representa a la Svastika oriental interna, pues el sentido de rotación levógiro o dextrógiro depende de la representación del sujeto y la polarización del observador, una galaxia gira de diferente forma si la observas desde arriba o desde abajo, desde dentro o desde fuera. La Svastika interna es un símbolo de fuerza singular a la vez que un impulso para la purificación, mientras que la Svastika externa conduce a los ambiciosos por caminos oscuros…

El pueblo hindú interpretó muy acertadamente la simbología de la Svastika interna en la teoría de los tres “Gunas”. Los tres Gunas según la teología hindú eran: Sattwa, la conformidad a la esencia pura del ser o Sat, la raíz siempre presente, eterna y sin cambio. Rajas, el impulso que provoca la expansión del ser en un estado determinado o Asat, el mundo fenoménico manifestado; y por último Tamas, la oscuridad o principio único.

Los griegos conocieron esos tres principios como Chaos, Theos y Kosmos. En la elevación del hombre, Rajas representa a la línea horizontal de la cruz, el mundo manifestado en el que el alma asciende desde Tamas, la oscuridad hacia el Sattwa, la esencia pura del ser formando la línea vertical de la cruz.

Ésta batalla por la elevación espiritual es la que Mahoma definió como “Jihad”, la cual identifica a la “Gran Guerra Santa” (El-jihadul-akbar) como la que se libra en el interior del hombre, siendo ésta de orden puramente interior y espiritual.  

 

Sin embargo, hay otra versión de la Svastika poco conocida por la humanidad actual, que es la Cruz de los Dos Equinoccios y Solsticios o cruz de  Zarathushtra, compuesta por una Z circunscrita en una elipse, y con el ocho microcósmico en su centro. 

Zarathushtra, Hermes y Abraham, que en su conjunto son el Hierofante de Tres Cabezas,   marcaron una época de gran esplendor espiritual, aunque no exenta de batallas y conflictos. Pero finalmente los antiguos valores Arios y los esfuerzos de inculcar el culto monoteísta solar por el Tricéfalo de Fuego a los Semitas fracasaron y Amón-Jehová-Mithras reinó por muchas generaciones sobre Arios y Semitas, hasta la llegada de otra encarnación solar conocida como Moisés…

 

Moisés era, por su rango y posición en la jerarquía egipcia, un alto iniciado ofita, conocía perfectamente los ritos de Amón- Jehová y participaba en los ritos iniciáticos de elevación del Kundalini. Él sabía qué grande era el poder de aquellos dioses de Egipto, pues él era realmente un experimentado iniciado entrenado en sus ritos más secretos. Pero un buen día su vida cambió bruscamente y se vio rechazado y desterrado al desierto por los mismo Dioses a los que había adorado.

Moisés fue recogido por Jetró, su futuro suegro, al que la misma Biblia le  identifica como “sacerdote de Madián”. “Madían” no era únicamente una localización geográfica, como se da a entender,  sino un Dios, el mismo Dios de Zarathushtra: Ahura Mazda o Adonai. 

Jetró, inició a Moisés en los ritos solares y de búsqueda de la realidad interior acercándole a su Yo interno o Mónada.

Un día Jetró consideró que  Moisés estaba listo para su rito de iniciación solar y se lo llevó al desierto. Tal y como reza hoy en día la Biblia:

<< Apacentaba Moisés el ganado de Jetró, su suegro, sacerdote de Madián. Llevóle (éste) un día mas allá del desierto; y llegado al monte de Dios, Horeb, se le apareció el ángel de Yavé (Elohí) en llama de fuego de en medio de una zarza. Veía Moisés que la zarza ardía y no se consumía, y se dijo: ‘Voy a ver que gran visión es ésta y porqué no se consume la zarza’. Vio Yavé (Elohí) que se acercaba para mirar y le llamó de en medio de la zarza... ‘Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’... ‘He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he oído sus clamores’... ‘Ve pues; yo te envío al Faraón para que saques a mi pueblo, a los hijos de Israel de Egipto’.

Moisés le dijo a Dios: ‘Pero si voy a los hijos de Israel y les digo: El Dios de vuestros padres me envía a vosotros, y me preguntan cuál es su nombre, ¿qué voy a responderles?’. Y Dios dijo a Moisés: ‘YO SOY EL QUE SOY’. Así responderás a los hijos de Israel: YO SOY me manda a vosotros. >>

 

Realmente “YO SOY”, es el Regente Avatar de Moisés coligado con el Logos Planetario Solar, pues la zarza ardiendo es la misma Mónada de Moisés, la cual no dejará de darle las indicaciones oportunas para el buen fin de su misión. Y así, al igual que Ahura Mazda habla por boca de Zarathushtra, Adonai, habla por boca de Moisés a su pueblo.

Al mismo tiempo se establece una lucha encubierta entre los seguidores de Elohí y  los de Amón-Jehová, el cual trata de engañar a Moisés en varias ocasiones. Así “el Dios celoso” se presenta a Moisés en muy diversas situaciones como aparece reflejado en la Biblia:

<< Porque yo soy Yavé (Jehová), tu Dios, un Dios celoso, que castiga en los hijos las iniquidades de los padres hasta la tercera y cuarta generación… >>

 

Por otro lado, los Levitas aún mantenían sus ritos ofitas y adoraban en secreto a Amón-Jehová desafiando la ley de Moisés. Un día Moisés fue instruido para inducir su purificación:

<< Habló Yavé (Elohí) a Moisés, diciendo: ‘Toma a los Levitas de en medio de los hijos de Israel y purifícalos. Haz sobre ellos una aspersión con agua expiatoria’… >>.

 

Moisés y su pueblo, o mejor dicho, los Levitas, mantendrían siempre una lucha soterrada que duraría hasta la muerte de Moisés; ésta fue pues, la auténtica maldición que Yavé (Jehová) impuso a Moisés por su obstinada resistencia a reconocerle como Dios absoluto de Israel.

La gran lucha entre la Magia Blanca y la Negra, entre Moisés y los Levitas, se manifiesta en la Biblia en el pasaje de la Serpiente de Bronce:

<< Partiéronse del monte Or en dirección al mar Rojo, rodeando la tierra de Edom; y el pueblo, impaciente, murmuraba por el camino contra Dios y contra Moisés, diciendo: ‘¿Por qué nos habéis sacado de Egipto a morir en este desierto? ;  no hay pan ni agua, y estamos ya cansados de tan ligero manjar como éste (el Maná)’.

Mandó entonces Yavé (Jehová) contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían y murió mucha gente de Israel. El pueblo fue entonces a Moisés y le dijo: ‘Hemos pecado murmurando contra ti; pide a Yavé (Elohí) que aleje de nosotros las serpientes’. Moisés intercedió por el pueblo y  Yavé (Elohí) dijo a Moisés: ‘Hazte una serpiente de bronce y ponla sobre un asta; y cuantos mordidos la miren, sanarán’ >>

 

La Magia Negra practicada aún por el pueblo, inducido subvertíciamente por los Levitas seguidores de Amón-Jehová trajo consecuencias graves sobre el cuerpo etérico de muchos de los practicantes del culto ofita. El antiguo culto a los Teraphim, o estatuas que representaban figuras de serpientes. Culto que había sido originariamente establecido por Terah, padre de Abraham, representando a las figuras de los Siete Kabirim (Habir o Kabar),  los padres de las razas pos-atlantes adorados en la antigua ciudad de Hebrón, la ciudad de los Anakimes o Anakas (Reyes y Príncipes). Ese culto, era ahora pervertido y utilizado por el pueblo hebreo en el desierto para adorar al dios serpiente Kiyun o Kivan, quién no era más que el Shiva hindú, el “Dios de Siete Letras” o Jehovah.

Moisés alzó la Nâga de Fuego como estandarte del pueblo de Israel,  la Serpiente de Sabiduría, aquélla que formando un Ocho se muerde la cola. Éste era el emblema de los Seraphim judíos que representaba a la Serpiente de Bronce, la Ogdoaga u Ocho Místico que es simbolizada en el Caduceo de Mercurio y personifica el equilibrio de los cuatro núcleos andróginos del cuerpo etérico, los Sefirot: Kether, Tipheret, Yesod y Malkuth. 

 

No obstante, una nueva clase de sacerdotes nace en el pueblo de Israel durante la época de Moisés; éstos eran los Nazarenos, o Nazareos, que instruidos por Arón y Jetró, constituyeron una orden monástica de iniciados puros y entregados por completo a la meditación y la regla:

<< Habló Yavé (Elohí) a Moisés, diciendo: ‘Habla a los hijos de Israel y diles: Si uno, hombre o mujer, hiciere voto de consagración, consagrándose a Yavé (Elohí), se abstendrá de vino y de toda bebida embriagante... Durante todo el tiempo de su voto de nazareno no pasará la navaja por su cabeza, hasta que se cumpla el tiempo por el que se consagró a Yavé (Elohí)… >>

 

Los Nazarenos fueron disueltos y perseguidos a la muerte de Moisés, y no se volvería a hablar de ellos como grupo, hasta después del cautiverio del pueblo hebreo en Babilonia, cuando Daniel y Esdrás dieron un nuevo impulso al culto solar de Adonai. Durante el tiempo del cautiverio del pueblo hebreo en Babilonia una figura llamada Zarathas o Nazaratos, descendiente astral de Zarathushtra, enseño a los iniciados hebreos el Camino de la Derecha, los ritos y conocimientos secretos del culto solar a Adonai, fortaleciendo y renovando así las enseñanzas recibidas de Moisés muchos siglos antes.

 

Las almas humanas en aquellos días aún no estaban totalmente individualizadas, sino que mantenían un vínculo remanente con el Alma Grupo de su tribu o nación, como herencia de la época Atlante. Así ese Alma Grupo de la nación Hebrea, tomaba forma en los seres más puros y entregados para guiar los pasos tambaleantes de las tribus de Israel y desenmascarar así, los turbios manejos ofitas que se desarrollaban siempre dentro de los círculos de poder correspondientes.

Así desde Elías hasta Malaquías, pasando por Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, los profetas hebreos siempre surgieron de entre los Nazarenos, como cometas refulgentes en el firmamento de la tribu de Israel.

Dentro de la comunidad de los Nazarenos, pronto emergió un grupo humano muy evolucionado que incidió grandemente sobre el aura etérica del planeta para preparar la venida de la Esencia Crística. Éste grupo lo formaron los que hoy, la humanidad de superficie conoce como Esenios.

Realmente, dentro de la comunidad monástica Esenia, encarnaron seres intraterrenos y de otros planetas del sistema solar, en especial de Venus, para preparar y asentar el gran impulso que la Luz Crística imprimiría en este planeta, con la llegada del gran evento cósmico que se produciría años después.

Los Esenios tuvieron comunidades activas en Palestina y Siria, su capacidad de cura y sus conocimientos ocultos eran fruto del contacto interior con su Mónada y con el conocimiento consciente de los núcleos intraterrenos que los guiaban. Los Esenios permanecían retirados y apartados de su entorno, y una de las condiciones básicas de todo aspirante para su inclusión en el grupo era la del silencio. Las razones de esta conducta eran obvias, la sociedad humana circundante y sus eternos enemigos, los Levitas, no cejarían en la destrucción sistemática del menor afloramiento de las leyes cósmicas.

Los Esenios ponían mucho énfasis en el cumplimiento de la Ley y eran muy cuidadosos con el uso de la palabra al ser ésta conductora de energías. Ellos reflejaban en todo momento la verdad y la simplicidad en todos sus actos y mantenían un profundo sentido de fraternidad con todos sus hermanos, lo que les hizo ser muy valorados y queridos en las comunidades hebreas de su entorno. Realmente ellos introdujeron el espíritu monástico más puro y elevado que la humanidad de superficie había conocido hasta entonces, siendo de hecho, los precursores del auténtico espíritu cristiano, el cual florecería plenamente con la llegada a este planeta de la gran entidad que los humanos conocen como Cristo.

Cien años antes de la aparición de Cristo, existió un alto dirigente de los Esenios llamado: Jeshu Ben Pandira (Jesús hijo de Pandira). Este líder Esenio fue una noble y gran entidad que impartió una doctrina precursora del cristianismo.  Jeshu Ben Pandira fue un ser apoyado y coligado con Shamballah y con el Melki-Tsedek, el Rey del Mundo, el Brâhatmah, el representante vivo del Logos terrestre.  Jeshu Ben Pandira debía cumplir entonces una importante misión, para que se iniciase el ciclo preparatorio de la Gran Venida de la Luz Crística.

Melki-Tsedek, el Rey del Mundo, aparece constantemente reflejado en los escritos Esenios de la comunidad de Qumrán, que han sido transmitidos a la humanidad terrestre actual, como un regalo inapreciable de los tiempos pasados a los presentes. Una herencia inconsciente, que aún perdura en la liturgia de la misa católica, cuando se pronuncia:

<< ...et  quod Tibi obtulit summus sacerdos Melchisedech… >>.

 

Jeshu Ben Pandira fue maestro de varias comunidades Esenias, en las cuales enseño y tuvo cinco discípulos de gran relevancia. Un siglo antes de la venida de Cristo fue apresado y muerto por los Levitas, acusado de sacrilegio y herejía. Pero uno de sus discípulos, Necireo, cultivó la sabiduría del Íntimo Estado del Alma, ciencia relacionada con el nuevo Nasireado, o entendimiento actualizado del antiguo impulso Nazareno iniciado con Moisés. 

Necireo fundó varias colonias Esenias, entre ellas, la de Nazareth, en la cual habitaron hombres que cultivaron el  Nasireado en el más absoluto secreto.

Jeshu Ben Pandira enseño que: 

<< Vendrá quién bajará lo que existe en lo alto, en los “reinos de los cielos”, para que lo reciba el Yo, que vive en el Malchut (Maya) >>.

 

Jeshu Ben Pandira continuó la tradición de Moisés, potenciando un conocimiento más profundo de su ser interior o Mónada, y de la verdadera naturaleza de su Yo; convirtiéndose así el Hombre, en el germen potencial del Dios que vive dormido en su Regente Avatar; acercándose de esta forma al concepto del Espíritu Santo, el “Ruach-Elohim” (Rouah-Alhim) que Cristo predicaría. 

Jeshu Ben Pandira fue acusado de blasfemia y apedreado por los Levitas hasta la muerte, porque semejante enseñanza, se consideraba como el peor ultraje contra los atributos de Yavé (Jehová).

 

Pero el Pueblo Hebreo no era el único que se preparaba para la gran venida. 

El Pueblo Ario también fue estimulado y preparado para aceptar y acoger la Gran Revelación que surgiría en la faz del planeta. Dos grandes entidades reencarnaron en los dos grandes grupos étnicos y religiosos que se habían dividido ya en los tiempos del primer Zarathushtra: los Arios Indios y los Arios Occidentales, estos últimos representados en la figura del pueblo Heleno.

 

En el quinto siglo antes de Jesucristo, un ser llamado Gautama Buddha reunía entorno suyo en la India a un grupo de discípulos y les hablaba con estas palabras en su sermón de Benarés:

<< Ésta es la Noble Verdad respecto al origen del sufrimiento. Es el deseo vehemente el que causa la renovación de las trasformaciones... >>

 

Ésta era la gran enseñanza que emanaba de la boca de Buddha

<< La vida es sufrimiento y el hombre debe de buscar los medios para liberarse del mismo y llegar a ser partícipe del Nirvana. El hombre en el curso de sus encarnaciones está sujeto al deseo de reencarnaciones continuas, pero en contraposición, la única meta digna de esfuerzo es la de liberarse precisamente del deseo de esas reencarnaciones continuas, para penetrar en el estado existencial en el que el alma ya no siente el impulso de utilizar un cuerpo físico para unirse a la existencia fenoménica y sensorial. Si no que por el contrario, el de permanecer unida a los planos espirituales superiores o Nirvana. El hombre debe de buscar pues, la perfección del propio ser a través de la independencia de la existencia física, con el fin de unirse a todo lo que le liga al origen de su propio ser divino espiritual. >>

 

El Camino del Medio es el método más corto para aspirar a la perfección espiritual, abrazar el ascetismo en mayor o menor grado y relacionarse lo menos posible con el aspecto exterior de la existencia era y es la meta de todo buen discípulo de Buddha.

Buddha predicaba, lo que mediante la Meditación desveló bajo el árbol Boddhi, al alcanzar la Iluminación, o consumación armoniosa de la elevación del Kundalini. Este camino hacia la Iluminación es el denominado como ‘El Camino del Medio’, el cual fue explicado por Buddha como sigue:

<< El hombre no alcanzará todos los conocimientos si se entrega demasiado a la vida sensorial; ni tampoco los adquirirá si meramente se mortifica y se retira de la existencia corriente. Al igual que con la tensión del laúd, así también en cuanto al estado del alma humana, hay que elegir el justo medio… >>

 

Buddha parangonaba las enseñanzas de Krishna, sobre los Asuras y humanos pervertidos que practicaban rigurosas penitencias con el único fin de potenciar su oscuro Ego. Como dijo Krishna:

<< Los hombres que practican rigurosas austeridades, no ordenadas por la Escritura y, sin embargo, están poseídos de egoísmo y vanidad, dejándose empujar por la violencia de sus pasionales deseos, y atormentando insensatamente el conjunto de elementos constitutivos de su cuerpo; tales hombres, tienen propensiones demoníacas. >>

 

Casi al mismo tiempo en que Buddha pronunciaba estas palabras ante sus discípulos en Benarés; en el otro extremo del mundo conocido, en Atenas, otra gran individualidad reunía entorno suyo a discípulos y seguidores.  

Sócrates, iniciaría un movimiento en Occidente que marcaría profundamente los cimientos culturales de todo un continente. El “elemento socrático” tiene una importancia trascendental para toda la cultura Aria occidental, y se extendió a través de sus discípulos de forma parecida, al modo en que la doctrina de Buddha se extiende entre los Arios de Oriente.

El mensaje de Sócrates era de factura simple, pero de trascendencia universal:

<< Desarrolla en ti mismo lo que tú eres. ¡Conócete a ti mismo! >>

 

Sócrates habla a sus discípulos de la inmortalidad del alma, y define el camino de la “Filosofía”, como la vía de la liberación de todo lo ilusorio y sensorial. La Filosofía, tal y como la enseñó Sócrates, es el razonamiento lógico de la mente aplicando la Ley de la  Similitud, para desentrañar los misterios incognoscibles mediante su comparación con símiles familiares cognoscibles. Así Sócrates hacía descender a la Filosofía desde los mundos superiores a los inferiores, apelando directamente a la razón terrenal.

El gran maestro extraía del alma de sus discípulos la razón terrenal individual, y en sus discípulos el elemento espiritual era obtenido del razonamiento mental, por la intercesión y la guía de su maestro, pero era realmente la mente del propio discípulo la que claramente alumbraba las causas y consecuencias de sus propios pensamientos y razonamientos. 

Sócrates hacía que ellos vivenciaran mediante la guía consciente de sus pensamientos, las verdades sublimes del macrocosmos, elevando pedagógicamente el nivel intelectual de las mentes de sus discípulos.

 

La Filosofía (Filosofˆa),  en este sentido más que un concepto, es un método para alcanzar la Iluminación. La ‘Philosophia’, en el sentir del griego Jónico, es el amor por la Sabiduría de Dios; es la Verdad Única o Maat, que se manifiesta como el objeto supremo de la Revelación. Ella es, en esencia, el refugio sagrado de las Alas y de los Ímpetus. Maat, es también la acusadora temible, Reina del Cielo del Pensamiento, que en un instante apresta a los Ángeles Terribles y les hace apuntar sus espadas de fuego contra los prevaricadores, los hipócritas levitas que ocultan sus propios defectos para hurgar mezquinamente en los defectos ajenos. Ella sumirá a las  almas corruptas en las tinieblas de su propia oscuridad y rescatará del fondo del abismo a las almas puras aferradas a la Verdad Única…

 

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.