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Caballero en Fango
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Antonio ve a un dragón fabuloso chapotear desesperadamente en un gran lodazal de barro en el cual se hunde sin remisión. Su cabeza y sus garras son lo único que aún no esta sumergido en el lodo, y batiendo desesperadamente con éstas el fango del inmenso pantano a su alrededor, trata de arrastrar hacia el fondo del mismo a una multitud de diminutos seres humanos, que medio hundidos como él, intentan evitar al dragón y mantenerse a flote al mismo tiempo. Pero casi todos, presas del terror se agitan convulsivamente hundiéndose más rápidamente y atrayendo así, con sus gritos, las rápidas y mortíferas garras del dragón.

[Sebastián Salado; Las 3 Cabezas del Elefante]

EL CABALLERO EN EL FANGO

  

    EL CABALLERO EN EL FANGO

 

 

6. EL CABALLERO EN EL FANGO 

 

 

 

SUEÑO DE ANTONIO:

 

Antonio ve a un dragón fabuloso chapotear desesperadamente en un gran lodazal de barro en el cual se hunde sin remisión. Su cabeza y sus garras son lo único que aún no esta sumergido en el lodo, y batiendo desesperadamente con éstas el fango del inmenso pantano a su alrededor, trata de arrastrar hacia el fondo del mismo a una multitud de diminutos seres humanos, que medio hundidos como él, intentan evitar al dragón y mantenerse a flote al mismo tiempo. Pero casi todos, presas del terror se agitan convulsivamente hundiéndose más rápidamente y atrayendo así, con sus gritos, las rápidas y mortíferas garras del dragón.

Sólo, de vez en cuando, algún guerrero permanece inmóvil, con el barro hasta la cintura y con su escudo levantado, ocultándole y protegiéndole así del furioso dragón. Su espada desenvainada y en alto espera detrás del escudo, siempre vigilante a los ataques que pueda recibir.

Pero él sabe que no son éstas las armas que vencerán, sino su inmovilidad, su serenidad, su firmeza y sobre todo su fe, la cual actúa como una  misteriosa fuerza que impide que se hunda más en el barro, y así estas figuras aguardan, semiocultas por sus enlodados escudos…

Una chispa de luz ilumina la escena y un magnífico unicornio alado surge de ella, golpeando terriblemente con sus pezuñas la cabeza del dragón que se alza desesperadamente sobre el tétrico paisaje.

Al momento, una voz murmura en los audaces corazones: 

 

<< Anulad la Mente, pues ésta es el reino del Dragón. Apartad vuestros pensamientos, dejaros llevar por la intuición y... ¡Volad! >>

 

Y acto seguido el magnífico unicornio despliega sus brillantes alas y remonta el vuelo. Un poder irresistible tira de los corazones de los valerosos guerreros y, en ese momento, la parte de luz que habita en cada uno de ellos alza también el vuelo en pos de la etérica figura. Unas alas sedosas y brillantes van surgiendo de sus espaldas y les hacen elevarse, al ser éstas batidas rítmicamente.

Todo pensamiento es rechazado, sólo la respiración lenta y rítmicamente acompasada custodia ahora el cadencioso batir de las alas. Poco a poco, una multitud de seres alados se van uniendo, mientras evolucionan volando en formación. Al tiempo, ellos proyectan de manera claramente definida, la luminosa figura de un inmenso pájaro sobre las tenebrosas formas del mundo oscuro que se extienden ahora hasta el horizonte.

 

La formación de los seres alados sigue armoniosamente al unicornio, y recorre con tranquilidad y paz los espacios aéreos. Pero sobre la superficie de la tierra oscura, las cosas son bien distintas… 

Por entre terrenos devastados, se ven grupos de seres humanos correr en hilera tras la cabeza de un dragón. Ese ser, a semejanza de los tradicionales dragones humanos que los chinos utilizan en sus celebraciones, forma una interminable y larguísima culebra compuesta con segmentos de papel, de la cuál, salen únicamente cientos de frenéticos pies.

Éste dragón u oruga -pues ésa parecía ser ahora su forma real-, serpenteaba a través de paisajes terroríficos mientras que todos los seres que formaban la siniestra forma reptiliana, parecen ahora hipnotizados por pensamientos poderosos, siendo finalmente ellos, poseídos por sus propias mentes, sin poder  hacer otra cosa más que correr alocadamente tras el portador de la cabeza, el cual, parece a su vez totalmente desconcertado y como vagando sin rumbo…

 

A un lado de la escena varios seres parecidos a cerdos o jabalís, de tenue luminosidad grisácea, hunden  sus hocicos en un fango negro y espeso. Éstos son los únicos que parecen mantener la calma, y orgullosos miran desdeñosamente a las enloquecidas multitudes. Su negro alimento parece prevenirles contra la histeria, o tal vez  ellos creen controlarla y provocarla. Pero lo cierto es que aún ellos no son totalmente conscientes de que sólo engordan para el matadero.

La formación alada, poco a poco va dejando la tierra y se eleva cada vez más hacia el espacio exterior. Una grandiosa esfera luminosa aparece ahora ante ellos, y al aproximarse a ella la formación se deshace armoniosamente, trazando cada forma alada un hilo de luz alrededor de la gigantesca y brillante esfera planetaria o nube de gas luminoso. Las figuras aladas, ahora convertidas en trazas de luz, formaron algo parecido a un capullo de seda alrededor de la esfera luminosa. 

Al sobrevolar las formas etéreas de ese gas  centelleante, las alas y el cuerpo de esos seres se impregnan de un millón de puntos radiantes o estrellas resplandecientes, las cuales, forman a continuación las estelas luminosas que cada vez son entretejidas más sólida y firmemente, creando finalmente una superficie difuminada y nebulosa al principio, pero que progresivamente se conforma de manera más y más compacta.

 

En cierto momento los seres alados paran en sus trabajos y observan como la esfera de la que han partido, ahora de apariencia oscura y siniestra, se les muestra poseída y abrumada por un gigantesco dragón tenebroso que se extiende por su superficie, cubriéndola por completo. Esa esfera, tambaleándose precariamente en el espacio, se va poco apoco perdiendo inexorablemente en la oscuridad absoluta. 

La cabeza del negro dragón, en un gesto fiero y desgarrador, desde su negro mundo les reclama a ellos, a los seres liberados que han escapado, para que retornen a su antiguo planeta de origen para así unirse, junto a sus antiguos compañeros, al trágico fin de éste astro moribundo. 

Pero, los ahora seres  luminosos, tras perder sus alas de terciopelo blanco comienzan laboriosamente a trabajar en su recién creado planeta movidos por una silenciosa orden interior. Todos ellos, guiados por una fuerza común, realizan los trabajos más variados. Cada uno sabe exactamente lo que tiene que ejecutar y ellos se agrupan naturalmente para cortar la piedra o roturar los campos en profunda armonía. Poco a poco preciosos e inmensos edificios y jardines van naciendo por doquier siendo éstos construidos ahora por la luz eterna, y no más, por la mente individual.

 

  

 

 

   

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Publicación: Septiembre 2004. Última modificación: 16 de Febrero 2013.