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Todas las cosas son el producto de un esfuerzo universal creador... Nada existe “muerto” en la Naturaleza, Todas las cosas son orgánicas y vivas, y por lo tanto el mundo entero parece ser un organismo viviente. 

[Franz Hartmann; Paracelsus]  

 

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Sedimentación y el registro fósil

Este artículo puede encontrarse completo en: 

www.sedin.org/CC02GAD/

Se publica Aquí solamente una breve sinopsis del mismo para su análisis y evaluación:

 

Sedimentación y el registro fósil
Consideraciones a la luz de la Ingeniería Hidráulica

 

Henry M. Morris, Ph. D.,

 

Introducción

 

La relación de la ingeniería hidráulica con la controversia creación/Evolución puede, en un principio, parecer muy débil. No obstante, existe una relación muy real y significativa...

Una de las funciones más importantes de las aguas naturales de la tierra es la de la erosión, el transporte y la deposición de sedimentos. La mecánica del fenómeno anterior controla la formación y el desarrollo de los sistemas fluviales. Los ríos sirven no tan solo para conducir las aguas al océano, de donde provinieron, sino que también sirven para transportar grandes cantidades de sedimentos erosionados de sus cuencas, depositándolos finalmente a lo largo de su recorrido en las crecidas, o en los deltas que forman en sus desembocaduras. Los sedimentos del delta son gradualmente disgregados por la acción hidráulica de las olas y por las corrientes del litoral, hasta que al final se depositan más o menos permanentemente a lo largo de las plataformas continentales y en las vertientes oceánicas. De esta manera se van rebajando las partes emergidas de la tierra y se llenan los océanos...

Los geólogos, por otra parte, con unas pocas y honrosas excepciones, han continuado favoreciendo el tratamiento cualitativo y descriptivo de la sedimentación, en lugar del cuantitativo y matemático. Debería ponerse en claro, no obstante, que el grado de confianza que puede concederse a sus interpretaciones de los depósitos sedimentarios del pasado depende directamente de su entendimiento de los procesos de sedimentación en el presente. El presente estado del conocimiento de los mecanismos de sedimentación, aun en el de aquellos ingenieros hidráulicos que están desarrollando más actividad en tales estudios, no es, por cierto, el suficiente como para permitirnos depositar demasiada confianza en interpretaciones de los depósitos sedimentarios del pasado que nadie presente, especialmente si no están completamente familiarizados con los modernos estudios en hidráulica de sedimentación.

Ahora bien, el punto de arranque de esta discusión que presentamos aquí sobre la evolución es simplemente que las rocas sedimentarias depositadas en el pasado constituyen el depósito de plantas y animales que vivieron en aquel pasado. Y este registro fósil de la vida en la tierra durante su pasada historia constituye en realidad la única evidencia que se presenta para apoyar la teoría de la evolución orgánica —la única prueba histórica, no circunstancial, que se nos presenta con la pretensión de que realmente nos confirma aquella teoría de la evolución.

La cuestión de cómo se depositaron originalmente los sedimentos fosilíferos es, por tanto, de extrema importancia para la controversia evolución contra creación. ¿Pueden estos sedimentos ser explicados adecuadamente por medio de los procesos de sedimentación de la tierra, tal como ahora está constituida? ¿Fueron depositados muy lentamente, durante largas épocas, o rápida y violentamente? ¿Bajo qué circunstancias, y en qué clase de medio, fueron originalmente erosionados, transportados y redepositados?

Esta cuestión no podrá nunca ser resuelta científicamente en su totalidad, por la sencilla razón de que los sucesos del pasado no son reproducibles. No obstante, el objetivo es conseguir la respuesta más razonable y probable, lo cual requiere, como prerrequisito mínimo, un entendimiento completo de los fenómenos que provocan y acompañan la sedimentación, los medios, y los procesos, tal como actúan presentemente. Y hasta que los paleontólogos no hayan adquirido estos conocimientos, y no hayan demostrado su consistencia con su interpretación evolucionista y actualista del registro fósil, estamos totalmente justificados en nuestro rechazo del concepto de evolución orgánica total.

Los varios puntos de esta introducción se van a discutir con más detalle, y con más documentación, en las siguientes secciones.

 

El lugar del agua en la interpretación geológica

 

De todos los factores físicos involucrados en el estudio de la Geología, uno de los más obvios y más ciertos es el de que el agua ha sido el principal agente en la formación de la superficie terrestre. El planeta Tierra, por lo que ahora se conoce, es el único que está equipado con una gran cantidad de agua, y este hecho es profundamente importante para comprender la historia de la Tierra...

También es obvio que hasta el 29% de la superficie terrestre que no está cubierta por las aguas del océano, lo ha estado en el pasado, y que la mayor parte de las rocas superficiales de la corteza terrestre fueron depositadas originalmente por agua en movimiento. Las formaciones rocosas son clasificadas generalmente en ígneas, metamórficas, o sedimentarias, habiéndose formado estas últimas, principalmente, por la deposición de sedimentos transportados por el agua desde un área que sufre su erosión. Es significativo que la mayor parte de las rocas de la superficie son sedimentarias.

 

«En volumen, las rocas sedimentarias forman un 10 % en relación a las rocas ígneas en la corteza terrestre; pero cuando lo que examinamos son las rocas expuestas en la superficie terrestre, las rocas sedimentarias cubren unas tres cuartas partes de la misma.»

Además, muchas de las rocas ígneas de la superficie terrestre cubren rocas sedimentarias, sobre las que fluyeron en estado ígneo después de una erupción a través de fisuras terrestres o chimeneas volcánicas. Similarmente, muchas de las rocas metamórficas presentes en la superficie fueron sedimentarias anteriormente (por ejemplo, el mármol, proveniente de la piedra calcárea por medio de procesos de metamorfización).

Así, es evidente que probablemente toda la superficie terrestre ha estado en alguna ocasión, u ocasiones, completamente sumergida en agua, y que estas aguas han sido muy efectivas en la misma formación de las propias rocas, así como de las características de la fisiografía terrestre...

«La literatura bíblica, y otras literaturas antiguas del Medio Oriente están dominadas por una tradición de un Diluvio Universal. Una característica de este punto de vista es una escala de tiempo extremadamente corta para la duración de nuestro planeta —medida en miles de años, en lugar de en miles de millones. Un diluvio durante tal período era suficiente para explicar todas las evidencias de los antiguos mares que cubrieron las tierras actuales... Poco a poco, los pesos muertos de la Edad Media fueron cayendo al irse desarrollando la ciencia de la Geología ... Hacia el final del siglo XIX solamente los fundamentalistas rehusaban aceptar la evidencia abrumadora de que no una sola vez, sino muchas, los mares habían cubierto lo que ahora es tierra seca.»

 

Sedimentación gradualista contra catastrofista

 

Así, parecen existir dos posibles tipos de explicaciones para el hecho de que, en esencia, toda la superficie terrestre ha estado, en alguna ocasión u ocasiones en el pasado, bajo el mar. Una es la diluvialista, la otra la actualista, o gradualista.

En la primera, un tremendo cataclismo de agua, precipitándose del espacio y surgiendo de las profundidades de la tierra, produjo una hecatombe de un año de duración, de erosión y deposición de sedimentos que explicaría, al menos, la mayor parte de las formaciones sedimentarias en la corteza terrestre...

Es cierto que en algunos casos la evidencia puede mostrarse de tal manera en la naturaleza que, en muchos casos, la decisión sea subjetiva, condicionada por las presuposiciones (aceptación del actualismo a priori, aceptación del catastrofismo a priori, etc.,) pero creemos que, en algunos casos, la evidencia habla muy elocuentemente y persuasivamente de una rápida catástrofe que enterró a los representantes animales y vegetales del mundo antiguo. Estas evidencias —algunas de ellas solamente, pues el espacio en este trabajo es limitado— se presentan en la sección «La necesidad del diluvialismo», de este trabajo. Naturalmente, como se desprende de lo anterior, el punto de vista que aquí exponemos y defendemos es el del diluvialismo. Los depósitos fosilíferos se pueden comprender muy adecuadamente en este contexto, pero no es lo mismo que decir que el diluvialismo puede ser demostrado científicamente (lo que significaría que se debería comprobar experimentalmente). Por la misma razón, se debería reconocer claramente que tampoco se puede demostrar científicamente el actualismo.

Nuestro propósito aquí, pues, es simplemente mostrar que el catastrofismo acuoso provee una explicación posible y razonable para las rocas sedimentarias, que el peso de la evidencia lo favorece, que el actualismo está plagado de dificultades, y que la afirmación actualista de que el diluvialismo es hijo de la ignorancia y de la superstición es más fácil de hacer que de demostrar.

 

Sedimentación, Paleontología, Evolución

 

La importancia del estudio de los procesos de sedimentación, en cuanto a que están relacionados con el registro geológico, consiste principalmente en su contribución a la teoría de la evolución. El registro fósil, preservado en las rocas sedimentarias de la corteza terrestre, es, por su misma naturaleza, la más importante de todas las pretendidas pruebas de la evolución. Como Kerkut ha dicho:

 

«La evidencia más importante para la teoría de la Evolución es la obtenida por medio del estudio de la Paleontología. A pesar de que el estudio de otras ramas de la zoología, tales como la Anatomía o Embriología, le pudieran guiar a uno a la sospecha de que los animales están todos interrelacionados, fue el descubrimiento de varios fósiles y su correcto emplazamiento en sus estratos correspondientes lo que dio la base factual para la moderna visión de la evolución.»

 

Esto es, las vastas extensiones y los grandes grosores de la Tierra, incluyendo como incluyen unas tres cuartas partes de la superficie de la Tierra, han sido supuestamente depositadas a lo largo de inmensidades de tiempo geológico, conteniendo cada capa de turno los fósiles típicos del período de vida correspondiente a cuando se efectuó aquella deposición. Las rocas más antiguas son las que contienen solamente las formas primitivas de vida, y los fósiles van convirtiéndose en más y más complejos y modernos en los depósitos recientes. Así, a pesar de que cualquier otra evidencia de evolución sea por su misma naturaleza una evidencia circunstancial, y se pueda explicar en términos de relación evolutiva, o en términos de creación directa, se pretende que el registro fósil es la evidencia documental de que hubo una evolución orgánica.

¡Pero al mismo tiempo se datan los estratos rocosos por la antigüedad relativa de los fósiles que contienen!

 

«Los paleontólogos vertebrados se basaron en el “orden de la evolución” para establecer el criterio con el que determinar la cronología relativa de las faunas. Antes del establecimiento de los métodos físicos de datación, la progresión evolutiva fue el mejor método para la datación de los estratos fosilíferos

 

De esta manera, se supone de principio que las rocas que contienen fósiles simples son antiguas, y que las que contienen sistemas complejos son más recientes. Los sistemas físicos de datación mencionados en la anterior cita no se consideran normativos en absoluto, ya que cualquier datación radiactiva que parezca contradecir la edad geológica previamente determinada sería inmediatamente descartada como errónea.

 

«La escala estándar de tiempo está derivada directamente de la columna estándar, y no de ninguna otra fuente, excepto para los detalles del Pleistoceno posterior. Los fósiles de las unidades que forman la columna estándar, y de otras unidades en otras columnas, son todavía nuestra principal guía en la correlación estratigráfica, aunque aceptamos cordialmente la calibración estadística de la columna estándar por medio de los métodos de datación radiométrica.

 

Vemos así que hay un sistema muy sutil de razonamiento circular involucrado en la interpretación estratigráfica de las rocas sedimentarias de la corteza terrestre. La base para asignar a cada estrato una fecha relativa en relación a todo el conjunto de la columna geológica es totalmente paleontológica, en base de presuponer una progresión evolutiva a lo largo de épocas geológicas.

Pero tenemos, también, que la única evidencia presentable como verdadera de esta evolución progresiva es el registro fósil. Y, de hecho, esto solamente es una parte de la verdad. La datación se efectúa no mediante los conjuntos de fósiles como tales, sino solamente por ciertos «fósiles de zona», que supuestamente son el criterio seguro de las varias etapas específicas en la historia evolutiva.

 

«El mejor ejemplo de cómo es la correlación paleontológica no estadística y cualitativa lo tenemos en el hecho ya mencionado de que solamente una minoría de los fósiles de la mayor parte de las faunas (¡y esto muchas veces resulta en la extrema minoría de una sola especie fósil, o un solo género!) son fiables como índices de épocas o fósiles-guía. La gran mayoría de los fósiles son, por otra parte, índices de tiempo para su límite más antiguo (paracronológicos), o no tienen ningún valor práctico biocronológico (índices ecostratigráficos). Cualquier espécimen aislado, o cualquier fragmento conocido de los siguientes marcadores, ammonites, belemnites, foraminíferos plantónicos, graptolitos, trilobites, etc., es, consecuentemente, más significativo para la datación y correlación de las unidades rocosas que todo el resto de las faunas fósiles tomadas en su conjunto.»

 

Así pues, los indicadores más fiables de la evolución y de los diferentes períodos geológicos son, al parecer, un número restringido de organismos marinos simples. Estos se suponen de extensión mundial, por lo cual se pueden utilizar para la correlación mundial, y se les halla en series verticales bastante distinguibles, con las formas más simples y menos especializadas en el fondo, y las formas más complejas y más diferenciadas en los estratos superiores.

Y estos indicadores marinos, desde luego, se hallan todos en rocas estratificadas, que fueron depositadas como sedimentos por agua en movimiento y, con máxima probabilidad, en un medio marino no muy profundo. Esto último lo confirman Krumbein y Sloss de la siguiente manera:

«Tomado como un todo, el medio sublitoral es quizás el más importante desde el punto de vista del análisis estratigráfico. Twenhofel (en 1950) estimó que sobre un 80 % de los sedimentos en la columna geológica fueron depositados en aguas de una profundidad máxima de 200 metros...»

Lo razonable de esta sugerencia queda ilustrado por el hecho de que la sedimentación es, hoy en día, utilizada como un método muy efectivo para la separación de diferentes tipos de foraminíferos. Joseph Cushman, probablemente la mayor autoridad en Foraminíferos, escribe así:

«Otro método por el que se puede hacer una selección tosca es por medio de la sedimentación. Si se agita el material en un vaso alto, los especímenes más ligeros estarán en suspensión durante un tiempo, el suficiente para poderlos extraer, dejando a los más pesados en el fondo. Etapas sucesivas separarán la mayoría de las piezas calcáreas de entre los foraminíferos más pesados, arenáceos.

 

La efectividad y significación de la selección hidrodinámica, como mecanismo que pudiera producir conjuntos particulares que pudieran superficialmente parecer índices cronológicos, o fósiles de zona, se discutirá en una próxima sección. Aquí simplemente señalamos el hecho de que estos pocos organismos, que han servido como fósiles de zona a causa de su distribución segregada, están así distribuidos debido a una acción hidráulica, en lugar de tener una significación evolutiva o cronológica.

Como sumario, las bases reales que presenta la teoría de la evolución parecen consistir mayormente en la serie de fósiles de zona marinos hallados en la columna geológica. Estos se hallan en sedimentos estratificados y endurecidos, depositados a poca profundidad en mares epicontinentales poco profundos, con una datación supuesta de unos cientos de millones de años de tiempo geológico, y después elevados en tiempos más recientes para formar, en muchos casos, nuestras presentes regiones montañosas. Los procesos de sedimentación por los cuales se formaron estos grandes depósitos fósiles tienen, por lo tanto, una gran importancia y significación.

 

Incapacidad del actualismo

 

Durante alrededor de unos cien años el dogma de la uniformidad ha sido el orgullo y la columna vertebral de la interpretación geológica. Los procesos geológicos actualmente en operación —especialmente los de sedimentación, que son obviamente los más importantes de todos los procesos geológicos, al haber producido las rocas cuyos fósiles forman la base del análisis geológico— se suponen capaces de explicar todos los sedimentos en la columna geológica. En la familiar frase de James Hutton: «El presente es la clave del pasado».

No obstante, el principio del actualismo, o de la uniformidad, demuestra ser completamente inadecuado justo al llegar a este punto crucial de interpretación geológica. Los modernos procesos de sedimentación son en general bien incapaces de explicar las rocas sedimentarias de la columna geológica. Esto es cierto, sea que se piense que el método de deposición sea geosinclinal, deltaico, lacustre, o alguno más que se pueda mencionar.

De hecho, los modernos geólogos están reconociendo más y más que el uniformismo ha fracasado. Desde luego, se mantiene como arma frente a cualquier forma de catastrofismo o creacionismo bíblico, pero se reconoce abiertamente que no es adecuado en absoluto cuando se trata de correlacionar las formaciones geológicas con los procesos modernos y sus ritmos de actividad. En un reciente artículo, por ejemplo, un geólogo de California ha afirmado:

 

«La doctrina de la uniformidad (o del actualismo) ha sido fuertemente atacada en los últimos tiempos. Una buena cantidad de escritores, no obstante examinar el asunto desde diferentes ángulos, han coincidido en que esta doctrina está compuesta en parte de componentes intrascendentes, absurdos, y en parte de componentes erróneos, y algunos han sugerido que se descartara como presuposición formal y normativa de la ciencia geológica.»

 

Similarmente, David Kitts, de la Universidad de Oklahoma, ha tomado cuenta de este problema:

 

«Existe un acuerdo general entre los geólogos en que algún principio de uniformidad es ingrediente fundamental de toda deducción geológica ... A pesar de este acuerdo general sobre la importancia de este principio, los geólogos mantienen diversos puntos de vista en cuanto a su significado. Tan divergentes son estos puntos de vista, de hecho, que uno se siente obligado a concluir en que no ha habido ninguna solución, o ha habido muy pocas, a los problemas que provocaron las famosas controversias entre los «uniformistas» y los «catastrofistas» en el siglo XIX. A pesar de que los problemas no han sido resueltos, la controversia ha finalizado...»

 

La necesidad del catastrofismo

 

Ya que no tenemos ninguna base científica para la evaluación cuantitativa de los antiguos procesos de sedimentación, es evidente que la cuestión del diluvialismo frente a actualismo en la interpretación de la sedimentación es todavía una cuestión abierta, a pesar de las infundadas afirmaciones en contra (véase referencia nº 13). Si después de ello empezamos a hallar evidencias de que muchas de nuestras formaciones geológicas presentes no hubieran podido ser formadas en absoluto por actividades actuales, lentas, de deposición, la evidencia racional que favorece al catastrofismo queda muy fortalecida.

De hecho, aun los propios fenómenos modernos de sedimentación pueden ser atribuidos a breves e intensos períodos de sedimentación, en lugar de a períodos normales, lentos y uniformes. Más de la mitad de los sedimentos transportados y depositados por los ríos modernos lo son durante períodos de inundaciones en los cuales el río inunda las tierras ribereñas.

Hay un buen número de fenómenos dignos de atención que caracterizan a las rocas sedimentarias de la corteza terrestre, y que parecen ser clara evidencia de deposición catastrófica, y que así muestran la falsedad de la suposición actualista. Entre éstos están incluidos los siguientes:

 

1. Sepulturas masivas de fósiles. Es muy bien sabido que cuando un organismo viviente muere, especialmente si es uno de los animales mayores, sus restos desaparecen rápidamente, a causa de la eficiencia de los basureros y de los procesos de putrefacción que inmediatamente tienen lugar. A pesar de ello, hallamos que en las rocas sedimentarias de la tierra existen grandes números de plantas y animales enterrados, a menudo en grandes «cementerios» fósiles, donde miles, y hasta millones de organismos se hallan aplastados juntos y enterrados por los sedimentos. Aun después de siglos de haber estado recogiendo grandes cantidades de fósiles por todo el mundo, se siguen hallando nuevas «sepulturas».

2. Fósiles poliestráticos. La estratificación (o secuencia de capas) es una característica de las rocas sedimentarias. Un estrato de sedimentos se forma por deposición bajo condiciones hidráulicas esencialmente continuas y uniformes. Cuando la deposición se detiene por un tiempo antes de que empiece otra deposición, se podrá distinguir el nuevo estrato del antiguo por medio de una línea (en realidad es un plano) de estratificación. También se obtienen diferentes estratos cuando hay un cambio en la velocidad del flujo o de otras características hidráulicas. Las masas sedimentarias tal y como se hallan actualmente están compuestas de muchos estratos, y es en este tipo de estratos donde se hallan la mayoría de fósiles...

 

3. Marcas efímeras. Otra evidencia de deposición muy rápida es la preservación de lo que Rupke denomina «marcas efímeras». Estas constituyen un tipo especial de fósil originalmente formado cono marca transitoria en la superficie de un estrato de sedimentos depositado hacía poco tiempo (y por tanto en estado plástico, blando). Estas incluyen fenómenos como: a) marcas de ondas de agua; b) señales de gotas de lluvia; c) rastros de gusanos, y d) huellas de pájaros y de reptiles.

Es cosa de simple observación que unas estructuras tan frágiles, una vez que han sido formadas, quedan borradas con mucha facilidad por corrientes de aire o por subsiguiente erosión y sedimentación. La única forma por medio de la cual podrían ser preservadas sería por medio de un enterramiento muy rápido (sin erosión subsiguiente), seguido de una litificación anormalmente rápida.

Sería muy difícil, por no decir imposible, mostrar un ejemplo de tales fósiles en proceso de formación en el presente. Se ha sugerido alguna explicación, como, por ejemplo, un enterramiento rápido por medio de corrientes de turbidez. Por ejemplo, Adolf Seilacher, del Geologisches Institut de la Universidad de Frankfurt, lo presenta así:

 

«Las huellas de los rastros de psamitas del Flysch aparecen solamente en capas delgadas en un grosor particular de cada especie. Esto demuestra una deposición instantánea de las capas individuales, tal como postula la teoría de corrientes de turbidez. La mayoría de los rastros son excavaciones en el fango lavadas y moldeadas por medio de las corrientes túrbidas. Así, una erosión de tipo desacostumbrado debe haber precedido toda sedimentación túrbida.»

 

Pero el hecho digno de atención es que las «marcas efímeras» de este tipo se hallan en gran abundancia en las antiguas rocas sedimentarias de prácticamente cualquier «edad» geológica, incluyendo las más antiguas. Más aún, aparecen con la misma claridad y frescura cuando se desentierran hoy en día, no importe cual sea la edad geológica particular que se les suponga, ya sea la Proterozoica, o la Terciaria, o cualquiera de las que se hallan en medio de ellas. Parece ser cierto que solamente alguna clase de sedimentación abrumadoramente catastrófica puede en verdad explicar estas huellas y su preservación.

 

4. Preservación de las partes blandas. Se conocen muchos casos en los cuales los restos fósiles no consisten en petrificaciones o moldes, o algo por el estilo, sino en los que los verdaderos tejidos blandos del organismo se han preservado. Esto es cierto hasta en los estratos más «antiguos», y a menudo estos fósiles se encuentran agrupados juntos en grandes números. Estos depósitos hablan no solamente de un enterramiento muy rápido por sedimentación, sino que también dan evidencia de que han permanecido inalterables a la erosión, descomposición, etc., ¿durante unos cientos de millones de años que, a la luz de estos hechos, se ven como inaceptables?

 

5. El fenómeno de la estratificación. No son solamente los fósiles contenidos en los estratos sedimentarios los que demuestran la necesidad de la deposición catastrófica diluvial, sino que los mismos estratos lo indican. Ya se ha visto anteriormente que la mayor parte de la superficie terrestre está cubierta por sedimentes o por rocas sedimentarias, depositadas originalmente en condiciones de agua en flujo. Esto en sí es evidencia directa de que, en el pasado, la tierra estuvo cubierta por aguas impetuosas. Aun más, como ya se ha mencionado anteriormente, incluso bajo condiciones actuales la mayor parte de los depósitos sedimentarios son el resultado de períodos breves e intensos de inundaciones arrasadoras en lugar de ser debidos a una erosión lenta y uniforme.

La evidencia de laboratorio indica que un depósito sedimentario se puede formar bastante rápidamente, como está documentado en los trabajos de Alan Jopling de Harvard, quien hizo una larga serie de estudios relacionados con la sedimentación deltaica en una instalación de laboratorio, y después aplicó los resultados al análisis de un pequeño depósito deltaico, formado supuestamente hace unos 13.000 años. Su conclusión fue la siguiente:

 

«Se puede concluir, por tanto, que el tiempo necesario para la formación de todo el depósito del delta fue como máximo de algunos días.

    ... Basado en las velocidades computadas del avance del delta y del grosor de las láminas individuales, el tiempo medio para la deposición de una lámina debe haber sido de varios minutos.»

 

El hecho de que muchas formaciones sedimentarias en la columna estratigráfica consista de gravas o conglomerados, o hasta de rocas, es otro testimonio de una actividad hidráulica de alta intensidad, como también lo es el frecuente fenómeno de la «estratificación cruzada», indicando corrientes con dirección rápidamente cambiante.

 

6. Valles aluviales. Prácticamente todos los ríos modernos fluyen por valles que transportaron en tiempos pasados mucha más agua de la que transportan hoy en día. Esto es indicado no solamente por la presencia universal de antiguas terrazas ribereñas elevadas sobre las laderas de los valles, sino mucho más significativamente por las vastas cantidades de arenas y gravas descansando más arriba de los actuales planos de inundación, que ahora llenan lo que antiguamente eran los lechos originales.

 

«Las exploraciones subsuperficiales en valles serpeantes en la Driftless Area de Wisconsin (área llana de Wisconsin), efectuadas por medio de sismógrafos de refracción, revelan grandes canales rellenados de forma similar a los previamente determinados en ríos ingleses, en los que se utilizó la técnica del sondeo. Los canales son asimétricos y llegan a su mayor profundidad en los meandros que forma el valle. En su sección transversal a su probable nivel máximo son unas 25 veces mayores que los presentes cauces.»

Esta clase de fenómenos es prácticamente universal. El valle del Mississippi, por ejemplo, se compone de depósitos aluviales ¡que se extienden a profundidades de 200 m! Todo esto indica que los ríos, en toda la extensión del mundo, y en tiempos muy recientes (probablemente durante y después de los levantamientos continentales que tuvieron lugar al finalizar el año del Gran Diluvio) transportaron tremendas cantidades de agua y sedimentos.

 

7. Meandros tallados. Otra característica universal de las corrientes aluviales es el fenómeno de la formación de los meandros. Se han efectuado muchos estudios analíticos y experimentales a fin de poder determinar las causas y los mecanismos de la formación de los meandros, pero solamente se ha conseguido un éxito parcial. Es cosa generalmente aceptada, de todas maneras, que la formación de un curso fluvial en meandros requiere unos gradientes de flujo suaves, y que los cauces eran fácilmente erosionables. Si el declive del terreno es muy pronunciado y los lados son resistentes, la erosión tendrá lugar principalmente en el lecho del cauce y la acción del corte será esencialmente vertical, formando un cañón.

Por tanto, son muy dignos de atención los tortuosos diseños que se hallan frecuentemente esculpidos en profundas gargantas de mesetas elevadas y de áreas montañosas. Parecen desafiar cualquier explicación en términos de las actuales características hidráulicas de los ríos, y los geólogos parecen olvidarse de los principios de la hidráulica cuando sugieren soluciones actualistas (como, por ejemplo, ¡meandros superpuestos!).

Estos fenómenos nos indican un evidente origen catastrófico. Si aceptamos que grandes regiones de formaciones sedimentarias horizontales, aún relativamente blandas y erosionables cuando empezaron su elevación después del Diluvio, fueron hendidas por grandes fisuras durante el proceso de elevación, tendremos con esto un modelo realista de condiciones adecuadas para la formación de estas estructuras. Las fisuras iniciales habrían sido rápidamente ensanchadas, hasta dar lugar a nuestras actuales gargantas serpenteantes, conforme se drenaban rápidamente grandes volúmenes de agua de los terrenos en elevación...

Todos estos factores hubieran contribuido a la preservación de los fósiles en los sedimentos Diluvianos exactamente en el orden en que se encuentran, mientras que la interpretación evolucionista acostumbrada es evidentemente inadecuada.

Estos tres factores —el hidráulico, el ecológico y el fisiológico—, actuarían de una manera solamente estadística, no absoluta, por lo que las numerosas observaciones de estratos que están invertidos de su orden usual no han de sorprendernos. En cambio, son un tropiezo para el evolucionista, ya que los fósiles que ocupan un orden estratigráfico fuera de lugar, indicarían una reversión en la evolución, y, por tanto, arruinarían por completo el sistema de cronología de las «eras» geológicas.

Pero es algo ya establecido en el pensamiento evolucionista que no se puede permitir que ningún hecho ponga en cuestión la presuposición básica de la evolución. Consecuentemente, se emplea una mayor multiplicación de hipótesis aún, invocando la posibilidad de grandes movimientos de tierra a fin de poder explicar la manera en que los estratos fosilíferos puedan haber sido colocados en el orden «inverso». Se ha ofrecido en numerosas ocasiones la explicación de vastas fallas horizontales de empuje («thrust faults»), por las cuales vastas cantidades de sedimentos estratificados puedan haber sido elevadas y después trasladadas sobre las regiones adyacentes, a fin de poder —por medio de mecanismos aparentemente plausibles— explicar las muchas áreas en las que hay formaciones «antiguas» que reposan sobre formaciones «modernas». Pero si bien es cierto que hay algún caso en que esta explicación (o la de falla inversa) tiene aplicación debido a evidencias de fragmentación y trituración del material en la línea de contacto, también es cierto que, en los casos más significativos, no hay ninguna evidencia de esta acción de abrasión mecánica debido a un sobrecorrimiento de estratos, sino que, según todas las observaciones hechas, el estrato superior reposa con una concordancia total sobre el inferior...

»Pero, a la mayoría de nosotros, no nos complace simplemente el saber las cosas tal como son ahora. Estamos intensamente interesados en cómo llegaron a ser como son en la actualidad. Así, pues, la mayoría de nosotros no se preocupa solamente de conocer científicamente las características del mundo biológico presente, sino que también deseamos saber cuándo empezaron a existir los organismos vivos. Pero no confundamos términos. El estudio de las características y procesos del mundo biológico presente sí es ciencia. Pero la discusión de los orígenes no es —hablando estrictamente— ciencia. Se la podría llamar una “filosofía de los orígenes”, pero no conocimiento científico, debido a que los orígenes no están sometidos a verificación experimental. Deberfamos ser muy cuidadosos a fin de saber distinguir entre (a) los hechos ciertos de la Biología, y (b) la “filosofía de orígenes” por medio de la cual un biólogo particular interprete estos hechos...»

 

Quien respeta al mundo en la propia persona, es digno de que se le confíe  la humanidad.

[Lao Tse, Tao Te King 

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.